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En los caminos que Jesús recorrió

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“Quiero ver, oler, gustar y sentir las cosas que Jesús vio, olióy sintió”. 

“Anhelo estar más cerca de Dios”.

“Ver los lugares arqueológicos”.

“Nadar en el Mar Muerto”.

Estas son algunas de las expectativas que se expresaron poco antes de que nosotros, un grupo de oficiales del Ejército de Salvación, nos embarcáramos en un viaje de dimensiones bíblicas. Es común escuchar a la gente que ha estado en Israel decir: “Jamás volveré a leer la Escritura de la misma manera”.

Cuando escuchaba eso, no lo creía. A menudo, viajar a otros países es inicialmente emocionante, pero pronto los recuerdos disminuyen y se relegan al pasado. No obstante, en esta ocasión mantuve una mente abierta.

Resultó que Israel probó ser un lugar muy diferente de todos los otros que había visitado en el mundo. No estoy segura si se trata de esa conexión de “todo tu corazón, toda tu alma y todo tu espíritu” que tengo con el Señor o si es más bien de la intensa historia sobre la cual cristianos y judíos basan su fe y sus vidas. Sea como fuere, me sentí como en casa; todo era tan familiar y al mismo tiempo tan novedoso.

Nunca antes había visto cómo se revelaba una civilización antigua. Mientras caminábamos por Beth Shean pudimos observar los restos de esa ciudad, que había sido destruida por un terremoto siglos atrás. Los pilares y los edificios de piedra se encontraban en el mismo estado en que fueron descubiertos por los arqueólogos hace muy poco tiempo. Cesarea de Filipo cambió la manera en que yo entendía el pasaje de Mateo 16:13: “Cuando llegó a Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Esta pregunta, formulada con el trasfondo de la adoración cultual al dios Pan, es de tremenda importancia y revela la presencia de Dios en el lugar menos esperado.

Además de ejercitar nuestro intelecto, también nos arremangamos la camisa. La actividad que más disfruté y que me gustaría seguir realizando en el futuro fue la “excavación” arqueológica. Bajo las capas de las civilizaciones que se sucedieron en la historia de Israel nos esperan más tesoros históricos. Cuando se estaba construyendo el Domo de la Roca en el lugar mismo donde estaba el Templo en Jerusalén, los que removieron la tierra “echaron” capas de historia en un vertedero. La tierra se analiza, balde por balde, en lo que se conoce como el “Proyecto de investigación en el Monte del Templo”.

Se hallaron fragmentos de huesos (animales sacrificados), monedas (tres halladas por integrantes de nuestro grupo), cerámica de arcilla, metal, piedras especiales y trozos de mosaicos. Tener en nuestras manos esos artefactos descubiertos y luego imaginarnos la historia que ocultan fue una experiencia de profundo gozo.

Al final de nuestro viaje, resumimos todo en frases de cuatro palabras:

“Asombro, gozo y tristeza”
“Inspirados, educados y desafiados”
“Legado permanente de Abraham”
“Oremos por la paz”
“Revelación, reverencia y resiliencia”

El Ejército de Salvación ha enriquecido nuestras vidas. Estamos mejor equipados para predicar y para vivir la Palabra. Nuestras esperanzas y nuestras expectativas se han visto superadas.

Ver a través del lente geográfico trae la Biblia a la vida. En la actualidad, cuando preparo un sermón o estudio la Palabra de Dios, mi nueva perspectiva me transporta a un lugar muy vívido en mi imaginación. Ahora puedo tener una experiencia más rica.

Puedo cantar la letra de esa canción que dice: “Hoy caminé por donde Jesús anduvo… y lo sentí cerca de mí”.

por la Capitana Cindy Lou Drummond

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