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En las manos del Señor

Mis padres me enseñaron a amar a Dios sobre todas las cosas, desde muy pequeño, y siempre me mantuvieron participando en diversas actividades y grupos que ayudaran a forjar mi carácter y mi disciplina en el Señor. A medida que fui aprendiendo y adquiriendo madurez, descubrí que me gustaba adorar a Dios a través del canto y la adoración. Participé muy activamente en los cultos y actividades especiales de la iglesia donde me congregaba junto a mi familia. En mi adolescencia aprendí a tocar la guitarra —por oído—, lo cual me motivó a seguir aprendiendo otros instrumentos como el piano, la guitarra y el bajo. Desarrollar esos talentos me brindó la oportunidad de tocar la música en los servicios de la iglesia; acompañaba los himnos especiales, no solo en el ambiente de mi iglesia, sino también a nivel de otras congregaciones y con diversos grupos musicales.

Al salir de República Dominicana por voluntad del Señor en el año 1991, conocí al Ejército de Salvación en Reading, Pensilvania, donde ayudaba con denuedo al Enviado Roberto Santos a desarrollar la obra hispana en ese Cuerpo. Mis dones musicales, la adoración y el liderazgo juvenil fueron una ayuda importante en el establecimiento de ese ministerio. Después de un tiempo de estar muy activo y adiestrándome para lo que Dios tenía preparado para mí, supe por qué Dios me había llevado a ese lugar. Así que respondí al llamado del Señor y fui enviado junto con mi esposa Giselle al Colegio de Entrenamiento para Oficiales en 1992; lo cual ayudó a pulir y a madurar lo que Dios había depositado en mí.

Terminado el entrenamiento y comisionados en 1994, nos enviaron a Bayamón, Puerto Rico, donde el Señor nos bendijo de una manera especial. El favor de Dios y mi disposición a obedecerle me ayudaron con la música a atraer a mucha gente al conocimiento de Cristo, especialmente jóvenes; lo cual nos condujo a un nombramiento como Secretarios de Juventud en la División del suroeste de Ohio y el noroeste de Kentucky. Filadelfia fue nuestro próximo reto y el Señor no dejó de hacer maravillas en el canto, la adoración, la predicación, el evangelismo así como también lo hizo en Albany, Nueva York.

Actualmente el Señor me ha devuelto a Filadelfia con la responsabilidad de seguir haciendo su voluntad, ahora a escala no solo local sino también Divisional y Territorial. Estoy en las manos del Señor para que me siga usando como un instrumento en sus manos.

—Mayor Israel V. Acosta

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