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El ministerio después del COVID-19

Una reflexión por el Mayor Ismael Correa

La pandemia del coronavirus ha alterado la forma en que vivimos y ha presentado nuevos desafíos a nuestros Cuerpos alrededor del mundo. El antiguo lema “Con el corazón a Dios y la mano al hombre” es evidente que los soldados, oficiales y voluntarios continúan proporcionando ayuda en comunidades de todo el mundo, proveyendo servicios y bienes a personas y familias afectadas por esta enfermedad.

Los ministerios congregacionales han tenido que adoptar normas de “distanciamiento social”. Muchos han aprendido a operar tecnología digital y entrar en plataformas de redes sociales para ministrar. Estas les ayudan a cumplir con los deberes pastorales como dirigir la adoración, enseñar la Biblia, participar en la oración colectiva y promover la confraternidad cristiana. Los miembros hacen conexiones e instan a mantener las esperanzas orientando a los demás en lo concerniente a la preparación para la vida después de COVID-19.

En mis veinte años de servicio con el Ejército de Salvación y a través de un continuo diálogo con oficiales, soldados, empleados y voluntarios, he aprendido sobre el ministerio en “este lado de la viña del Señor”. Permítanme destacar algunas lecciones aprendidas, a modo de reflexión, acerca de la misión en el Ejército de Salvación a la luz de la crisis actual.

Necesidad de integridad

El ministerio del Ejército de Salvación requiere integridad. Los soldados y oficiales siguen a Jesucristo; estos, a su vez, influyen y proveen instrucción en sus comunidades. La integridad es una virtud prioritaria en el liderazgo cristiano. Como pastores, los líderes deben proporcionar espacios seguros para que el pueblo de Dios se desarrolle en su jornada espiritual. La integridad implica ejemplificar los principios y prácticas de la guerra de salvación para que otros soldados emulen y reconozcan que la lucha por el bien en nuestras comunidades también es de ellos.

Necesidad de inclusión

El ministerio del Ejército de Salvación debe proporcionar un santuario para la mente, el espíritu y el cuerpo. Muchas personas que buscan refugio se sienten atraídas por la comunidad de los seguidores de Jesús. Desean un lugar donde puedan respirar, donde sus pensamientos puedan fluir libremente, sin culpa ni condena. Tal vez no sea un lugar perfecto; considerando que, en un mundo caído, las personas heridas pueden lastimar a los demás, aun cuando estas buscan ser libres y sanas también. Aquellos que causan daño físico, mental y espiritual también pueden haber sido lastimados. Por lo tanto, nuestros Cuerpos tienen como objetivo proteger a aquellos que han sido heridos y proporcionar espacio para su sanidad, tanto individual como colectiva. Nuestra tarea es amarnos los unos a los otros; Dios es quien nos llama a cuenta y nos juzga. Los Salvacionistas son personas que acogen e incluyen a los demás, independientemente de su pasado y su presente situación social.

Necesidad de justicia

Para que sea una expresión de virtud cristiana verdadera, la integridad y la inclusión deben ir acompañadas de justicia. De acuerdo con las Escrituras, la proclamación del Evangelio debe ir acompañada con hechos de amor y bondad extraordinarios. Por ejemplo, Isaías instó al pueblo de Dios lo que sigue: “¡Aprendan a hacer lo bueno. ¡Busquen la justicia! ¡Reprendan a los opresores! ¡Hagan justicia a los huérfanos y defiendan los derechos de las viudas!”(Isaías 1:17, RVC). Y Santiago instruyó a los cristianos del primer siglo diciendo: “Delante de Dios, la religión pura y sin mancha consiste en ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y en mantenerse limpio de la maldad de este mundo”(Santiago 1:27). Juntas, estas virtudes equilibran cuidadosa y deliberadamente la fidelidad a la enseñanza bíblica, la doctrina y la tradición con la compasión radical y la misión pragmática.

Los oficiales y soldados del Cuerpo son defensores de la justicia en sus comunidades. Tienen un papel profético al enfrentarse a los principados y potestades para declarar “el año de la buena voluntad del Señor” (Isaías 61; Lucas 4:16-22; cf. Levítico 25:10) a todo el que necesita ser libertado. Desde la época de los Booth, fundadores del Ejército de Salvación, los Salvacionistas han notado que hablar la verdad no es suficiente; debemos vivirla. ¿No es esta la santidad cristiana?Es ser profético tanto en teoría comoen la práctica. Soldados y oficiales por igual luchan como Jacob (Génesis 32:24) con tales desafíos. Repetir puntos de conversación pseudorreligiosos que ya han sido mal usados y malgastados no es profético. Atreverse a hablar por el despreciado y marginado sí lo es. Tal audacia invoca la redención y la reconciliación, la cual produce el amor mutuo necesario en la comunidad cristiana.

