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El Refugio

Recordemos a los olvidados

El Cuerpo (Citadel) del Ejército de Salvación en Middletown, Ohio, era conocido en sus primeros años por enviar soldados al Colegio de Entrenamiento para Oficiales.

Tara Koch and Jewell DeFrates host a Friday night FOA meeting at the Safe House.

En la actualidad, el Cuerpo es conocido también por su refugio en Damon Park, donde hombres y mujeres en recuperación de su adicción a las drogas se esfuerzan por llegar a ser lo que Dios quiso que fueran y, al fin, reconectarse con sus familias.

A mediados de 1980, el Ejército construyó un edificio a sólo unas cuadras del Cuerpo para que sirviera de Avanzada. Bajo el liderazgo de la Soldada Ruth Howard, acogía a los ministerios tradicionales del Ejército, como los servicios de adoración y los programas para niños, hasta que la falta de financiamiento hizo que se convirtiera en una bodega de almacenamiento.

En 2015, el Cuerpo recibió una subvención de 50.000 dólares por parte del Ejército para combatir la drogadicción. Los Mayores Hollie y Sebastian Leonardi, oficiales directivos, propusieron un plan para abordar el problema más acuciante que enfrentaba la ciudad.

“En lo que a la adicción a la heroína se refiere, Middletown es una de las áreas más golpeadas en el estado”, explica la Mayora Hollie Leonardi. “El Condado de Butler y el estado de Ohio tienen el número más elevado de muertes por sobredosis de droga en todo el país”.

“Cuando le echamos un vistazo al blog del administrador municipal”, dice el Mayor Sebastian, “vimos un mapa en el que se mostraba que los índices más elevados de criminalidad están directamente relacionados con las sobredosis y la drogadicción. Este edificio se encuentra en medio de todo ello. Dios nos confirmó que nos encontrábamos literalmente donde quería que estuviésemos”.

Los Mayores Leonardi decidieron transformar la bodega de almacenamiento en lo que sería el “Refugio” en Damon Park. El nombre se tomó del Salmo 9:9-10, que dice: “El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia”.

“Desde el momento que llegas allí, descansas. No te arrepientes nunca de tocar a su puerta”, dice el Mayor Sebastian. “El Refugio se enorgullece de ser un lugar donde las adicciones se pueden abordar y conversar con toda libertad, sin reservas ni vergüenza. No importa en qué punto de su camino a la recuperación se pueda encontrar alguien, se sentirá seguro de que nadie aquí le va a juzgar”.

Una batalla cuesta arriba

La idea del Refugio, que se les ocurrió tanto a la Mayora Hollie como al Capitán Daryl Calhoun, fue recibida originalmente con escepticismo, rechazo y hasta rabia por parte de varios residentes preocupados por el problema.

“La gente pensaba que este lugar sería para que los drogadictos vivieran o que nosotros los íbamos a traer al vecindario”, recuerda el Mayor Sebastian. “No sabían que los drogadictos ya estaban viviendo aquí hacía muchísimo tiempo y que nosotros les ayudaríamos a enfrentar el problema con miras a resolverlo”.

“Cualquiera puede venir aquí antes de iniciar su recuperación, averiguar cómo podemos ayudarle y, una vez que se haya recuperado, seguir viniendo en busca de apoyo”, explica la Mayora Hollie.

El hecho de hallarse en las cercanías del Condado de Butler mantuvo a Middletown, por años, como un municipio en el que los recursos y el financiamiento del área parecían haber sido olvidados. A pesar de sus problemas con la drogadicción, la ciudad de Middletown no cuenta con un centro de recuperación, una clínica de desintoxicación ni con un centro residencial de rehabilitación. El Refugio provee servicios de transporte para llevar a los drogadictos a los centros de rehabilitación para adultos (ARC), ubicados a horas de distancia en las ciudades de Dayton o de Columbus. Para las personas que están en recuperación, el Refugio ofrece actividades recreativas que ayudan a dejar las drogas, también tiene un lugar para tomar café —a la vez que ministran a las personas— y brindan estudios bíblicos.

El Refugio también es sede de las Familias de Adictos (FOA, por sus siglas en inglés) del Condado de Butler, lo que ha sido una bendición. Esta afiliación le ha dado credibilidad al Refugio como centro de ayuda. Además de la información que nos ha aportado la institución, nos provee de oradores como, por ejemplo, estudiantes de farmacia y drogadictos ya recuperados. Las reuniones patrocinadas por FOA se celebran los viernes por la noche, cuando los adictos y sus familias disfrutan de juegos de mesa, ven películas, usan la despensa de alimentos y celebran los días feriados.

