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La Promesa de Ana Capellana

AChaplainsPromiseConocer personas cuando están en necesidad, en particular en medio de una tragedia, puede ser una de las experiencias más importantes que viva un oficial del Ejército de Salvación.

En junio de 2015, cuando llegué a servir en mi primer nombramiento en Derry, New Hampshire, me prometí a mí misma que sería pastora de todas las personas que entraran por las puertas de nuestro Cuerpo y de todos los residentes de la comunidad. Servir en calidad de oficiala directiva (pastora) con la función adicional de ser capellana de la Compañía de Bomberos de la ciudad de Derry me ha brindado la oportunidad de cumplir esa promesa. Como capellana, tuve el privilegio de hablar en las ceremonias que se realizaron en la compañía de bomberos para recordar el 11 de septiembre durante mi primer año de servicio. Además, pronunciaba las oraciones de apertura y de cierre de sus celebraciones así como en todas las ocasiones en que se promovía a un bombero.

A menos de un mes de iniciado mi nombramiento como capellana, recibí una llamada a medianoche en que se me alertaba de un incendio. Al momento de recibir la llamada, era todavía un misterio para mí cuán grave podía ser el incendio. Y me sentí algo nerviosa. Pensé: ¿Cómo debo ir vestida? ¿Qué cosas debo llevar conmigo? ¿Qué voy a decir?

La mayor parte del papel que cumple una capellana consiste en ofrecer apoyo espiritual, práctico y emocional a los bomberos mientras dure un incendio difícil de controlar y hasta que se lo haya apagado. Ese tipo de incendios, por lo general, tardan varios días en ser completamente apagados.

Una capellana puede ayudar brindando café, agua y meriendas. O bien, puede ser una presencia alentadora para los hombres y mujeres de la compañía de bomberos así como también  para las familias afectadas.

Y yo estaba preparada para hacer todo eso.

Cuando llegué, los bomberos me hablaron de Rex y su esposa, una pareja de ancianos que eran los dueños de la casa. Habían vivido allí por 40 años y sólo se podían mover en silla de ruedas. Los últimos 15 años muy raramente habían traspasado la entrada.

Rex se encontraba en el primer piso y su esposa en el segundo, que fue donde se inició el incendio. Los bomberos piensan que una llama debe haber hecho contacto con el tanque de oxígeno, el cual probablemente estalló. Rex vio cómo las llamaradas consumían el segundo piso y se extendían escalera abajo hacia el primero, pero no pudo hacer nada debido a su impedimento físico. Él logró salir de la casa, pero su esposa sucumbió entre las llamas.

Fui al hospital donde los doctores estaban tratando a Rex por inhalación de humo. Todavía era demasiado pronto para que él pudiese comprender todo el alcance y la realidad de lo que había sucedido y lo que había perdido. “Soy pastora”, le dije. De inmediato me hizo saber que no era creyente.

Esa fue la primera vez en mi vida que me vi en tal situación. Estaba consolando a alguien que había perdido casi todo. Por más que lo deseara, sabía que no había nada que le pudiese decir que hiciera desaparecer su dolor. Lo que sí hice fue prometerle que estaría con él para acompañarlo y que oraría por él.

Durante los siguientes días, Rex me llamó varias veces desde un teléfono público para ponerme al corriente de lo que estaba haciendo y cómo estaba pasando la situación. Me contó que varias organizaciones caritativas lo ayudaron a rescatar las cosas que no consumió el fuego. Estaba planeando mudarse a Ohio para vivir con su hermana en las próximas semanas. Y me pidió que siguiera orando por él. Ese hombre, no creyente, me pedía expresamente que orara por él.

El oficialato es una aventura única. Cuando las oportunidades y los desafíos se presentan, la verdad es que se nos escapan esas palabras mágicas con las que desearíamos animar a los que acaban de sufrir una tragedia. Pero como oficiales, debemos seguir confiando en Dios y seguir siempre su llamado, aun cuando los afectados —al momento de una calamidad— se resistan a recibir Su amor.

Como pastora, debo confiar en que Dios me llevará a entrar en contacto con las personas que más me necesitan. Él me dará las palabras, la sabiduría y la fortaleza para enfrentar cualquier situación.

Así que debo creer siempre en el poder de Dios, no en el mío.

por la Tenienta Kathryn Mayes

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