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En las palabras de William Booth

“Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me dieron alojamiento;  necesité ropa, y me vistieron; estuve enfermo, y me atendieron; estuve en la cárcel, y me visitaron”.

—Mateo 25:35-36

En las palabras de William Booth: “Mientras sigan llenándose las prisiones, una y otra vez, lucharé”. He tenido el privilegio, junto a mi esposo, de trabajar con el programa de rehabilitación del Ejército de Salvación para hombres y mujeres adultas conocido como el “ARC”. Este ministerio es conocido mayormente por las tiendas de artículos donados y por los camiones que recogen las donaciones. El propósito de este ministerio es ayudar a los hombres y a las mujeres a romper las cadenas de adicción y destrucción por medio de un programa intensivo por seis o hasta doce meses en que intentan cambiar su comportamiento. Sin embargo, este propósito es ignorado o hasta desconocido. Las tiendas de artículos donados proveen el financiamiento para el ministerio. Sin donaciones el ministerio no existiría.

Una aproximación de ochocientas personas pasan por nuestro programa al año. En el tiempo que pasan con nosotros les enseñamos acerca del amor de Dios y su poder regenerador. También les enseñamos a cambiar su comportamiento y acerca de los efectos que causa la adicción en su mente, cuerpo y alma. Les enseñamos principios de humildad, respeto y obediencia. Algunos permiten que el poder de Dios los transforme, pero otros no.

El Señor me ha mostrado que mientras están con nosotros experimentan un efecto dominó de bendiciones. La primera bendición es personal. Cuando están con nosotros están en un ambiente limpio y seguro. La segunda bendición es familiar. Los familiares del adicto saben dónde se encuentra y por tanto pueden estar tranquilos. La tercera bendición es en relación a la comunidad. El tiempo que pasa un adicto en nuestros centros evita que se expongan ellos, y  otros, a los peligros que enfrentan a diario cuando intentan conseguir drogas. La cuarta bendición parte del efecto la reciben cuando completan el programa y regresan a la comunidad para ser miembros productivos. Ya no representan un peligro para sus familias ni para la sociedad.

Dios nos dio una misión y una visión para este ministerio. Mi petición a Dios es que podamos continuar sirviendo a los marginados como Jesús nos instruyó.

“Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí.”

Mayora Carmen Diaz

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