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Grace Eisenhart

“Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.”

—Proverbios 22:6


Es muy probable que a Grace Eisenhart le resulte difícil mantener bien ordenadas las tarjetas del Día de la Madre este año.

Soldado y recepcionista del Cuerpo de Sunbury, Pensilvania, Eisenhart no sólo tiene dos hijas y un nieto, sino además 11 sobrinas y sobrinos, seis de los cuales vivieron con ella en distintos momentos de sus vidas.

“Yo ayudé a criarlos a todos”, dice Eisenhart.

Y eso ni siquiera incluye a sus 16 sobrinos nietos, entre niños y niñas.

“Algunos de los hijos de mi sobrina son como mis nietos porque yo soy la única persona que han tenido en la vida”, dice Eisenhart. “Los traigo a la iglesia todos los domingos y los llevo a los programas para niños durante la semana”.

La Capitana Jessica Duperree, oficiala directiva en Sunbury, dice que Eisenhart “los trata a todos como si fueran sus propios hijos”. Trae a muchos de ellos a la iglesia en su calidad de chofer del Cuerpo, cuya responsabilidad consiste en pasar a recogerlos.

“Ella les compra muchas de las cosas que ellos necesitan y comparte muchos recuerdos con ellos”, cuenta Duperree. “Lo mejor de todo es que ha traído a muchísimos de esos niños a la iglesia por muchos años, empezando por sus propios hijos y luego sus sobrinos. Ahora también pasa a recoger y traer a la iglesia a muchos de los hijos de sus hijos y sobrinos.

“Ella es su madre biológica, pero también su madre espiritual. En su cuidado y dedicación a todos ellos, en el curso de los años, siempre los ha guiado hacia Jesús”.

El pegamento familiar

Eisenhart dice que sus tres hermanos han debido enfrentar diversos problemas en el curso de los años, por lo que ella ha sentido la necesidad de intervenir y ayudar a sus sobrinos.

“Necesitan que alguien se preocupe por ellos”, explica. “A decir verdad, yo soy la única persona que los ayuda”.

Eisenhart dice que cuando eran niños, su madre Martha llevaba a toda la familia a la iglesia. Pero sus hermanos no siguieron el ejemplo de su madre.

“A mi entender, yo debo llenar ese vacío en las vidas de mis sobrinos”, reflexiona. “Ellos necesitan a Cristo en sus vidas. Yo los llevo a la iglesia porque es la única manera en que van a asistir a ella. Me aseguro siempre de pasar a buscarlos.

“Algunos de mis sobrinos necesitan saber que hay alguien que los ama y que siempre va a estar con ellos”.

Eisenhart espera que el hecho de llevar a sus sobrinos a la iglesia les ayudará a superar las malas influencias del mundo.

“Siempre me sentía mal cuando el servicio en la iglesia llegaba a su fin, porque desde ahí tenía que llevar a los niños y dejarlos en un bar”, dice. “Me sentía muy mal, pero ese es el único lugar en que podían hallar a su mamá y a su papá. Es por eso que siempre los traía conmigo a la iglesia.

“Quiero verlos crecer y convertirse en adultos jóvenes sanos y cariñosos”.

Un hogar acogedor

Eisenhart ha traído también a algunas de sus amistades a la iglesia.

Una joven mujer, que se había ido de Sunbury pero que todavía asiste a una iglesia wesleyana, le dijo a Eisenhart que la razón por la que eligió la congregación fue porque ella la llevó al Ejército de Salvación.

Otra mujer a la que Eisenhart trajo al Cuerpo de Sunbury asiste ahora a la iglesia del Ejército de Salvación en Levittown, Pensilvania.

“Ella me dijo que la razón por la que siguió viniendo a la iglesia cuando era cadete local fue porque yo estaba ahí con ella”, cuenta Eisenhart. “Y los resultados están a la vista. Puede que no te enteres de que has impactado para bien a una persona hasta que esa persona vuelve y te lo dice.

“Yo sólo sé que la gente necesita amor y Dios me da el que yo les entrego a estos niños y a otras personas”.

