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LA FE A TRAVÉS DEL COVID

Si le preguntan a Jean Renel Murat sobre su experiencia con el COVID–19, les dirá que fue mala y buena.

Primero, lo malo.

Murat, que ayudó a empezar el ministerio haitiano en el Ejército de Salvación de East Orange, Nueva Jersey, cree que contrajo el virus en marzo por otro empleado del supermercado Stop & Shop. Murat, de repente, comenzó a sentir fiebre, dolor de cabeza, malestar en la garganta y dolencia en la nuca. Sentía agonía la mayoría del tiempo.

“Cuando me di cuenta de que estaba infectado, me puse en cuarentena”, dijo. “No quería que nadie más se infectara, por lo que no quise tener contacto con nadie. No podía ir a ningún lado ni tampoco hacer nada”.

Murat fue al hospital unos días después de enfermarse, pero los médicos lo enviaron a su casa. Sobrevivió gracias a las vitaminas, el Tylenol y los remedios caseros.

“Nosotros los haitianos creemos en los remedios caseros”, dijo riéndose.

A pesar de sus mejores esfuerzos, su esposa Wiseleie también contrajo el COVID-19. Las cosas se complicaron tanto que las oficiales del Cuerpo de East Orange, la Capitana Natalie Joseph y la Tenienta Tharonza Elmonus, se llevaron y cuidaron a sus dos hijas durante algunas semanas.

 

MANTENNOS VIVOS

Murat perdió peso y se sentía tan angustiado que no podía dormir, aun cuando descansaba en casa.

“Pasé 10 días sin poder dormir ni un segundo”, dijo. “Sentía que cada noche era una batalla. Sufrí. Tuve momentos fueron muy difíciles. Yo sé de las dificultades. Sentía que estaba cerca de la muerte.”

En medio de su sufrimiento, Murat dice que pensaba en las pruebas de Job y de la mujer que sangró durante 12 años pero que sabía que sería sanada si tocaba el manto de Jesús (Mateo 9:20). “En medio de su sufrimiento, Job confió en Dios”, dijo Murat. “En medio de mi sufrimiento, yo también confié en Dios. Hablé con Él y le dije: ‘No estoy listo para morir a causa de este virus. No quiero que ninguno de mis familiares muera por este virus. Quiero que permitas que vivamos para ser testimonio’. Sentía que mi cabeza estaba a punto de explotar, pero mantuve mi fe en Dios.

”Al igual que Job, sentí que yo también tenía que creer en Dios. Si lo hizo por alguien en el pasado, lo haría por mí ahora. Así que oré. Él escuchó mi oración y comencé a mejorar. Desde ese momento, me di cuenta de que Dios sí contesta las oraciones”.

Justo cuando Jean comenzaba a mejorar a principios de mayo, su esposa empezó a mostrar síntomas del virus. Ella no tenía muchos de los mismos síntomas que su esposo. Su complicación más apremiante era la falta de respiración.

“Cuando me acostaba, sentía que me quedaba sin respiración”, dijo. “A algunas personas les da fiebre, pero a mí no me dio. A veces tenía un poco de dolor de cabeza. Todo el cuerpo me dolía”.

 

LA RECUPERACIÓN

Wiseleie fue al médico y le dieron un aparato para respirar. Al igual que su esposo, dependía de los remedios caseros para mejorar su respiración y combatir el virus.

“Oímos que muchas personas se estaban muriendo, pero Dios nos dio una segunda oportunidad. Dios puede hacerlo todo. Solo crean en Él y Él lo hará. Le damos gracias a Dios”, dijo.

Jean declaró que era muy difícil ver a su esposa sufrir, pero recordaba algunas de las lecciones del libro de Job mientras los dos se recuperaban.

“Fue muy difícil para ella”, recuerda Jean. “Decía que quería morir más que vivir. Así que le pregunté: ‘¿Dios te pidió algún consejo cuando te creó? Mantén tu fe en Dios y sigue orando. Vamos a seguir orando. Vamos a seguir tomando medicamentos’. Después de un tiempo, las cosas mejoraron. Ambos sufrimos muchísimo”.

Al reflexionar, Wiseleie dice que su sufrimiento con el COVID-19 fortaleció su fe.

“Ahora confío más en Dios y me tomo las cosas en serio porque —en comparación a lo que pasé y a cómo estoy ahora— esto un tremendo testimonio”, dijo.

Aun cuando Wiseleie se preocupaba por su salud y luchaba con valentía día tras día, sus pensamientos se enfocaban en el bienestar de sus hijas, Laesha, de 12 años, y Sabrinah, de 8.

“Pensaba: ‘¿Qué haré con las niñas?’ Todavía estaban en la escuela”, dijo Wiseleie.

Las Murats (centro) visitan a las oficiales de East Orange, NJ., un corto tiempo después de su mala experiencia con el COVID-19.

UN GRAN PESO MENOS

Jean oró sobre la situación con las niñas y confió en Dios.

“Fue tan complicado”, dijo. “Ambos estábamos sufriendo. Las niñas no podían hacer nada por sí solas, pero Dios nos contestó otra oración”.

Pronto, las Oficiales Directivos Joseph y Elmonus, que también son haitianas, ofrecieron llevarse a las niñas a vivir con ellas durante dos semanas.

