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La buena nueva debe ser Compartida

Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño

—Lucas 2:17


Cuando alguien ha experimentado algo bueno, no puede dejar de hablar de eso. Es posible que se trate de una cena memorable, un buen libro, una película interesantísima, música contemporánea, teatro dramático, paisajes rurales. Cualquiera que sea la experiencia, deja tal impresión en nosotros que queremos compartirla con los demás. ¡Tenemos que difundirla! La buena nueva tiene que ser compartida.

En la actualidad, cuando las personas descubren que están esperando un bebé, muchas de ellas buscan maneras creativas para compartir la noticia. Algunos organizan una fiesta para dar a conocer el género del bebé aún no nacido; otros realizan celebraciones; y, cuando al fin nace la criatura, lo anuncian de manera clara y definitiva.

El nacimiento de Jesús, por su parte, fue anunciado con una estrella resplandeciente que apareció en el cielo. Un coro angelical estalló con un canto para comunicar la buena noticia.

Los pastores —que no sospechaban nada— cuidaban sus ovejas como cualquier otra noche, cuando de pronto el cielo se iluminó y escucharon la más maravillosa noticia de una manera espectacular. Se les apareció un ángel para darles el mensaje personalmente (Lucas 2:9-12). Fue un mensaje detallado, el ángel describió claramente quién era Jesús (v.11) y cómo lo encontrarían (v. 12). Así que fueron hasta el establo y hallaron a Jesús “como se les había dicho” (v. 20).

Tal fue el impacto de su experiencia en el monte y en el pesebre, sólo tenían que contar la gran historia. La noticia era tan tremenda y gozosa que no podían guardársela. La noticia acerca de Jesús trajo luz a la oscuridad de un mundo devastado. Así como los pastores, debemos considerar que esta noticia no es sólo para nosotros; es más, debe ser compartida.

En mi mensaje de Navidad a los salvacionistas, a los amigos, a los empleados y a los seguidores, extiendo un llamado para que cada uno de nosotros renovemos nuestra confianza en el Evangelio. Juan el Bautista predicó un Evangelio de arrepentimiento y preparó el camino para Jesús. Dios envió a su único Hijo para salvar al mundo. Jesús envió después a sus discípulos para predicar la buena nueva, hacer milagros y formar discípulos. Durante Pentecostés, permitió que los discípulos compartieran el Evangelio en muchas lenguas y empoderó a la primera iglesia a llevar la historia del Salvador a nuevas tierras y pueblos.

El apóstol Pablo declara: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos, primeramente, pero también de los gentiles” (Romanos 1:16). Somos el Ejército de Salvación, el evangelio es el mensaje de salvación que predicamos en palabras y expresamos en acciones.

La buena nueva de Jesús trae esperanza a los que están perdidos, luz a los que están en la oscuridad, gozo a los que están desesperados. Ofrece una transformación verdadera a los que están atrapados por la adicción, desilusionados por el materialismo o están buscando un propósito y una dirección. Compartimos el Evangelio porque hemos experimentado por nosotros mismos su verdad y su poder, y conocemos personalmente al “autor y perfeccionador”. Por tanto, tenemos confianza en el poder transformador del Evangelio.

En esta Navidad, y mucho después, sigamos el ejemplo de los ángeles y los pastores. Usemos cada oportunidad y todos los medios posibles para difundir el mensaje de Jesús y mostrar a las personas dónde pueden hallarlo, de forma que también tengan una relación personal y de salvación con el Cristo vivo. Esta no es solamente una buena noticia: es la mejor noticia. ¡Compartámosla!

– General Brian Peddle

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