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La línea telefónica HOPELine

Voluntarios capacitados ofrecen cuidados emocionales y espirituales durante la pandemia de COVID-19.


El silencio puede ser ensordecedor.

Solo pregúntele a un especialista de Cuidados Emocionales y Espirituales (ESC, por sus siglas en inglés) tratando de conectarse con un desconocido que llamó a la línea HOPEline.

“Si hay silencio, no sé si están emocionalmente decaídos o no”, dice Marie Cole. Al hablar de las veces que esas reuniones se efectuaban en un mismo salón, en persona, dijo: “Si estoy cara a cara con ellos, puedo leer su lenguaje corporal, lo cual es importante”.

Las restricciones del COVID-19 hoy mantienen a especialistas de ESC, como la señora Cole, y a sus clientes a una distancia segura pero frustrante. Las directrices dictaminadas han ocultado las pistas más sutiles.

Sin embargo, esta voluntaria dedicada —ubicada en Sidney, Nueva York— persiste. Mientras la señora Cole se sienta en el sillón reclinable de su sala, con una colorida colcha tejida a mano detrás de su cabeza, escucha cuidadosamente a las personas por teléfono y puede imaginarse las lágrimas, los gestos o las sonrisas exuberantes de las personas.

Lo que empezó como un grupo pequeño de voluntarios contestando llamadas en el Territorio Sur de Estados Unidos se ha convertido en la línea 1-800-HOPEline, una red de voluntarios en cada territorio que a diario reciben muchas llamadas de todo el país.

“No somos consejeros”, dice la señora Cole, que empezó como voluntaria del Ejército de Salvación el año 2006 en respuesta a las inundaciones en Sidney. Después de recibir su capacitación en Emergency Disaster Services (servicios de emergencia en caso de desastres), en Syracuse, Nueva York, la enviaron a varios lugares de Estados Unidos impactados por huracanes, incluyendo la supertormenta Sandy que afectó la ciudad de Nueva York y las zonas vecinas.

“Realmente amo lo que hago. Cuando llega el silencio, trato de ver si puedo inspirarles confianza para que hablen conmigo y así saber qué necesitan. Trato de entender si van a necesitar ayuda económica, comida, ropa o vivienda”. La tierna voz de la señora Cole es encantadora. Sus dulces palabras pueden llenar con facilidad los silencios incómodos. Ella tranquiliza, anima y amorosamente persuade a las personas a mantenerse participando.

“En verdad, me gusta ayudar a las personas y darles un poco de consuelo, ayudarles a ver que realmente no están solos. Necesitan que alguien los escuche. Muchos vuelven a llamar porque se sienten solos; confundidos en cuanto a lo que pueden y no pueden hacer”.

Atención emocional y espiritual la especialista Marie Cole responde otra llamada tarde en la noche.

Cole recuerda a una mujer que preguntaba por qué tenía que usar mascarilla: “‘¿Por qué tengo que hacer eso? Me cuesta respirar’, me dijo. Entonces hablamos sobre la dificultad que ello representa; no estamos acostumbrados a todo esto”.

La señora Cole nació en Washington D.C. y ha hablado con personas desde Chicago hasta California, con jóvenes y ancianos. Cualquiera sea su situación actual, el denominador común entre las personas es el miedo.

“Las noches son difíciles porque algunas personas están solas. Otras personas mayores pueden sufrir de síndrome crepuscular, por lo que tienen miedo al llegar la noche”, dice Cole. Eso se refiere a un estado de confusión que algunas personas viven y que usualmente comienza con las sombras del atardecer y continúa hasta la noche. Puede causar ansiedad, agresividad o hacer que las personas caminen de un lado a otro deambulando sin dirección.

“Un joven, por ejemplo, temía volver a usar drogas”, dice. “Entonces hablamos bastante sobre eso por un buen tiempo y le recomendé que fuera al Ejército de Salvación porque ellos tienen un programa de rehabilitación maravilloso”.

El trabajo la mantiene ocupada, a pesar de que su esposo se está recuperando de una cirugía. “Me he estado quedando despierta hasta la medianoche, contestando llamadas casi todas las noches. Cuando me despierto en la mañana, ya hay tres o cuatro llamadas perdidas que entraron durante la noche”. Desde ese entonces se acuesta a dormir a las 9:30 de la noche. “Cuando mi esposo ya esté recuperado, es probable que vuelva a hacerlo”, afirma.

 

Historias de la línea HOPEline

Otros especialistas también se han conectado con personas que llaman y les han ayudado con sus necesidades espirituales, emocionales y prácticas. Las siguientes historias son algunos ejemplos.