Necesidad del poder de Dios

El ministerio del Ejército de Salvación depende del poder pentecostal como es visto en el Libro de los Hechos; no solamente desde el punto de vista carismático y metafísico, sino también desde una perspectiva compasiva y justa. En Hechos 3, Pedro y Juan —los apóstoles recién ordenados y comisionados— se encontraron con un hombre discapacitado. De acuerdo a las costumbres sociales y religiosas de esa época, el hombre fue excluido de la adoración en el templo; por lo que tuvo que mendigar por su sustento. Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te lo doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina” (Hechos 3:6). No solo se levantó y caminó, sino que ¡saltó y alabó a Dios!

Dios puede hacer cosas imposibles. Incluso puede restaurar la identidad y la dignidad de los seres humanos, para que sean totalmente humanos; dotados de la promesa y la esperanza. La iglesia primitiva desarrolló el ministerio de diáconos para suplir las necesidades básicas de los más vulnerables entre ellos (Hechos 6:1-15). Ese ministerio pentecostal se caracterizó por la inclusión. Por ejemplo, Felipe acompañó, le explicó las Escrituras y bautizó a un eunuco etíope que también habría sido excluido de las prácticas religiosas y sociales en el judaísmo (Hechos 8:25-40). En la medida en que los Salvacionistas se comprometen con la misión, debemos modelar tales expresiones del cristianismo primitivo con una vida ciertamente santa a través de todo el mundo.

Necesidad de la responsabilidad

Los Salvacionistas forman una comunidad reflexivo/activista. Las tentaciones del individualismo y el institucionalismo, es lo que Schuyller Rhodes llama “el pecado original de la iglesia” (Conferencia de Liderazgo Profético, Drew University, 2008), pecado que nos confronta a diario. Respondemos a esa tentación practicando un estado de revolución continua yuna vida de fidelidad. De esta manera, progresamos en nuestra expresión de fe y justicia. Cuando somos fieles a Dios en palabra y obra, podemos ser agentes de transformación. Podemos influir en nuestras iglesias y en sus programas. Como personas reflexivo/activistas, operamos en la dinámica tensión entre la adoracióny la afirmación. La adoraciónreconoce la presencia de Dios en la experiencia humana. La afirmacióndeclara lo que el Señor ha hecho, está haciendo y hará en y por medio del Ejército de Salvación.

Necesidad de diálogo

Como seguidores de Jesús, que hemos hallado nuestro nicho en las filas del Ejército de Salvación y que vivimos en este modelo reflexivo/activista, nos damos cuenta de que los sermones, sea que los hayamos escuchado, escrito o predicado, deben ser diálogos más que monólogos. Los oficiales han sido entrenados para hablar de 15 a 20 minutos cada domingo, sin esperar preguntas o comentarios de nuestra audiencia. Los soldados y oficiales locales que predican transmiten la misma exposición, centrada en el monólogo, como la tradición evangélica. ¿Qué pasaría si alentamos a las personas a reflexionar y responder sustantivamente durante y después de nuestras reuniones? ¿Cómo podría la proclamación del evangelio entrar y afectar los corazones y las mentes del pueblo de Dios?

Miremos al futuro

El ministerio en el Ejército de Salvación tiene como objetivo crear lugares seguros para que las personas participen en su jornada de fe. Eso se desarrolla y se manifiesta en el marco de las tensiones entre la compasión y la justicia, la acción y la reflexión. Los Salvacionistas son voces proféticas y agentes de transformación en sus comunidades. Su servicio humilde planta semillas de cambio y reconciliación en los corazones de los demás, cualquiera sea su función o nombramiento. El Ejército necesita soldados, oficiales, adherentes y amigos para perseverar y resistir la tentación al individualismo y al institucionalismo. COVID-19 ha presentado nuevos desafíos para nuestros ministerios, sin embargo, la tarea sigue siendo continuar transformando y reformando nuestras comunidades para que la próxima generación pueda llevar a cabo la tarea de transmitir una nueva esperanza y una tradición para que se convierta en una comunidad viviente: el pueblo de Dios.

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