¡Buenas Noticias!

El poder del amor

Newark, New Jersey

¡Buenas Noticias! se enorgullece en presentar estas cuatro historias de abuelas “voluntarias” que dan amor y cuidado a niños entre 18 meses y tres años. Son mujeres que brindan cariño y atención a esas pequeñas vidas y terminan siendo tremendamente retribuidas.

¡Sea parte de la solución, no del problema!

Abuela voluntaria Margaret Wise

¡Me encanta decir “Hola” y “Buenos días” cada día! Al iniciar mi trabajo como abuela en el Programa de Abuelos Sustitutos, me digo a mí misma cuán afortunada soy al saber que cada día comienza saludando a los empleados y a los niños. Cada niño es tan hermoso y diferente que esta verdad llena de sentido mi día entero.

En el grupo de niños al que sirvo, cada uno tiene una personalidad diferente. Al ayudar a atar el cordón de un zapato o lavar una manito sucia logro pasar algunas horas en compañía de hermosos e inocentes niños. Leer un libro a un niño pequeño e inquieto es algo casi imposible, ¡pero me encanta! Ayudarles a dar los primeros pasos demanda mucha energía y es todo un desafío, pero me ayuda a mantenerme en forma. Pintar y armar rompecabezas con ellos requiere de paciencia, pero también me trae gratos recuerdos de días pasados. Luego que aprenden a caminar solos, y ya no tienen miedo ni son tímidos, ambos disfrutamos jugando a las escondidas.

Gracias a Dios que el Ejército de Salvación está aquí para ayudar a personas como yo a tener a alguien con quien conversar todos los días. Me atemoriza pensar qué sería de mi vida si no pudiera ver a estos niños todos los días.

Un lugar de crianza

Abuela voluntaria Barbara Wynn

“El Huracán Sandy” devastó el estado de Nueva Jersey, pero milagrosamente no dañó la Guardería del Ejército de Salvación donde trabajo como voluntaria. La guardería se encuentra en el centro de la ciudad de Nueva Jersey. Días posteriores al Huracán Sandy, al caminar de la parada del autobús hacia la guardería, me di cuenta que todas las casas tenían muebles y basura apilados en el frente debido a la inundación. Cuando llegué a la guardería, no noté ninguna basura en el frente. Así que entré y les dije a los empleados: “¡Apuesto a que han tenido que limpiar a fondo todo el edificio!” Luego me informaron que la guardería no había sido afectada en absoluto por la inundación, ¡aun cuando en el pasado se había inundado por causa de las lluvias normales!

Si la guardería se hubiera inundado, todos habríamos quedado sin trabajo por meses. En realidad, los niños, los abuelos sustitutos, las maestras, la cocinera y el personal administrativo no hubieran podido entrar al edificio hasta que todo fuera limpiado e inspeccionado. Creo que Dios guardó ese lugar por nuestros niños y para que nosotros pudiéramos continuar con nuestro servicio. Todavía pienso que fue un milagro contar con un lugar seco, cuando todo el vecindario se encontraba inundado. Era imposible de creer, pero para Dios nada es  imposible.

Los adultos mayores necesitan estar activos

Lidia Noboa, voluntaria de servicio del área de Newark

Al escribir esta historia vienen a mi mente muchos recuerdos de mi actividad como “abuela sustituta”. Este programa cambió mi vida y las de muchos otros abuelos también.

Mis historias siempre enfatizan lo agradecida y privilegiada que me siento de ser parte de este programa. Nunca me canso de mencionar cuán grande es para nosotros la experiencia de trabajar con niños,  además del bienestar y la ayuda que ellos traen a nuestras vidas cada mañana al levantarnos, dejando a un lado nuestras enfermedades, soledad, depresión y otros asuntos.

Lo cierto es que nuestro espíritu se llena con gozo al llegar a la guardería porque los niños nos ven como sus propios abuelos y nosotros los vemos a ellos como nuestros nietos. Tal es así que nos ponemos tristes cuando se van a otra sala u otra escuela. Pero nos alegra el haberles dado un poquito de nuestro amor y experiencia. Nos trae tanta alegría escucharlos decir con sus tiernas vocecitas: “Hola abuela”; además, en muchas ocasiones sus padres y maestros nos manifiestan su gratitud y nos felicitan por la influencia que tenemos sobre esas pequeñas vidas.

Quiero agradecer a la administración del Programa de Abuelos Sustitutos, al Ejército de Salvación y a la Corporación para el Servicio Nacional y Comunitario (CNCS) por llevar adelante tan hermoso programa y permitirnos ser parte de él. Quiero que sepan que su programa es un incentivo para nuestras vidas.

Un adulto mayor esperando poder hacer algo

Abuela voluntaria Beatrice Perry

Después de esperar por mucho tiempo para anotarme en el Programa de Abuelos Sustitutos del Ejército de Salvación, ¡finalmente lo hice! Me alegra tanto no haber desistido en esa larga lista de espera, ¡porque ha sido la mejor cosa que me ha pasado en la vida!

Habiendo trabajado en el programa durante los últimos tres años, he sido trasladada dos veces para servir a diferentes poblaciones de niños. Comencé en la Unidad de Recién Nacidos en el Centro Médico de la ciudad de Nueva Jersey. Allí me asignaron la responsabilidad de cuidar unos bebés por aproximadamente dos años y medio. Estos eran niños con necesidades especiales a quienes les pude brindar amor y cuidado en una forma apasionada. De manera inesperada, me informaron que el convenio entre el programa y el centro médico había terminado. Esas noticias me entristecieron mucho. A mi edad, no tenía otra solución que quedarme en mi casa por el resto de mis días.

Luego las cosas comenzaron a cambiar cuando un día una enfermera del centro médico me llamó y me dijo que habían organizado una fiesta para reconocer mi servicio en ese lugar. Cuando estaba allí, me agradecieron y me regalaron una planta y un collar que todavía uso. Luego, después de estar en casa no haciendo otra cosa que pensar de qué manera podría continuar siendo útil a mi comunidad, recibí el llamado telefónico del Director del Programa de Abuelos Sustitutos. Me informó que habían encontrado otro lugar en el que yo podría servir. ¡Esa llamada hizo que mi día y mi futuro se volvieran brillantes!

En el nuevo lugar estoy trabajando con niños pequeños, cosa que me gusta muchísimo porque me hablan y les gusta hacer preguntas. Lo que me hace feliz es que tengan tantas ganas de aprender. Me dicen: “Abuela, eres muy linda” y yo les devuelvo un abrazo. Les ayudo a jugar con los bloques y a aprender los colores. También les ayudo con la fonética y les muestro imágenes de animales, luego les pido que me digan de qué animal se trata. Créanlo  o no, ¡trabajar con esos pequeños de dos años hace que mi día y mi vida se vuelvan más relajados! ¡Mi vida tiene sentido y propósito, y el amor de los niños llena mi corazón hasta rebalsar!

Tomado de Good News!

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