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la belleza de Dios en Invierno

WilliamBamfordDebo reconocer que no soy una de esas personas a las que les gusta el frío extremo.

En enero de 2014, el día en que Lorraine y yo regresábamos desde el Territorio Oeste de Sudamérica al Territorio Este de Estados Unidos, dejamos los 30 grados Celsius de Santiago de Chile y nos vinimos a los frígidos -10 grados Celsius de la Ciudad de Nueva York. Sin embargo, les puedo decir que, a pesar de todo, me encanta la belleza que sólo puede apreciarse en los días fríos, nevados, y en la manera como transfiguran el paisaje. En el curso de una sola noche, un suave manto de nieve puede transformar un paisaje desolado en un espectáculo sobrecogedor.

Durante estos días de invierno, otro tipo de transformación se ha estado viviendo en nuestro territorio. Dios ha estado obrando un cambio revitalizador en la vida de la gente.

Algunas de sus historias nos llegaron durante nuestro reciente ministerio de Navidad. El servicio y el amor expresados por nuestros empleados, voluntarios, soldados y oficiales en este territorio han ayudado a transformar lo que de otro modo pudo ser tristeza en una gran alegría. Gracias por hacer relucir las vidas de tantas personas con toda su lozana y radiante belleza.

Y estamos aprovechando muchas oportunidades que se presentan para traer transformación a las vidas de otras personas. Conforme van recibiendo el amor y la belleza de Cristo en nuestro Centros de Rehabilitación para Adultos, las personas han podido constatar una serie de cambios tanto en su vida interior como en la exterior.

Este invierno, los salvacionistas y los voluntarios a lo largo y ancho de este territorio ayudarán a un sinnúmero de personas mediante los programas de comidas, los albergues acogedores y los programas de servicios sociales que les permitirá saber que son amados y que sus vidas pueden renovarse en Jesucristo.

Hoy podemos hacer un alto y dar gracias por la transformación personal que Jesús nos ofrece a cada uno de nosotros; una transformación de una claridad y pureza.

“Purifícame de mis pecados, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve”. —Salmo 51:7 (NTV)

Coronel William A. Bamford III
Secretario en Jefe

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