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Hechos de Semana Santa – Jueves

Last Supper
by Plautilla Nelli
Italy

JUAN 13:18-27 (NVI)

“No me refiero a todos ustedes; yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla la Escritura: El que comparte el pan conmigo me ha puesto la zancadilla.  Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda crean que yo soy.  Ciertamente les aseguro que el que recibe al que yo envío me recibe a mí, y el que me recibe a mí recibe al que me envió. 

 Dicho esto, Jesús se angustió profundamente y declaró: Ciertamente les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.

 Los discípulos se miraban unos a otros sin saber a cuál de ellos se refería.  

 Uno de ellos, el discípulo a quien Jesús amaba estaba a su lado. Simón Pedro le hizo señas a ese discípulo y le dijo: Pregúntale a quién se refiere. Señor, ¿quién es? preguntó él, reclinándose sobre Jesús.

 Aquel a quien yo le dé este pedazo de pan que voy a mojar en el plato —le contestó Jesús. Acto seguido, mojó el pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón.  Tan pronto como Judas tomó el pan, Satanás entró en él. Lo que vas a hacer, hazlo pronto, le dijo Jesús”.

 APÓYESE

Este fue uno de los últimos momentos de intimidad que Jesús tuvo con sus discípulos antes de su crucifixión. Aunque fue un breve lapso de tiempo, estuvo lleno de drama, tensión y emoción. Jesús acababa de lavar los pies de los discípulos y les había informado lo que iba a suceder en las próximas horas. Vencido por la profundidad y la amplitud de ese viaje, anuncia la traición de uno que come en la mesa. Al instante, la atención se desvía del peso que hay por el inminente sacrificio de Cristo a los reclamos de inocencia de los presentes.

Juan, “el discípulo a quien Jesús amaba”, fue incitado y presionado para que se revelara por completo quién era el culpable a fin de limpiar sus nombres. Imagínese a Juan apoyándose en el pecho de Jesús y escuchando los latidos del corazón del Mesías como si ellos fueran los únicos en la habitación. Él le pregunta en voz baja: “¿Quién es?”. Mientras el drama y el caos giran a su alrededor, Juan permanece en esa posición acunada descansando sobre el pecho de Jesús. Ese era su lugar seguro. También lo es para nosotros.

“Hay un lugar de descanso apacible,
cercano al corazón de Dios;
un lugar donde el pecado no puede molestar,
cercano al corazón de Dios

 Estribillo:
Oh Jesús, Redentor bendito,
enviado del corazón de Dios,
abrázanos a quienes esperamos ante ti
cercanos al corazón de Dios.
Hay un lugar de dulce consuelo,
cercano al corazón de Dios;
un lugar donde encontramos a nuestro Salvador,
cercano al corazón de Dios.
Hay un lugar de liberación total,
cercano al corazón de Dios;
un lugar donde todo es alegría y paz
cercano al corazón de Dios”.

Traducción libre del himno de Cleland B. McAfee

REFLEXIÓN

¿Qué es lo que se agita en su vida hoy? Póngalo en manos de Jesús mientras se queda callado y se acurruca cerca de Él. Escuche los latidos de su corazón por usted.

ORACIÓN

Señor Jesucristo, permíteme caminar tan cerca de ti hoy que nuestros corazones palpiten como uno solo. Amén.

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