Cuando la mujer de Levittown tuvo un bebé y necesitaba un lugar dónde vivir, Eisenhart la invitó a mudarse a su casa.

“Ella no tenía dónde vivir”, dice Eisenhart. “Así que vivió un tiempo conmigo. Se quedó uno o dos meses hasta que consiguió su lugar. Creo que es así como Cristo quiere que seamos unos con otros”.

Influencias tempranas

Eisenhart es recepcionista y trabajadora social en el Cuerpo, además, enseña a los Rayitos de Sol en la “tropa nocturna”. También ha sido maestra de los cadetes locales y participa en la Liga del Hogar.

Tres de los sobrinos nietos de Eisenhart que participan en el programa de los Rayitos de Sol también asisten a un centro de cuidado diurno cristiano y se saben las canciones que se enseñan en el Cuerpo.

“Te das cuenta de que están aprendiendo”, cuenta. “A mí me parece que si los traemos a la iglesia mientras son niños, es de esperar que sigan haciéndolo cuando se vayan haciendo más grandes”.

Duperree dice que Eisenhart se ha preocupado por los demás desde que era muy joven.

“Grace es el tipo de mujer que haría cualquier cosa por cualquier persona, y tengo la impresión de que esa disposición la tiene ella desde muy temprano en su vida”, sostiene.

Eisenhart empezó a asistir al Ejército de Salvación en Milton, Pensilvania, y recuerda que llevaba su uniforme de Rayito de Sol a la escuela cuando era niña. Cuando una inundación devastó el área en 1972, su familia se mudó a Sunbury.

“Empecé cuando probablemente tenía unos dos años y vivíamos en Milton, pero el Cuerpo de Sunbury ha sido mi hogar por casi toda mi vida”, explica. “Aquí son atentos y cariñosos y el Ejército de Salvación te da la oportunidad de hacer cosas”.

Una líder que alienta a los demás

Sus hijas Laura y Samantha participaron en la “tropa nocturna” en su niñez; Samantha tuvo la oportunidad de viajar por todo el territorio con la Banda de Bronces de PENDEL (Pensilvania y Delaware). Una de esas “cosas” que Eisenhart tuvo la ocasión de hacer fue asistir a la Conferencia LEAD que se celebraba cada verano en las reuniones del Campamento Old Orchard Beach, en Maine.

Eisenhart dice que LEAD la entrenó y le dio la confianza para evangelizar y también para liderar el servicio de adoración de los domingos por la mañana, en los que suele alentar a los demás a participar activamente.

“Trato de animar a las personas y de incluir a todos invitándolos a participar y a ayudar”, explica. “A mi modo de ver, si estás viniendo a la iglesia y empiezas a participar en las actividades, te sentirás más dispuesto a quedarte. Las personas necesitan sentir que son acogidas y que pertenecen a la iglesia. De esa manera se sentirán valiosos”.

Duperree está de acuerdo en que uno de los dones espirituales de Eisenhart es su capacidad para alentar a los demás.

“Grace es una poderosa fuente de aliento, especialmente para los niños”, dice. “Ella está con ellos, los escucha con atención y los apoya. Saben que ella se preocupa por ellos”.

Eisenhart, que tiene 53 años, también tiene energía para cuidar los fines de semana a un niñito que tiene la edad de uno de sus nietos.

Cristo es su roca

“Todos estos niños me mantienen joven”, dice Eisenhart riéndose. “Eso es lo que me digo siempre.

“Tenemos que asegurarnos de que Cristo sea Número Uno, que esté en el centro de nuestras vidas y que nosotros siempre le sirvamos. Sólo entonces podemos hacer todas las cosas. Es Él quien nos ayuda a ayudar a los demás”.

Duperree, por su parte, se siente feliz de tener a Eisenhart en el Cuerpo como una influencia para la próxima generación.

“Grace realmente trata a los niños como si fueran sus propios hijos”, dice. “El amor y la fortaleza que le hace posible hacer eso proviene de Dios. Y cuando las cosas no resultan fáciles, ella se las confía a Dios en oración”.

por Robert Mitchell

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