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¿Has visto la luz?

En el mundo de hoy vemos personas que eligen ignorar el verdadero significado del mensaje de la Navidad. Para muchos es el tiempo más ocupado del año, apurados con tantas actividades. Parece como que se colocara  sobre nosotros un sinnúmero de demandas, con una gran variedad de preparativos que realizar. Tristemente, muchas personas dentro de sociedades impulsadas por el consumismo serán atrapadas por la ardua rutina de las fiestas, compras y conciertos de Navidad.

¿Por qué debería preocuparnos? Hasvistolaluz

Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el gran mandamiento, su respuesta fue: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente” —le respondió Jesús. Éste es el más importante de los mandamientos. El segundo se parece a éste: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mateo 22:37–40, Nueva Versión Internacional).

En una época del año caracterizada por la autoindulgencia de los afortunados del mundo que poseen mucho, tenemos una oportunidad para reflexionar sobre los valores mayores y para pensar en los que ni siquiera pueden soñar con las abundantes cosas materiales que muchos de nosotros damos por hecho.

Como bien y correctamente señalara John Donne, el poeta y clérigo inglés del siglo 17: “Ningún hombre es una isla entera en sí; cada hombre es pieza de un continente, parte del total. Toda muerte me disminuye, pues estoy con la humanidad; por tanto, nunca mandes a nadie a preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti” (Meditación No 17 de Devociones para Ocasiones Emergentes).

Es muy fácil buscar nuestras propias satisfacciones egoístas y al mismo tiempo ignorar la difícil situación de más de un cuarto de la población mundial. Escuchamos que hay cerca de 2.4 billones de personas que viven con menos de dos dólares por día. Si alguna vez has tratado de vivir con esa cantidad de dinero, sabrás que es una lucha monumental. Desde luego, que la realidad es que un significativo número de la población mundial se ve forzada a vivir de esa manera por causas ajenas a su propia voluntad.

No podemos permanecer impasibles o indiferentes, con razón se nos recuerda: “Podemos ser el único medio que tiene Dios para tocar con su amor a las personas a nuestro alrededor, para trasmitirles su Palabra, para hacer posible que descubran su gracia de salvación” (Tomado de Jesús Ahora de Leslie Brandt). Es eso lo que quiere hacer Cristo a través de ti y de mí. Al entenderlo, nos acercaremos más al corazón de todo lo que realmente es la celebración de la Navidad. Al darnos cuenta de su verdadero significado, somos liberados de centrarnos en nuestros propios deseos para abrir nuestros corazones a los que necesitan experimentar el hermoso mensaje de la Navidad a través de gestos bondadosos.

A veces me pregunto cómo es que la historia juzgará a nuestra generación. La mayoría de nosotros recibe una mejor educación que la que nuestros antecesores y tenemos más riquezas y recursos que en cualquier otro tiempo de la historia humana. Pero aun así, el dolor, el sufrimiento y la privación de tanta gente continúan creciendo sin control. Si continuamos persiguiendo las ambiciones egoístas, nuestra generación no será recordada por un logro significativo sino por su codicia. Por lo tanto, nunca olvidemos que ¡la Navidad es mucho más que luces brillantes, fiestas, compras y conciertos!

Hace más de 2000 años, los ángeles proclamaron el nacimiento de un Salvador que traería un gran gozo a todo el mundo. Desde luego, la realidad fue que cuando vino, no había lugar en la posada. Como resultado, el Salvador del mundo nació en un entorno muy humilde. ¿Será posible que entre las luces brillantes de la Navidad también nosotros fracasemos en cuanto a ver la verdadera luz del mundo: Jesús, el Hijo de Dios?

Al acercarnos a esta Navidad muchos años después de que Cristo cambiara el curso de la historia, aun vemos a muchas personas que a pesar de que no carecen de recursos materiales, no se dan cuenta de que sin Cristo no existe la Navidad.

La promesa de Dios fue cumplida con el nacimiento de Jesús, Dios encarnado: “…el pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido”. Desde entonces comenzó Jesús a predicar: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mateo 4:16–17). La venida de su reino señaló un cambio radical de los valores y anunció la posibilidad de que la naturaleza humana sea transformada. Al participar en la dinámica del Reino de Dios comenzamos a percibir la verdadera luz de la Navidad.

“¡Calladamente, Dios nos da Su incomparable don!”, escribió Phillips Brooks en el villancico familiar. “Así también impartirá sus bendiciones hoy. Ningún oído acaso perciba su venir, más el de humilde corazón, le habrá de recibir, quietamente entra el amado Cristo”.

por General André Cox


Sobre el arte de la portada

Muchos años atrás, mi padre, el Coronel Frank Payton, me pidió que creara algunas imágenes para un folleto.  Se trataba de algo para mostrar cómo y por qué debemos convertirnos en cristianos. Hablaba sobre el abismo entre nosotros y Dios y que sólo gracias al sacrificio de Cristo esa separación puede ser superada.

Las ilustraciones mostraban la construcción de un puente, pero el abismo era demasiado ancho y el puente no lograba alcanzar la otra orilla. Preparando el trabajo artístico para ese artículo escrito por el General me acordé de ese antiguo trabajo.

Creé esa imagen para reflejar tanto el espíritu del poeta John Donne y la provisión de Dios para nosotros. Está en nuestra naturaleza tratar de hacer las cosas siempre por nuestra cuenta. Así que coloqué al hombre en una pequeña isla, rodeado por un vasto océano para representar la imposibilidad de llegar a Dios por nuestro esfuerzo.

En los brazos del hombre está el niño Jesús. Su atención está sólo puesta en el niño. Es a través de ese niño que podemos entrar a la presencia de Dios.

De ahí, la interpretación de la estatua de “Cristo el Redentor” mirando hacia el hombre. Y finalmente, la estrella que fue la manera que eligió Dios para anunciar la llegada del Redentor.

Oro para que esta Navidad sea una época de gozo y recuerdo del regalo que Dios nos dio a todos.

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