En octubre de 2012, la Soldada Carmen Ivette Ortiz del Cuerpo de Bayamón, Puerto Rico, visitó los Estados Unidos en compañía de su esposo. Vinieron a ver los museos, la Estatua de la Libertad, a visitar a su amiga Irma Kawazo y a disfrutar del otoño en Nueva York.

Por desdicha para los Ortiz, llegaron en el momento preciso para presenciar la primera “Supertormenta” del país, conocida como Sandy.

“La Supertormenta Sandy nos tomó por sorpresa”, dice Ortiz. “En Puerto Rico, estamos acostumbrados a ver este tipo de tormentas grandes. Pero en esa fecha, eran una rareza en los Estados Unidos.

“No pudimos visitar ninguno [de los museos o lugares históricos] ni ir a ninguna parte; ni viajes en ferry, ni en tren. Sandy hizo que cerraran todo. Peor aun, nuestro hotel canceló todas las reservas debido a la tormenta. Tuvimos la buena suerte de hallar un hotel más pequeño, algo más alejado, que nos permitió alojarnos”, cuenta Ortiz.

Godsgracethroughthestorm_smSi bien el viaje de Carmen había sido alterado por completo debido a la tormenta, también le dio la oportunidad de ser testigo privilegiada de la presencia del Señor.

Carmen había hecho planes para visitar a su amiga Irma Kawazo, que trabaja en el Colegio para Entrenamiento de Oficiales del Ejército de Salvación en Suffern, New York.

“Irma es una de las personas más trabajadoras y caritativas que jamás podrás conocer. Durante el paso de Sandy, ella tenía de visita en su casa a unos parientes llegados desde Perú que se estaban alojando con ella. Aun con su casa llena de gente, cuando supimos que el hotel había cancelado nuestra reserva, nos ofreció, a mí y a mi marido, un lugar para quedarnos”, relata Ortiz.

Irma vive en una calle sin salida en Mahwah, New Jersey, con vista a un río. La tormenta hizo que se inundara el río y dañara varias casas del vecindario.

“Tras el paso de la tormenta, visité la casa de Irma”, cuenta Carmen. “Pude ver la destrucción, casas derruidas, abandonadas y acordonadas con cinta amarilla en la que se leía: ‘No pasar’. La tormenta destruyó ocho hermosas residencias en esa calle sin salida. Sin embargo, la de Irma se salvó”.

Aunque el sótano de la casa de Irma se inundó, su casa se mantuvo firme mientras era azotada por los fuertes vientos y la lluvia. La gracia de Dios demostró ser más fuerte que la tormenta.

Al fin, Irma pudo reparar el sótano de su casa y hasta el día de hoy sigue viviendo en esa misma calle sin salida. Espera con alegría la próxima visita de Carmen y se mantiene firme en su fe. Ella sabe que su casa, como todo lo que hay en ella, es un regalo y una bendición de Dios.

“Irma tiene un corazón enorme de grande y una firme creencia en el Señor”, dice Ortiz. “Ambas creemos que, en nuestras vidas, el Señor da y el Señor quita. Pero cuando de verdad honramos a Dios, sabemos que Él proveerá y nos protegerá, incluso en medio de los desastres y de la destrucción.

“Él nos bendice en maneras que jamás esperaríamos”.

por Hugo Bravo

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