“Cuando celebramos una sobria fiesta de Año Nuevo en el Refugio, todos trajeron a sus hijos y a sus seres queridos”, cuenta la Mayora Hollie. “Algunos de los presentes nos dijeron que esa había sido la primera víspera de Año Nuevo que habían pasado con sus hijos. Las familias de los drogadictos están en una situación desoladora. Vivir rodeados de la adicción es algo habitual y normal para ellos”.

Jewell Y Tara

Jewell DeFrates y Tara Koch, voluntarias del Refugio, han visto el dolor que la drogadicción causa a las familias. Saben también que la recuperación y la redención son posibles. El hijo de Jewell y la madre de Tara son graduados del programa del ARC de Columbus y de Dayton respectivamente. Los Mayores Leonardi sabían que, para que el Refugio tuviese éxito, necesitaban la ayuda de Tara y de Jewell.

“Estas mujeres nacieron para impulsar este ministerio”, comenta la Mayora Hollie.

Jewell es una adherente del Ejército de Salvación y la coordinadora del programa de recuperación que ofrece el Refugio. Enfermera de profesión y tecnóloga en salud mental y adicción a las drogas, se relacionó más íntimamente con el Ejército a partir del momento en que asumió la custodia legal de sus nietos mientras su hijo luchaba contra su drogadicción.

“Cindy Howard [Sargenta Mayor del Cuerpo] vivía en una casa frente a la mía y me veía jugar con mis nietos”, recuerda Jewell. “Ella me habló del campamento diurno y de los programas para niños que ofrecía el Cuerpo de Middletown. Fuimos a visitar el Cuerpo y no he dejado de ir desde entonces”.

La Mayora Hollie recuerda la primera vez que Jewell conversó con un pastor de la localidad que buscaba ayuda para un drogadicto de su congregación. Tras reunirse con ambos, Jewell pudo precisar la etapa en que esa persona se hallaba en su ciclo de adicción y le explicó los pasos que debía seguir para recuperarse.

“Mientras Jewell y este hombre conversaban, el pastor se impresionó”, cuenta la Mayora Hollie. A partir de esa reunión, el Refugio inició un nuevo ministerio, el de visitar y capacitar a los pastores de las iglesias de Middletown sobre lo que es la drogadicción y los recursos para la recuperación.

Tara Koch comenzó como asistente en el Citadel de Middletown, pero se ausentó para poder asistir a la Universidad de Cincinnati. Regresó a Middletown, donde el ministerio del Refugio satisfizo una gran pasión en su vida. Además del papel que realiza como subdirectora de FOA en Middletown, también dicta clases de acondicionamiento físico y nutrición en el Refugio.

“El hecho de trabajar con familias  y personas que no han tenido otra opción que la de superar la adicción o morirse, ha cambiado lo que pensaba de la drogadicción”, dice Tara. “Un aspecto del ministerio del Refugio que me llena de satisfacción es enseñar lo que es la compasión. Yo entiendo la rabia y la frustración. Las he vivido ahí con mi propia madre”.

Tara quiere transformar el terreno de Damon Park, que se encuentra al lado del Refugio, en un huerto de frutas y vegetales. “Este parque fue hasta hace poco un lugar de transacciones de drogas. En el suelo encontrábamos jeringas y adictos inconscientes, un lugar donde debería haber niños jugando. Queremos que la comunidad se reconecte con este parque. Con la ayuda del Ejército de Salvación de Middletown y de otras iglesias del área, este parque se convertirá en un lugar donde las familias cultiven sus propios alimentos y los niños puedan recoger frutas en su camino a la escuela”.

Dios se acuerda de ti

“Cada milagro empieza con alguien que ha sido olvidado”, dice la Mayora Hollie. “A veces, la ciudad de Middletown se ha sentido así. Este edificio y el parque también. Aun los adictos que llegaron al Refugio se sintieron olvidados. Es ahí donde empieza el milagro, pues Dios nunca te olvida. Él ama a los que se sienten olvidados”.

A menos de un año de su creación, el Refugio de Damon Park recibe docenas de personas en las reuniones semanales de FOA. El personal, la comunidad y la policía apoyan el esfuerzo que lleva adelante el Ejército para terminar con la drogadicción en Middletown. La municipalidad incluso donó al Refugio un vehículo para facilitar el transporte a los beneficiarios de los ARC. “Dios ha visto la epidemia de drogadicción que ha asolado a Middletown, y en vez de permitir que destruya a la ciudad, la está usando para redimir las vidas de muchas personas”, explica la Mayora Hollie.

“El Refugio sobrevivirá a todos nosotros”, observa el Mayor Sebastian. “Esto no es algo que vaya a durar dos años, alcanzar el tope y terminar. Dios hizo nacer esto y quiere que estemos aquí hasta que erradiquemos la drogadicción de Middletown. Los funcionarios municipales están tratando de que las demás iglesias se sumen a la campaña contra la epidemia de la heroína. Esta es nuestra parte en el movimiento”.

por Hugo Bravo

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