SAconnects en Español

La Pandemia De Gripe De 1918

“Devastación” es la única forma de describir lo que enfrentó el Ejército de Salvación en los días previos a la pandemia de la gripe de 1918 y durante ella. Imagínenselo: se inicia la Primera Guerra Mundial y países enteros quedan sumidos en el conflicto armado, el despliegue de soldados a una serie de campos de batalla solo empeora la propagación del virus mortal y, en lo que una sesión de cadetes de la escuela de entrenamiento del Ejército de Salvación en el Territorio Este de Estados Unidos se prepara para enfrentarse a esos desafíos, la escuela se quema hasta los cimientos.

Impávido, el Ejército de Salvación se reinventó como ninguna otra organización pudo haberlo hecho. Aun ante la posibilidad de contagio y muerte, los soldados se concentraron en su nueva misión de restaurar el cuidado médico en las comunidades. Conscientes todavía de su misión final: ayudar a salvar las almas del pecado y mostrarles el amor de Jesucristo sin discriminación.

El testimonio de la Generala Evangeline Booth acerca de estos tiempos tan peligrosos quedó grabado en un artículo que publicó el Ejército de Salvación en su revista Grito de Guerra. Ella expresó el profundo sentimiento de gratitud que tenía por sus oficiales y soldados y les manifestó su más sincero agradecimiento, un sentimiento que muchas personas, agencias y organizaciones alrededor del mundo también tenían.

A través de telegramas y cartas de lugares tan lejanos como India, Corea, China y Japón, reconocieron la importancia y la valentía de tantos salvacionistas que respondieron ante la plaga que cobró la vida de miles de personas en Estados Unidos y de millones por todo del mundo. 

Booth escribió: “La manera en que nuestra gente afrontó la enfermedad al visitar los hospitales, cuidar a los enfermos y enterrar a los fallecidos fue inimitable y, al desempeñar sus funciones con paciencia y heroísmo, algunos perdieron la vida”. También escribió: “Esta epidemia hizo estragos en cada departamento de nuestra labor, especialmente en aquellas fases relacionadas con nuestros jóvenes y con las reuniones públicas.

”También hubo la severa y casi irreparable pérdida de 25 de nuestros oficiales que murieron. Algunos de ellos ofrecieron muchos años de fiel servicio mientras que otros fueron llamados en la flor de la vida. Menospreciaron su vida hasta la muerte y fueron llamados en medio de su dura labor”.

 

“La espantosa visita paralizó la vida de ciudades enteras y los hospitales, los doctores y los enfermeros a veces eran tan pocos, comparados con la demanda, que miles de personas se enfermaron y murieron sin remedio”.

—Generala Evangeline Booth, Grito de Guerra (circa 1919)

 

CUBRIENDO BRECHAS

Después de expresar su profundo pesar por las pérdidas Booth, no obstante, confirmó: “Tenemos que seguir adelante puesto que hay que cubrir cada brecha en el frente de combate”.

A medida que se propagaba la enfermedad, las brechas se hacían más grandes. Los hospitales y las clínicas de la ciudad rápidamente llegaron a su máxima capacidad y las ciudadelas del Ejército de Salvación comenzaron a usarse para recibir pacientes.

En “La historia del Ejército de Salvación”, John Merritt escribió: “Se establecieron hospitales para los pacientes de influenza en los edificios de los cuerpos en Roxbury, Massachusetts, y en Charleston, West Virginia, en 1918; los que se sostuvieron con médicos locales y apoyo comunitario”.

Los voluntarios de la Cruz Roja hicieron mascarillas de gaza y las repartieron entre los médicos y los enfermeros. Las tropas de Boy Scouts también colaboraron corriendo y transportando medicamentos desde las farmacias hasta los pacientes. Los primeros automóviles se ofrecieron para transportar a pacientes y médicos.

Con respecto a la salud pública, los afroamericanos enfrentaron desafíos sistemáticos. La doctora Vanessa Northington Gamble, profesora de Humanidades Médicas en la Universidad de George Washington, escribió: “Cuando la epidemia de gripe de 1918 comenzó, las comunidades afroamericanas ya se veían afectadas por problemas médicos, sociales y de salud pública incluyendo teorías racistas sobre la inferioridad biológica de los negros, barreras raciales en la medicina y la salud pública y estados de salud precarios”.

Para abordar estos problemas, Gamble dice que se establecieron hospitales separados y organizaciones profesionales y también se repudiaron esas teorías. “Parece que la incidencia de la gripe era menor entre los afroamericanos, pero la enfermedad abrumó sus recursos médicos y de salud pública”.

La líder de enfermeras Lillian Wald, directora del Henry Street Settlement y presidenta del recién formado New York City Nurses’ Emergency Council (Consejo de emergencia de los enfermeros de la Ciudad de Nueva York), hizo un llamamiento para que todos los enfermeros se unieran en la lucha.

El Ejército de Salvación respondió al llamado de Wald junto con el Bureau of Communicable Diseases (Oficina de Enfermedades Transmisibles); el Bureau of Child Welfare (Oficina de Bienestar Infantil); la Cruz Roja; los centros de maternidad; la Association for the Aid of Crippled Children (Asociación para ayudar a los niños lisiados); las Milk Stations (las estaciones de leche); la New York Diet Kitchen (las cocinas de dietas de Nueva York); los Departamentos de Servicios Sociales de los hospitales Mt. Sinai, Presbyterian y Beth Israel; Catholic Nursing sisterhoods (Hermandad de enfermeras católicas) y el Departamento de enfermería del Teachers College, además de otras agencias sociales.

