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El Hacedor de Cruces

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En 2008, hice una visita pastoral a una paciente, en un hogar de ancianos, que había sufrido una terrible caída en el bosque cuando paseaba con su perro.

Mientras le ministraba, noté que —en la mesita de noche adyacente a su cama— había una pequeña cruz de madera que tenía una hendedura detrás. Me dijo que estaba ahí para acomodar su pulgar. Así, cuando oraba al Señor, le era más fácil ponerlo en la hendedura para sostener la cruz.

En ese instante pensé que podría fabricar ese tipo de cruces. Así que le pregunté si me permitía usar lápiz y papel para copiar la forma de su cruz. Quería reproducirla en el taller que tengo en casa.

Hasta hoy, he hecho y regalado unas 800 cruces. Las hago con madera de diversos tonos, tipos y colores que recibo de mis conocidos. Les pido que me traigan pedazos de madera de sus hogares. Basta con un pequeño trozo para hacer una cruz.

A veces, durante los servicios religiosos, coloco un caballete en el que exhibo 100 o más cruces en el patio trasero de la iglesia. Inserto un anuncio en los boletines de la iglesia, con lo que invito a la gente a elegir una de las cruces que se exhiben para que se la lleven a casa.

Otras veces, se las doy a los visitantes o a las personas que sé que necesitan orar por alguna necesidad particular. También suelo dejarlas junto a las camas de los pacientes en los hospitales o como regalos en los hogares. Se las he dado a los niños que asisten a la escuela dominical con la siguiente instrucción: “Muéstrales tu nueva cruz a tus padres, a tus amigos y a tus vecinos, y diles: ‘Mira lo que recibí hoy en la escuela dominical. Esta cruz significa que Dios me ama y que también te ama a ti’”.

He visto mis cruces en todas partes. En las paredes, colgando de los espejos retrovisores en los automóviles o en los carritos de golf, en las mesitas de noche, sobre los paneles de control y en las manos de personas que van a hacerse una cirugía.

Hacer cruces de madera es un pasatiempo y una parte importante de mi ministerio. Cuando le entrego una cruz a alguien, también le hablo acerca de la cruz de Cristo y del amor que mostró por todos nosotros cuando murió en ella. Oro para que todos los que han recibido mis cruces recuerden que Dios les ama. Mi ferviente deseo es que todos ellos entreguen sus corazones a nuestro Señor Jesucristo, que hizo el sacrificio supremo para salvarnos del pecado.

por el Mayor Lloyd Stoops

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