Vivir en una “zona de guerra”
Dan, un especialista de ESC, recibe una llamada de una mujer que vive en la zona metropolitana de Washington D.C. Acaba de llegar a su casa de la tienda de abarrotes, a la cual se refiere como una “zona de guerra”. Llama porque necesita alguien con quien hablar. Habla sobre la histeria de las personas y la poca confianza que les tiene a los medios de comunicación noticiosos.

Mientras habla con ella durante 15 minutos, Dan se entera —entre otras cosas— de que es cristiana. Ella le explica que extraña su iglesia que está bastante lejos de su casa. Le cuenta sobre un familiar de un amigo de ella que está enfermo pero que aún no conoce a Jesucristo. “Le pregunté si podía orar por ella, por su amigo y por el familiar de su amigo y me dijo que sí. Compartimos un lindo momento en oración después del cual me dijo que se sentía mejor”, afirma Dan.

Ayuda después de un episodio bipolar
Otra noche, la especialista Mayora Margaret McGourn contesta una llamada de una mujer en Chicago. “Dijo que solo quería hablar”, declara McGourn. “Eso me alegró. La mujer había perdido su empleo como técnico farmacéutico debido a un episodio de trastorno bipolar. Había entrevistado para un empleo nuevo, pero no había recibido respuesta y estaba desanimada. Hicimos una simulación de entrevista y le pude ayudar a explicar por qué había perdido su empleo anterior. Al terminar la llamada, ya se escuchaba mucho más animada y hasta parecía sentirse más optimista con su futuro. Estaba contenta por poder orar conmigo”.

Recuperación de la depresión
La Coronela Edith Pigford habla con una mujer de 19 años de Orange, California. “Se estaba sintiendo deprimida y necesitaba ayuda espiritual”, dice Pigford. “Estaba contenta de haber hallado la línea gratuita, ya que otras líneas de consejería no estaban disponibles. Necesitaba a alguien con quien hablar”.

Sin embargo, a medida que la llamada continuaba, la mujer y Edith descubren que definen “ayuda espiritual” de diferentes formas. “Ella se había criado como Testigo de Jehová, pero se apartó a los 16 años a causa de su padrastro exigente y crítico. Me habló acerca de las expectativas y las reglas, y de que su padre la presionaba a cumplirlas.

“Me preguntó sobre mi vida. Le hablé de mi camino, el ejemplo de mis padres así como el otros familiares y le hablé de mi confianza en Dios, de Su regalo de salvación y de cómo acepté ese regalo. Me dijo que, en todos sus años de Testigo de Jehová, nunca vivió ni sintió una relación así. Le di la dirección del cuerpo más cercano y le dijo que ahí encontraría a alguien con quien pudiera hablar más, si así lo deseaba. Al terminar la conversación, me agradeció mi promesa de orar por ella y el haberle recordado que Dios realmente la ama”.

La historia de un soldado
Un domingo, Pigford recibe la llamada de una soldado del Ejército de Salvación en el Territorio Oeste. “Llamó para hablar con alguien sobre sus sentimientos”, indica Pigford. “Aprecia a sus Oficiales Directivos, pero dijo que no quería agobiarlos porque sabe que se están dedicando a la labor social y a los servicios de comida”.

La mujer, que les escribe notas y llama semanalmente a las personas del Cuerpo, le dice a Pigford: “Me siento culpable por desear que alguien me llame”.

Desde que comenzó la pandemia, la mujer y su hijo adulto con discapacidades se han refugiado en su vivienda. “Puesto que las agencias que le brindaban servicios a su hijo cerraron, prácticamente se han quedado confinados en su casa desde marzo”, dice Pigford.

“La soldado extraña la interacción y la adoración en el Cuerpo. Valora el ministerio por video, pero se siente culpable por sentirse deprimida. Su rutina diaria prácticamente se está derrumbando, sobre todo por la falta de programas y actividades para su hijo. La animé a leer la Biblia todos los días y a darle gracias a Dios por Su fidelidad. Le dije que desde marzo yo estaba escribiendo los títulos de las canciones que me venían a la mente todos los días. Eso se ha vuelto un diario de Su fidelidad”.

Para Pigford, el encuentro fue un llamado de atención. “Me mostró que no solo hay personas que necesitan alimentos porque fueron suspendidos de su empleo, sino que además hay personas en nuestra propia iglesia y nuestra fraternidad que se sienten desconectadas y que se preguntan qué sucederá en el futuro. El ministerio por video del territorio ayuda, pero cuando las personas se sienten desconectadas de su congregación local, esa sensación de pérdida puede causar depresión.

”Ella es un soldado valiente y fiel, puesto que se comunicó con nosotros pidiendo ayuda con sinceridad”.

 

EL FUTURO

El plan a corto plazo de la línea HOPEline es mantenerla en servicio hasta fines de noviembre. El cuidado emocional y espiritual es una herramienta esencial después de un desastre.

Por Warren L. Maye


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