Las enfermeras capacitadas, así como los voluntarios no capacitados, constituyeron la primera línea de respuesta. Las enfermeras especializadas fueron fundamentales para los pacientes de influenza. Se entendía muy poco sobre el virus y no había ni medicamentos antivirales para inhibir su progreso ni antibióticos para tratar la complicada neumonía que causaba.

La aspirina, el reposo, los baños con esponja, el güisqui, los jarabes para la tos, la ropa de cama limpia y las sopas calientes eran algunas de las terapias que más se recetaban. Los farmacéuticos locales a menudo usaban anuncios para avisarles a los clientes que la pandemia había agotado su abastecimiento del muy codiciado Vick’s® Vapo Rub. Los mercados locales también anunciaban que sus carnes, especialmente de cerdo, habían sido adecuadamente inspeccionadas para detectar el virus.

En Ontario, Canadá, casi el 70 por ciento de las víctimas tenían entre 18 y 43 años. El Ejército de Salvación abrió su propio hospital. Nuevos casos y más muertes continuaron surgiendo en olas sucesivas.

En San Bernardino, California, la Cruz Roja tenía un hospital de emergencias en el edificio Redlands del Ejército de Salvación. Mary L. Saunders, de 40 años, era la enfermera jefe. Como profesional con experiencia, también había sido superintendente del Hospital Redlands en 1914.

 

APLANANDO LA CURVA

A finales de octubre, las primeras ubicaciones afectadas por la epidemia de influenza vieron el número de nuevos casos descender. Los periódicos reportaron que la epidemia se había acabado en dos bases militares estadounidense en Syracuse, Nueva York, pero continuaba en otros lugares.

El Departamento de Salud Pública del Estado de Nueva York continuó advirtiéndoles a todos que se taparan la boca y la nariz al estornudar o toser. Los doctores también recomendaban lavarse las manos y usar mascarillas. El Fuerte Devens, en Massachusetts occidental, reportó que estaban usando el güisqui, los huevos y la leche para luchar contra la gripe y la neumonía.

También en octubre, el superintendente del Hospital Estatal St. Lawrence en Ogdensburg, Nueva York, reportó que 300 pacientes y empleados enfermaron. Las esposas de los médicos estaban ayudando a cuidar a los enfermos. El Ejército de Salvación también estableció un hospital y se admitieron 24 pacientes con influenza.

Desde enero de 1918 hasta el año 1920, se estima que 500 millones de personas se infectaron en todo el mundo. La enfermedad alcanzó cada rincón del globo terráqueo y aniquiló hasta las poblaciones más aisladas en el océano Pacífico y hasta en el Ártico. Se estima que el virus causó la muerte de 50 a 100 millones de personas por todo el mundo; estos números representaban entre el 3 y 5 por cierto de la población mundial.

El Cuerpo en Charleston, West Virginia, accidentalmente se convirtió en el Hospital de Charleston que luego se transformó en un hogar y hospital para madres solteras. Se mantuvo abierto y sirvió a la comunidad con distinción hasta su cierre en 1964.

Booth escribió: “Las cosas grandes casi siempre vienen acompañadas de grandes dificultades y así fue en este caso, puesto que no fue tarea fácil prepararnos para las excepcionales demandas que se presentaron.

”Todos, desde el presidente, en un sentido personal, parecían apreciar al Ejército de Salvación por su labor. Admiraban los objetivos del movimiento y apreciaban mucho su espíritu”.

 

COMPETENTES, CONFIADOS, COMPASIVOS

“‘¿Fuimos competentes?’ fue la pregunta más importante y, gracias a la inmensa confianza que llenó nuestros corazones, con gusto nos sometimos a todas las observaciones necesarias. Todos ustedes saben que el reconocimiento llegó debidamente y ha sido nuestro constante privilegio trabajar así y merecer el torrente de reconocimientos que ha caído sobre nosotros desde las posiciones oficiales más altas. Nada ha sido más gratificante, excepto la alabanza y la gratitud ininterrumpidas procedentes de las personas con quienes y para quienes trabajamos tan arduamente”.

La Generala Booth también elogió al Ejército de Salvación por recordar su misión final. “En todo momento, alzaron la cruz y predicaron al Cristo que fue crucificado. La influencia de su servicio dedicado y edificante ha servido para maravillar a todo el mundo.

”Me pregunto si alguno de nosotros puede, en estos momentos, medir bien o apreciar en su justo valor la importancia y los beneficios transcendentales que la devoción, la fidelidad, el sacrificio y el servicio de nuestros espléndidos hombres y mujeres —que sirvieron con la misma devoción y sacrificio en casa— trajeron al Ejército”.

Hoy, en el año 2020, mientras el mundo lucha contra otra pandemia, la importancia trascendental de la contribución del Ejército en 1918 puede verse claramente en retrospectiva. Esperemos que las lecciones que se aprendieron en esa experiencia informen la respuesta del Ejército de Salvación en el futuro.

—Escrito por Warren L. Maye


Click here to read this article in English.

Previous post

Digital Edition: A Salvation Army Christmas

Next post

LA FE A TRAVÉS DEL COVID