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La gracia eterna de Dios

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Major Lydia Mercado, administrator for the Ray & Joan Kroc Corps Community Center there, offered her testimony to a congregation of Salvation Army officers from the Eastern Territory.

Hay cinco cosas que debes saber acerca de mí. La primera es que amo al Señor con toda mi mente, todo mi corazón y toda mi alma. La segunda es que soy pecadora, aunque salvada por el poder y el perdón de Dios.

La tercera es que he estado felizmente casada durante 25 años. La cuarta es que soy la orgullosa madre de cuatro hermosos hijos, cuyas edades van de los 13 a los 24.

La quinta es que, si pudiese elegir una palabra que describiera mi vida, sería gracia; la gracia eterna de Dios.

La gracia de Dios es abundante en mi vida. Es la razón por la que he sido bendecida con una familia hermosa y con el papel de administradora del Centro Comunitario Ray & Joan Kroc en el Cuerpo de Guayama, Puerto Rico.

La gracia de Dios es la razón por la que estoy aquí hoy día. Esa misma gracia estuvo presente en las vidas de mi madre y mi padre cuando se preparaban para casarse. Sin embargo, sucedió que a medida que se acercaba el gran día, un doctor le dijo a mi madre que ella nunca iba a poder tener hijos.

A pesar de ello, al cabo del noveno mes de su matrimonio, nací yo.

De niña, fui testigo de la gracia de Dios todos los días pues tenía la bendición de contar con dos amorosos padres. Pero, ya adulta, aprendí a avivar el aprecio que sentía por la presencia constante de Su gracia. Yo pensaba que, como oficiala del Ejército de Salvación, podría manejar todas las responsabilidades que implicaba llevar adelante un ministerio. Pensé: “A ver: soy lista; trabajo duro. Puedo hacerlo todo con mis propias fuerzas”.

Estaba tristemente equivocada. Y tuve que tragarme esas palabras.

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General André Cox (center, flanked by Commissioners E. Sue and Barry C. Swanson, territorial leaders) visits Puerto Rico in August of 2015.

Pero cuando acepté la amorosa gracia de Dios en mi nuevo puesto, Él abrazó mis metas y también a mí. Me levantó y me mostró que no tenía por qué hacer las cosas yo sola. Me mostró que es bueno reconocer mis debilidades, pues ese es el primer paso que nos lleva a aceptar Su ayuda. Hasta este día, la gracia de Dios sigue alentándome y Él me muestra que siempre hay nuevas oportunidades y maravillosas maneras de servirle.

Cuando asumí mis responsabilidades y funciones en el Centro Kroc, tuve que aprender todos los pormenores relacionados con la administración de este ministerio. Pero es la gracia de Dios la que me guía cada día en mis responsabilidades en el trabajo y también en casa.

Es por eso que lo alabo y lo amo con toda mi mente, todo mi corazón y toda mi alma. Sí, soy fuerte, pero estoy aquí debido a la gracia de Dios en mi vida.

por la Mayora Lydia M. Mercado

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