SAconnects en Español

La obra del Señor

Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana,
como para el Señor y no como para nadie en este mundo
 

— Colosenses 3:23

Los cirujanos suelen decir que tras cada procedimiento médico, dejan una parte de sí mismos en la sala de operaciones. Como médico asistente de cirugía cardíaca en el Hospital Mt. Sinai St. Luke’s en Nueva York, parte importante de mi trabajo consiste en ayudar a los cirujanos con los pacientes que padecen enfermedades cardíacas, así como en la tarea de extraer las venas de los pacientes. Este delicado procedimiento quirúrgico consiste en extraer venas de una pierna de un paciente y arterias de un brazo de manera que el cirujano pueda usar esas venas durante la cirugía de puente o bypass coronario. Cuando el paciente tiene una arteria bloqueada en su corazón, los doctores crean un desvío (el bypass) alrededor del punto en que se encuentra el bloqueo para que la sangre pueda seguir fluyendo.

Durante los años que estudié cirugía cardíaca y neurocirugía, disfruté de participar en el proceso de ayudar a arreglar esta parte crucial del cuerpo de una persona. Veía también la estrecha conexión con el Señor en lo que estaba haciendo pues Jesús es sanador. Sin embargo, años antes de que curara a un leproso o le devolviera la vista a un ciego, Jesús trabajó como carpintero. Arreglaba objetos que estaban rotos. De modo que, ayudar a arreglarle el corazón a una persona es una oportunidad que me ha concedido Dios.

Pido ayuda a Dios

Cuando estoy en el quirófano extrayendo una vena, puedo enfrentar problemas como, por ejemplo, una hemorragia inesperada. Ahí es cuando le pido a Dios que me muestre lo que Él ve. Él me recuerda que debo volver a empezar, hacer una nueva incisión, volver a buscar y localizar una vena sana.

He participado en cirugías de bypass coronario que han durado entre 6 y 8 horas. Algunos casos de cirugía y emergencias cardíacas pueden extenderse hasta 12 horas. Esas son las ocasiones en que me siento más débil. Pero también son aquellas en las que me doy cuenta de que los doctores y yo no estamos haciendo eso solos. Dios está con nosotros en cada cirugía. Esa es Su obra, no la nuestra.

A veces tengo pacientes que se aferran a sus Biblias antes o después de una cirugía, o veo a sus seres queridos hacer oraciones en voz alta. Cuando veo que son creyentes, les hablo. Les digo que yo también estoy orando por ellos.

Por ejemplo, tuvimos una paciente que sufría de fibrilación auricular rápida. Los latidos de su corazón eran más rápidos de lo normal. Cuando entré a su cuarto en el hospital, vi a su hija sentada junto a ella, entonando suavemente el nombre de Jesús, como en un himno. Cuando empecé a cantar Su nombre junto con ella, su rostro se iluminó. Ambos sentimos ese pequeño gesto como una bendición.

Cuando terminamos nuestra oración, hablamos sobre la salud de su madre. Les expliqué en términos generales el procedimiento que íbamos a realizar. Cuando terminé, miré a la hija, sonreí y le dije: “Ahora, vamos a arreglarle el corazón a tu mamá”.

Los doctores saben que, cuando ingresan a una sala de operaciones, su labor es tratar de ayudar a ese paciente en ese momento. No obstante los éxitos pasados, los diplomas médicos enmarcados, las largas horas de estudio, lo único que cuenta es ese momento en la sala de operaciones. La vida del paciente está en juego.

Las vidas de las personas también están en juego en los Cuerpos del Ejército de Salvación. Es ahí donde oficiales, soldados y voluntarios se reúnen para atender las necesidades de una comunidad en nombre de Jesús. Sea sirviendo a un paciente en un quirófano o sirviendo en un ministerio en un Cuerpo, la obra que hacemos siempre tiene que ver con aquellas personas que necesitan ayuda.

Sus planes para mí

Cuando asistí a “Fuego: Una experiencia catalizadora para adultos jóvenes” en septiembre de 2016, sentí una conexión más fuerte con el Señor de lo que jamás había sentido antes. Él avivó un fuego en mi propio corazón y me hizo saber que tiene planes más grandes para mí. Me sentí inspirado por un verso que llevaba conmigo. Pero ese día, su significado se me hizo aun más especial: “No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío” (Isaías 43:1).

He dejado que Dios me llame, por lo que siempre he puesto mi carrera y mis habilidades a su servicio, sea en un quirófano o en un Cuerpo del Ejército de Salvación. En el campo médico, lo primero que uno tiene que hacer es planificar su propio futuro. Uno tiene que pensar: ¿Dónde me veo dentro de 5, 10 o 15 años? La respuesta determinará cuál será la vocación de esa persona en la medicina y la duración de los estudios que deberá cursar.

En la actualidad, Dios me ha hecho un nuevo llamado para trabajar en Su nombre en Su Iglesia. Es un llamado tan fuerte como el que me hizo para que me convirtiera en médico asociado en cirugía cardíaca.

Ahora tengo un plan para mi propio futuro: pasar de trabajar arreglando el corazón físico de las personas a arreglarlas espiritualmente como oficial del Ejército de Salvación.

 —Nereus Mogaria es soldado en el Cuerpo de Brooklyn (Bay Ridge), Nueva York, del Ejército de Salvación

Previous post

Youth Spotlight: PENDEL Jr. Soldier Rally

Next post

Los rompemaldiciones