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El Grito de Guerra

Coronel Richard Munn

Con millones de ejemplares vendidos en las tabernas y en las esquinas de las calles, disponibles además en los Cuerpos en cantidades similares, la revista El Grito de Guerra del Ejército de Salvación ha superado la prueba del tiempo. Es una maravilla de 139 años de existencia cuyo nombre evoca tiempos bíblicos.

En aquellos días, los espartanos eran temidos por su bravura en la lucha y conocidos por su costumbre de ir cantando al campo de batalla. “¡Alcen el grito de guerra!”, exhortaba Isaías a los defensores de Judá asediada por los invasores. Y Pablo instaba a los corintios: “Si la trompeta no da un toque claro, ¿quién va a prepararse para la batalla?”

Esta es una pregunta perfecta incluso para un moderno Ejército de Salvación. Nada menos que el piadoso Samuel Logan Brengle tituló  un capítulo de su libro sobre santidad: “¡Griten!”

“Muchas reuniones de oración fracasan en cuanto a gritar”, advierte. Lo cual es mucho para una santidad discreta. David, el poderoso guerrero, comprendió instintivamente la psicología bélica. Desde la iniciativa que tuvo al enfrentar con decisión a un desconcertado Goliat, hasta el acto de apropiarse y convertir el himno de Baal que ahora conocemos como el Salmo 29, David lideró tanto en el campo de batalla como en la adoración.

Podríamos decir: “¿Por qué debería tener el diablo los mejores gritos de guerra?”

La revista Saturday Review, que hizo un reportaje sobre las bulliciosas reuniones del Ejército en 1879, menciona a un capitán “que vociferaba con tanto celo que casi no parecía humano”.

En la actualidad, los gritones en nuestro medio pueden sentir consuelo por el hecho de que el cielo va a ser probablemente un lugar con los más altos decibeles. En la Escritura, la expresión “en alta voz” se utiliza más de 20  veces.

El autor de esta canción lo expresó asi:

Dios está con nosotros, con nosotros,
así cantaban nuestros ancestros,
en todo el campo de batalla
resonaba en alta voz su santo grito de guerra.

¡Hurra!

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