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¿Eran ellos más salvacionistas que nosotros?

Extracto del libro Caminos de gloria, los primeros 100 años del Ejército de Salvación en Chile.

“Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra” (Filipenses 2:10).

Escribiendo la historia de los primeros 100 años del Ejército de Salvación en Chile, tuve que codearme con los primeros salvacionistas. Después de admirar sus esfuerzos, observar su espíritu y gozarme con su entusiasmo, di con un sorprendente hallazgo: los primeros salvacionistas no eran tan “salvacionistas” como nosotros; nosotros somos más salvacionistas que ellos. Déjame explicar.

Aunque usaban el uniforme diariamente (aun en sus días libres), y algunos pegaron las “S” en sus pijamas; aunque miraban a sus líderes con ojos de admirable acatamiento, su concepto del Ejército de Salvación era esencialmente diferente al nuestro. Veían al Ejército como un músico ve a su violín o un cirujano a su bisturí; sólo como un instrumento que sirve para algo determinado y se juzga por la forma en que cumple su finalidad.

Pero ¿cuál es la finalidad del Ejército? En las palabras de Catherine Booth: “Una verdad indiscutible es que a menos que salvemos pecadores, nuestra existencia como Ejército no tiene justificación”.

William Booth es aún más drástico. Con su estilo directo dice: “Quiero decirle a cada Soldado salvacionista que no deposite su confianza en el Ejército de Salvación, pero sí en el Dios todopoderoso que levantó al Ejército de Salvación. Nuestro poder no se encuentra en nuestras banderas, ni en nuestros estandartes, ni en nuestros camaradas, si se han apartado del poder del Dios y del Espíritu Santo”.

La diferencia es muy sutil. Comienza cuando sacamos los ojos de nuestra meta espiritual y enfocamos esta en lo que es palpable, en este caso nuestra institucionalidad. El cambio de énfasis se nota en cómo nos expresamos. Los primeros salvacionistas hablaban de ganar almas para el Señor; nosotros hablamos de conseguir Soldados para el Ejército. Ellos descubrían posibilidades de servicio, nosotros vemos oportunidades de crecer. Una de las primeras campañas evangelísticas en Chile se llamó “Campaña pro-almas”. Nosotros la habríamos llamado, “Cinco años de expansión” o “Con sangre y fuego al futuro”.

En ningún lugar he leído que William Booth se levantó una mañana diciendo: “Voy a construir una iglesia en forma de Ejército”. Sus palabras fueron: “He encontrado mi destino”.

El interés de los primeros salvacionistas era ganar almas, servir a los necesitados, levantar al Señor ante un mundo perdido. Si organizándose en forma cuasi militar lograban esas metas con mayor rapidez y eficacia, esa era la forma que se debía adoptar. William Booth, con su estilo rotundo y pintoresco, hizo un comentario que dejó esto muy claro: “Si descubrimos que tocando la pandereta cabeza abajo en las calles, más almas vienen al Señor, eso es exactamente lo que haremos”.

El Ejército no tiene un propósito en sí; es sólo un instrumento a nuestra disposición, que debemos usar para cumplir un cometido infinitamente más grande e importante: llevar las almas perdidas a la luz del Evangelio.

¡Deberíamos llevar a los pies del Señor cada logro, cada oración, cada predicación, cada plato de sopa que hemos entregado en estos últimos cien años!

¿Por qué debemos hacerlo? Porque Él es el dueño del Ejército de Salvación: “Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia”.

En otras palabras, debemos llevar el Ejército de Salvación a los pies del Señor, porque este fue creado por Él y para Él. Todo lo que la institución posee es de Él, ya sea visible o invisible: Cuerpos, edificios, bandas, rangos, buena reputación, guarderías, donantes, juntas asesoras, tradiciones; sean estos Divisionales, Territoriales o Internacionales, todo es de Él y en Él subsiste.

 

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