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El recuerdo vivo de Germantown

Cuando el Capitán Kevin Zanders, administrador asociado del Centro Comunitario Ray y Joan Kroc, en Filadelfia, brinda una visita dirigida a los nuevos miembros o a los frecuentes visitantes, la primera parada siempre es la del gran vitral azul y dorado que se exhibe.

Su ubicación previa por 33 años fue en el Cuerpo de Germantown, Pensilvania. En la actualidad, ese Cuerpo es un recuerdo atesorado por cientos de salvacionistas que conocieron y adoraron a Cristo allí por primera vez.

Cuando el edificio de ese Cuerpo fue demolido, la ventana fue cuidadosamente elegida, preservada y trasladada al nuevo Centro Comunitario Kroc para conmemorar al Señor y al ministerio en esa comunidad. Al lado del vitral hay una inscripción, grabada en cristal transparente, que evoca al Cuerpo.

“Aunque nunca estuve en Germantown, le cuento la historia a la gente”, dice Zanders. “Para los oficiales que sirvieron allí hasta los salvacionistas de ese Cuerpo que siguen aquí en el Centro Kroc, la historia de Germantown es de orgullo y tradición”.

El ministerio entre los jóvenes

Antes que se convirtiera en Cuerpo, Germantown era conocido con el nombre de Centro Comunitario del Cuerpo Lehigh. Allí se realizaban muchas actividades tradicionales del Ejército de Salvación, como las de los Rayitos de Sol, las Niñas Guardias y diversos programas de música. Los miembros también lo usaban para celebrar feriados como el Día de Acción de Gracias y Navidad. Arlene Jackson, líder de Cadetes Locales, dice que fueron esas actividades las que hicieron de ese centro y del propio Ejército, el corazón de la comunidad.

“Germantown era una familia, no sólo dentro de sus instalaciones. La comunidad entera era parte de la familia”, dice Jackson. Desde niña, le pareció muy atractivo el ministerio juvenil de la Escuela Dominical. Aunque su familia era católica, ella asistía a la Escuela Dominical en Germantown. “Cincuenta y cinco años después, sigo aquí”, afirma.

Los rostros de la comunidad

El ministerio de la presencia del Cuerpo de Germantown fue muy importante. Los oficiales eran bien conocidos en la comunidad. Incluso en plena época de la guerra de las pandillas, los oficiales y los miembros del Cuerpo permanecieron activos en el ministerio.

Durante los servicios de adoración, dejaban las ventanas y las puertas abiertas. Las personas que pasaban en sus vehículos oían la música y los cantos. Reaccionaban bajándose de sus carros y furgonetas. “¿De dónde viene ese canto y esa adoración?”, solían preguntarse.

Qualtine Cufee, miembro de la banda del Cuerpo, se había mudado de Carolina del Norte a Filadelfia. Su abuela vivía al frente del centro. Como Jackson, Cufee asistía a otra iglesia con su familia. Pero cuando dos jóvenes miembros del centro tocaron a su puerta, la madre y la abuela de Cufee la animaron a asistir a la Escuela Dominical.

“Ellas sabían que se ofrecía más a los jóvenes en ese centro comunitario que en nuestra iglesia”, recuerda.

Alice Webb, sargenta de bienvenida, recuerda la primera vez que presenció una reunión al aire libre. Muy pronto, cada niño de la comunidad recibió una invitación a asistir al centro.

“Mis hijos se hicieron soldados antes que yo”, cuenta Webb. “Germantown se convirtió en la vida de ellos. Allí pasaban toda la semana”.

Un Cuerpo preparado

Larry Battle ha sido soldado del Ejército de Salvación desde 1954. Él y su hermana mayor fueron los primeros afroamericanos en asistir al centro comunitario. Él recuerda la época en que Lehigh empezó a ser desplazado gradualmente y Germantown a convertirse en Cuerpo.

“Durante mucho tiempo, Germantown fue una Avanzada, un centro comunitario con todas las actividades de un Cuerpo. De modo que cuando se efectuó el cambio, ya estaba preparado de una manera en que no lo hacían muchos de los Cuerpos nuevos. Nosotros ya éramos un lugar de acogida, un lugar seguro. Éramos el corazón de esa área”.

En septiembre de 1963, se inauguró el Cuerpo de Germantown. Dio inicio al funcionamiento pleno de una serie de programas y se estableció oficialmente como una base en la comunidad.

Shirley Williams, asesora en alfabetización, había llegado desde una Avanzada en Ohio. Ella cuenta que sus abuelos se sorprendieron la primera vez que vieron a una persona afroamericana vestida con el uniforme del Ejército. Así que permitieron que Williams participara en el ministerio.

“Yo había formado parte de un Cuerpo en Delaware y en Staten Island, pero lo que me gustaba de Germantown era que, a pesar de que estaba en una ciudad como Filadelfia, se sentía acogedor y unido. En tiempos del auge de la criminalidad y de la violencia entre las pandillas, todos nos sentíamos seguros en ese Cuerpo”.

Protegidos y respetados

Cuando el Cuerpo de Germantown ministraba al aire libre en las calles más peligrosas, le enviaba un mensaje a la comunidad. Fue entonces que la gente se percató de que, antes que nada, el corazón de la ciudad era una iglesia.

Ese corazón se extendía a todos en el ministerio, incluidas las pandillas que residían en Germantown. No era raro ver a los oficiales conversando con esos jóvenes que se la pasaban en actividades peligrosas. En retribución, el Cuerpo de Germantown era protegido y respetado por esas pandillas. Todas ellas reconocían a Germantown como un espacio sagrado. Estaba prohibido cualquier tipo de riña o actividad relacionada con las pandillas en los terrenos del Ejército de Salvación. No importaba lo que pudiese estar sucediendo en las calles, la capilla de Germantown estaba abierta y a la disposición de toda persona que necesitase un lugar para orar y una Biblia para leer.

Jackson afirma: “Los oficiales de Germantown sentían un profundo amor por todos en la comunidad, no sólo por las personas que entraban al Cuerpo. Cuando amas a Dios, amas a todo Su pueblo”.

La hora de decir adiós

Webb recuerda: “No nos alegró enterarnos de que el Cuerpo de Germantown sería remplazado por el Kroc. Los cambios son buenos y necesarios, como lo es agrandar el territorio, pero nosotros llevábamos mucho tiempo en Germantown”.

El imponente vitral que hoy se levanta en el Centro Kroc era sólo uno de los muchos que habían adornado e iluminado el antiguo Cuerpo de Germantown. Pero el recuerdo más significativo del rico legado de Germantown son sus salvacionistas, que siguen adorando al Señor, impulsando su ministerio y trabajando en el Centro Kroc, ya sea enseñando música, entrenando deportes o educando a la siguiente generación de salvacionistas.

“Cuando el sol ilumina ese vitral en el atrio del Centro Kroc, resplandece el legado de Germantown”, declara el Capitán Zanders. “El Kroc es ciertamente una expresión única del Ejército, pero no lo sería sin el amor y el apoyo de los salvacionistas de Germantown que permanecieron con nosotros”.

El Cuerpo de Germantown comenzó con una capilla y terminó con este vitral hecho un monumento. Pero el espíritu de sus programas, sus ministerios y su trabajo de enlace con la comunidad sigue tan vivo como siempre.

por Hugo Bravo

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