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La pesca

Para un joven puede ser terrible ver que un soldado adulto lo descubre durmiendo en el fondo del salón durante una reunión de oración.

¡Ah! pescando, 1:1 oración. 1:1 evangelismo. 1:1 responsabilidad.

No hay lugar dónde esconderse. Una franca conversación cara a cara.

Si una estrategia de evangelismo denominacional puede representarse como pesca de arrastre, entonces esta se parece más a la pesca con anzuelo. Si se hace bien, requerirá paciencia, ternura y atracción.

Pedro, ese pescador impetuoso y desmedido, nos provee la etimología cuando Jesús, memorablemente, lo llama a él y a su hermano Andrés a abandonar las redes y convertirse en “pescadores de hombres”. Esta pintoresca imagen queda grabada para siempre (Mateo 4).

Por supuesto, puede convertirse en un recuerdo caricaturesco o en una fórmula trillada. Captamos las falsificaciones en un instante. Eugene Peterson nos recuerda que comunicar el Evangelio debe expresarse a través de las relaciones, porque de no ser así nada más hablaremos acerca de Dios pero… en realidad, sin incluirlo. Richard Foster, también nos anima a orar con la gente dirigidos por el Espíritu Santo; y explica: “Les pregunto con cortesía si desean que ore por ellos… todavía nadie se ha negado y lo he hecho en aeropuertos, centros comerciales y pasillos congestionados”.

La pesca es física. Los pescadores en las reuniones de oración son atentos, se involucran, son personas decididas. Diane Winston escribe acerca del aspecto “físico” de la adoración del Ejército de Salvación primitivo en Red Hot y Righteous. Sentarse inerte en un banco de la iglesia pasó de moda.

¿Tiene una licencia para pescar? El mar está lleno de peces.

Lance la red.

Coronel Richard Munn

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