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Guiada por Dios

GuidedbyGod_1Cuando Fauta Estebes empezó a asistir al Cuerpo Central Hispano de Boston para participar en los ministerios femeninos por las noches, pidió hablar con la oficiala directiva, la Mayora Mayra Vásquez.

Estebes siempre había amado a Dios, pero quería saber lo que debía hacer para aceptar plenamente a Jesucristo como su Salvador a través del Ejército de Salvación. Conforme conversábamos sobre su propio caminar con el Señor, la Mayora Vásquez se enteró de algo acerca de Estebes que esta le había  confiado a muy pocas personas.

Cuenta Vásquez: “Fauta me confesó que no sabía leer ni en inglés ni en español, pero que quería aprender a hacerlo. Y yo le dije que estaba dispuesta a ayudarla. Empezamos usando guías de aprendizaje para niños y recitando la Biblia juntas. Fue entonces cuando advertí que ella había logrado abrirse paso por la vida sin saber leer”.

Estebes tiene una memoria excelente. Es capaz de recitar himnos que ha escuchado una sola vez en años. Ella se acuerda de frases y respuestas en inglés (idioma que no habla). Las retiene en la memoria y la ayudan a lo largo de sus días de trabajo como limpiadora en la Universidad de Harvard y en la Escuela de Medicina de Harvard, donde labora desde hace 27 años.

Estebes decidió enfrentar el desafío de finalmente aprender a leer. Su fe en Dios la ha guiado a lo largo de toda una vida llena de momentos difíciles.

A través las tormentas

En 1986, Estebes emigró de la República Dominicana a Puerto Rico a bordo de una lancha improvisada, que se conoce con el nombre de “yola”. Su objetivo final era reunirse con su marido y sus tres hijos que ya se encontraban viviendo en los Estados Unidos.

Ochenta y cinco personas abordaron la nave. El viaje de entre 60 y 80 millas desde un extremo de la República Dominicana a las playas occidentales de Puerto Rico puede ser peligroso. Las migraciones desde una isla caribeña a otra en busca de una vida mejor son conocidas por sus condiciones abarrotadas e insalubres, por la falta de experiencia de sus navegantes, y por la amenaza constante de violencia en contra de sus pasajeros, en particular de las mujeres. Estebes recuerda que un grupo de hombres la roció con gasolina para prenderle fuego a uno de sus brazos

Durante la travesía, muchos de los pasajeros caen enfermos, se deshidratan y hasta mueren de hambre. Al pasar por las tormentas que los sacudían en altamar, dice Estebes, las vidas de muchos de los pasajeros llegaban a su fin.

“Como un gigantesco animal, el océano se tragaba a las personas enteras”, recuerda. Dos de sus amigas fallecieron. Una de ellas estaba embarazada.

“Cada vez que enfrentábamos una tormenta, me sentaba sobre la cubierta y oraba. En medio de la lluvia, escuchaba a Dios que me decía: ‘Te protegeré’. Oír Su voz en medio de las tormentas más violentas me hacía sentir como si flotara”.

Un nuevo país

Estebes arribó a Puerto Rico, desde donde se le hizo más fácil venir a Estados Unidos para reunirse con su familia. Sin embargo, al llegar a Newton, Massachusetts, debió enfrentar renovados desafíos.

“Conseguir la residencia fue difícil. Tuve que ausentarme muchos días en que debía presentarme ante la corte porque no sabía leer”, recuerda.

GuidedbyGod_2Pero Estebes había mantenido limpia su hoja de antecedentes mientras se desempeñaba en dos trabajos y criaba sola a sus hijos. Cuando finalmente consiguió la residencia, ella sabía que lo había logrado sólo por la gracia de Dios. Por fin estaba marchando adelante en los Estados Unidos.

Si bien el mar ya no era para ella un peligro, siguió pidiéndole a Dios que la guiara. Fauta recuerda cómo tras un agotador día de mucho trabajo, notó que le faltaba su tarjeta de residencia, que siempre llevaba consigo.

“Cualquier inmigrante sabe que, cuando pierdes tu tarjeta de residente, empiezas a sentir que vives con el tiempo prestado”, dice Estebes. “Oré con todo el fervor que pude. Al cabo de dos días, tuve un sueño en el que me veía moviendo mi cama. Era Dios que me decía dónde debía buscar”.

Al despertar, repitió los movimientos que había hecho en el sueño, y encontró la tarjeta, la cual se le había deslizado de su cartera y se le había caído detrás del respaldo de la cama. Dios la estaba cuidando, tal como lo había hecho en la yola.

Él eligió esta iglesia

Estebes siempre veía el Cuerpo Central Hispano del Ejército de Salvación, en Boston, desde el autobús en que se dirigía a su trabajo de limpiadora en Harvard.

En el verano de 2016, el autobús empezó a hacer paradas más frecuentes cerca del Cuerpo, lo que le hizo más fácil a ella estudiar más de cerca el recinto. Ella había visitado muchas iglesias desde que arribó a Estados Unidos, pero Dios una vez más la estaba guiando y despertando en ella la curiosidad y el deseo de entrar al Cuerpo.

“Lloré mucho los primeros días que asistí a la iglesia del Ejército de Salvación”, recuerda. Me sentí avergonzada cuando le conté a la mayora que no sabía leer. Pero Dios me habló, como siempre lo ha hecho, mientras me decía: ‘Confía en ella’. Al fin, mis lágrimas de vergüenza se convirtieron en lágrimas de alegría. Me sentí agradecida de que hubiese elegido esa iglesia para mí, pues en ella he podido escuchar Su Palabra y aprender a leerla.

“Esta iglesia ha sido una bendición para mí. Además de mis hijos, que ya son grandes, no cuento con muchos más familiares aquí cerca de donde vivo. Pero Dios me recibe con los brazos abiertos cada vez que vengo al Cuerpo. Al fin y al cabo, ¿qué mejor familiar que mi Dios?”

El sentimiento de paz

“Esta mujer tiene un alma tremenda”, dice Vásquez de Fauta. “Su humildad no le permite ver el poder de su testimonio personal. Dejar tu país de la manera en que ella lo hizo y ver a sus conocidos morir en altamar; no creo que yo hubiese mostrado tanta valiente”.

Estebes dice que su testimonio tiene menos que ver con la valentía y más con su completa confianza en Dios. Esa confianza la trajo desde la República Dominicana a Puerto Rico y de esa isla a los Estados Unidos y por último al Ejército de Salvación.

“Cuando estaba a bordo de la yola, oyendo a la gente llorar de miedo, viendo cómo el mar se tragaba vivas a muchas personas, mi fe en Él era lo único que mantenía mi espíritu sereno”, cuenta Estebes. “Tardé años en recuperar la paz que perdí, pero en el Cuerpo siento que he hallado finalmente la paz de Dios”.

“El hecho de que Fauta esté aquí en el Ejército de Salvación es prueba de que Dios aún obra a través de Sus milagros en nuestras vidas”, dice Vasquez. “Hablamos de pasar por las tormentas que a veces nos toca enfrentar en nuestras vidas, pero ella literalmente sobrevivió a las más violentas; ella ha pasado por situaciones que a ti y a mí nos parecerían imposibles. Pero no hay nada imposible para Dios. Con Él, podemos sobrevivir a las peores tormentas”.

por Hugo Bravo

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