SAconnects en Español

Enseñanzas de las ollas rojas

Roxie Brought ha asistido, por más de dos décadas, al York Citadel Corps [Cuerpo Central de York] —del Ejército de Salvación—, en Pensilvania. En 1995, llegó a ser la coordinadora de la campaña de la olla roja. La campaña de 2017 es la última antes de su pase a retiro. Las siguientes son algunas de las lecciones que aprendió con el paso de los años.

Recuerde que Dios le eligió

Brought recuerda lo nerviosa que se sintió cuando sus oficiales directivos le pidieron que organizara la campaña de la olla roja. “Yo tenía una formación en administración médica. La recaudación de fondos y la preparación de las ollas rojas para los trabajadores que salían en nombre del Ejército era algo nuevo para mí”, dice Brought. Ella reconoce que eso no era lo que habría escogido por sí misma, pero recordó las palabras del libro de Juan: “No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure” (Juan 15:16).

“Los voluntarios que venían al Cuerpo desde la calle y desde los albergues, vivían en una situación más o menos precaria y no eran las personas mejor vestidas ni las más aseadas”, recuerda Brought. “Pero muchos de ellos habían recibido ayuda del York Citadel Corps en el pasado; decían que esa era su manera de retribuirle al Cuerpo. Tenían pasión por la misión del Ejército de Salvación”.

Aprenda a conocer (y a amar) a los que trabajan en su campaña de la olla roja

Los hombres y las mujeres que han participado en la temporada de la olla roja —para Brought—, se han convertido en su familia. Desde el principio, ella aprendió a conocer a cada uno de los que contrataba e invirtió tiempo y esfuerzo valioso en sus vidas.

Ishmael, uno de los primeros trabajadores de la campaña de la olla roja dirigida por Brought, es prueba de su conexión con el equipo.

“Un mes de enero, cuando la temporada de la olla roja ya había concluido, Ishmael murió de forma inesperada”, cuenta Brought. “Cuando falleció, sus seres queridos se me acercaron directamente. Yo nunca había conocido a su familia, pero su hermana me dijo que él siempre les hablaba de mí”. El Cuerpo ayudó a la familia de Ishmael a conseguirle una tumba y a hacer los preparativos para su funeral.

“Una vez que uno se gana la confianza de Roxie Brought, tiene una aliada para toda la vida”, afirma el Mayor Dennis E. Camuti, oficial directivo del York Citadel Corps. “Ella tiene espíritu pastoral y le apoyará en la manera que pueda”.

Todos pueden ayudar

Un club de motociclistas de la localidad llegó al Cuerpo con el deseo de ayudar, por lo que Brought los colocó a la entrada de una tienda de economía del Ejército de Salvación. Cuando un empleado preguntó por qué había tantos hombres en motocicleta en el estacionamiento, Brought preguntó si estaban armando algún tipo de alboroto.

“Como los empleados de la tienda me dijeron que no, yo repliqué: ‘Bueno, porque están listos para hacer sonar las campanas’”, les dijo Brought.

Ese día, los motociclistas, con sus barbas largas, sus lentes oscuros y sus chaquetas de cuero, recaudaron una cantidad de dinero considerable para la causa.

Rodney, otro trabajador, está confinado a una silla de ruedas. Su limitación física impedía que otras empresas de la comunidad de York lo contrataran. La primera vez que entró al Cuerpo a preguntar si lo podían emplear para la campaña de la olla roja, Brought le dijo que no tenían cómo transportarlo. La furgoneta del Cuerpo no tenía los elevadores necesarios para acomodar una silla de ruedas.

“Muy bien”, contestó Rodney. “¿A dónde tengo que ir?”

Brought comenta lo siguiente: “Cuando hablé con Rodney, llegué a conocerlo y me di cuenta de lo que era capaz, por lo que pensé: Si yo fuera él, me gustaría que alguien también me diera una oportunidad”.

Así que Brought le asignó la tarea de tocar la campana a la entrada de un centro comercial de la comunidad. A primera hora, Rodney tomaba el bus y se dirigía a su puesto en el centro comercial, incluso en los días en que el clima estaba muy mal. En esas ocasiones, Brought lo llamaba para decirle que —si no le era posible ir hasta su puesto— no fuera.

“Él me respondía: ‘Ya voy camino al centro comercial. Nos encontramos ahí’”, cuenta Brought.

“Que alguien como Rodney pueda estar ahí en días como esos y trabajar entre 8 y 10 horas todos los días, en nombre de Dios, es algo que me inspira”.

La bondad le sorprenderá

“La ciudad de York ha apoyado mucho a la obra del Ejército de Salvación”, dice el Mayor Dennis Camuti. “Ellos nos conocen y conocen a Roxie Brought”.

Durante la temporada de la olla roja del Ejército de Salvación en York, todos, desde la estación televisiva local hasta la organización de las Girl Scouts, apartan tiempo en sus ajetreados itinerarios para participar en la campaña. Por ejemplo, los empleados de una concesionaria de Volkswagen vinieron al Cuerpo para ayudar a tocar las campanas durante dos días completos. El gerente de una concesionaria local de motocicletas Harley-Davidson colocó una olla roja dentro de la tienda para que cualquier empleado o cliente que quisiera pudiese hacer su aporte.

A veces, las donaciones no son lo que uno podría esperar. Hay personas que donan joyas, monedas de colección y sobres llenos de billetes de 100 dólares.

“¡En una ocasión, una persona nos donó sus dientes de oro, envueltos en un pañuelo desechable!”, recuerda Brought, riéndose.

Transforme la recaudación de fondos en un ministerio

En sus primeros años como coordinadora, Brought notó que algunos de los trabajadores de la olla roja no tenían una conexión personal con Dios.

“A pesar de que iban y hacían todo lo mejor de su parte, la fe era un componente importante que no siempre estaba presente”, reflexiona Brought.

Así que desarrolló una rutina matutina que los trabajadores debían realizar antes de dirigirse a sus puestos. Consistía en dedicar dos horas cada mañana a un devocional, a orar y a tomar café. Era un momento en que podían confraternizar, desarrollar su fe personal y hablar de lo que el Señor estaba haciendo en sus vidas.

“Esas mañanas eran algo en lo que todos deseábamos participar”, dice Brought.

Este enfoque ministerial produjo otro efecto positivo en el equipo. Se sentían más conectados con las funciones que cumplían. Se interesaban en analizar cuán bien lo estaba haciendo cada uno de los trabajadores de la olla roja y se felicitaban entre sí cada vez que alcanzaban sus metas de recaudación.

Por Hugo Bravo

Previous post

The ‘small signs’ of God's Presence

Next post

Luz en medio de la oscuridad