“Lo tuvimos que hacer porque ellos estaban enfermos”, explica Joseph. “¿Quién las cuidaría? Sé que tienen familia por aquí, pero nosotras también somos familia”.

Joseph dice que la pareja extrañó a las niñas, pero mantuvieron el distanciamiento social hasta que todos estuvieron bien.

“Llamaban todos los días”, dijo Joseph, que también añadió que los Murat a veces llegaban al estacionamiento del Cuerpo para ver a las niñas de lejos.

Sabrinah dijo que se sintió “muy molesta” al tener que separarse de sus papás. Laesha dijo que lo sintió “raro”, ya que la familia es muy unida, pero que las oficiales jugaban con ellas, organizaban cenas de disfraces y hacían ejercicio juntas.

“Nos divertimos mucho con ellas”, dijo Joseph.

 

SU IGLESIA HOGAR

Wiseleie dijo que está eternamente agradecida con las oficiales que, desde entonces, han sido reasignadas a una iglesia del Ejército de Salvación en Columbus, Ohio.

“Le damos gracias a Dios por colocar esas personas en nuestro camino”, dijo. “No muchos querían cuidarlas. Quizás pensaron que las niñas también estaban infectadas. No pensamos en la infección, solo queríamos que las niñas estuvieran seguras.

”No hay palabras para agradecerles por haber cuidado a nuestras niñas en ese tiempo. Aunque quisiéramos darles el mundo, no sería suficiente”.

Jean está de acuerdo y añadió: “Lo que hicieron no tiene precio. Para nosotros, vale más que oro”.

Elmonus dice que los Murat protegen mucho a sus hijas y, por ende, ella y Joseph se sintieron halagadas por la confianza que la familia les tuvo.

“Dejar que las niñas se quedaran con nosotras durante algunos días significó mucho para nosotras porque ellos no confían en cualquier persona”, dijo. “Fue un honor. Queremos a las niñas y fue una maravillosa experiencia”.

Joseph dijo que los Murat, que viven en East Orange, son activos en el Cuerpo. Wiseleie cocina para muchas de las fraternidades. Jean fue el primer soldado adulto enrolado cuando el ministerio haitiano comenzó en 2017. Joseph dijo que Jean es maestro de escuela dominical, predicador a medio tiempo y ayuda a dirigir la adoración dominical y las reuniones de oración.

 


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.”

2 CORINTIOS 1:3-4


 

UNA FE RENACIDA

También hallarán a Murat, humildemente, limpiando el Cuerpo, el cual está integrado —más que todo— por creyentes afroamericanos, hispanos y haitianos, dijo Joseph.

“Lo podemos llamar en cualquier momento y él viene y nos ayuda a hacer lo que sea”, dijo. “Somos dos oficiales mujeres, por lo que a veces necesitamos un ayudante de mantenimiento. Cada vez que lo llamamos acude a ayudarnos”.

Elmonus dijo que los Murat son “muy fuertes en la fe”.

“Mientras pasaban por toda esa experiencia, llamaban por teléfono a todos los demás para que oraran, incluyendo a los oficiales. Eso nos demuestra que la fe significa mucho para ellos”, dijo.

De hecho, Jean dijo que lo “bueno” de su experiencia con el COVID-19 es que renovó su fe en Dios.

“Veo a Dios desde otra perspectiva. Entiendo que realmente nos ama. En ese periodo, solo existía Él. Nadie más. Dios se llevó mi sufrimiento, por lo que lo glorifico. Aunque a veces era agobiante, sabemos que —aun en medio del sufrimiento— cualquier cosa que le pidamos a Dios, Él la hará.

“Así que le dije a Dios, de todo corazón: ‘No queremos que nadie de nuestra familia muera por esta enfermedad’ y Dios me escuchó. Hoy estoy vivo para testificar que Dios me escuchó. Eso me hace amar a Dios todos los días y hace que anime a los demás a amarlo también”.

 

DIOS TODAVÍA REINA

Murat dijo que ahora también tiene un tema de conversación cuando les habla de Cristo a las personas.

“Pensarán que si Dios pudo hacerlo por alguien más, puede hacerlo por mí también”, dijo. “Yo sé que, por nuestro testimonio, otras personas creerán en Dios.

”Quizás duden de Su poder, quizás duden de lo que Él puede hacer, pero cuando les explique y les cuente mi testimonio, muchas personas verán y conocerán que Dios existe, que Dios es poderoso y confiarán en Dios también. Muchas veces las personas quieren creer, pero quieren que otras personas testifiquen.

”La enfermedad confirma que Dios es poderoso. Por eso dije que fue una buena experiencia, porque tengo un nuevo testimonio. Eso fue lo que le pedí a Dios… un testimonio. Y fue exactamente lo que hizo”.

Joseph afirma que ve la “mano de Dios” en todo el testimonio de los Murat y cree que el mismo se usará con poder para Su gloria.

“Dios está en acción”, dijo Joseph. “Porque con todo lo que está pasando, lo más fácil es dudar de Su bondad. Es fácil decir: ‘¿Sabes qué? Dios nos ha abandonado’. Luego, cuando escuchamos a las personas que cuentan sus testimonios, nos damos cuenta de que Dios todavía está en acción. Todavía es poderoso. Sigue sentado en el trono. Todavía tiene el control”.

Por Robert Mitchell


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