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Dispuestos a pagar el precio

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El vecindario de Price Hill es uno de los peores de Cincinnati: una mezcla de drogas, pandillas, prostitución y vagabundos. Las sobredosis de heroína rompen récords allí.

“No es un lugar seguro después que el sol se esconde”, cuenta el Capitán Doug Richwine, copastor del Cuerpo West Side de Cincinnati. “Es realmente un vecindario difícil”.

Al centro de esta tormenta, el Cuerpo ha enviado un equipo misionero urbano conformado por cuatro miembros para realizar un ministerio de alcance a esa atribulada comunidad.

El equipo está integrado por James Eller, de 22 años; Kyle Mottinger, de 23; y los hermanos gemelos Curtis y Chris Zarmbus, de 21. El Ejército de Salvación cuenta con un equipo misionero urbano similar a este en Dayton, Ohio, programa iniciado por el Mayor Larry Ashcraft, comandante de la División de Ohio Suroeste y Kentucky Noreste (conocida por sus siglas en inglés como SWONEKY).

Vida nueva

El Capitán Doug y su esposa, la Capitana Patricia Richwine, dicen que el equipo misionero urbano ha revitalizado al Cuerpo conquistando a los adolescentes en peligro.

“Se ha visto un crecimiento lento cuyo pilar es el equipo misionero urbano”, indica el Capitán Doug. “Eso es lo que le ha estado infundiendo vitalidad a este Cuerpo. Lo ha ayudado de manera muy significativa. Ahora hay vida aquí. Hay propósito”.

Si Eller y Mottinger son nuevos en el vecindario, los hermanos Zarmbus se criaron ahí. Estos perdieron a sus padres, que fallecieron a consecuencia de enfermedades hace unos años, pero han hallado un nuevo propósito en sus vidas.

“Ambos jóvenes lograron ser salvos al venir aquí”, expresa el Capitán Doug acerca de estos hermanos. “Nunca habían asistido a una iglesia y fueron salvos en este edificio. Ahora, sin embargo, su situación cambió y son ellos quienes están liderando a otros.

“Yo soy pastor, maestro, formador de discípulos y mentor”, continuó el capitán. “Y transmito mensajes evangelísticos, aunque no soy evangelista. Estos muchachos sí lo son. Las personas se están salvando bajo su ministerio”.

Fuera de la Iglesia

La Capitana Patricia afirma que los hermanos han madurado en lo espiritual y en lo social, y agrega: “Ellos salen a la calle y saben cómo hablarle a la gente”.

Los hermanos Zarmbus dicen que haberse criado en el vecindario ha sido para ellos una ventaja en su ministerio.

“Ellos pueden relacionarse con nosotros”, señala Chris. “Saben que venimos del mismo lugar. Hemos vivido en el vecindario y nos conocen muy bien”.

El Cuerpo no contaba con muchos adolescentes en el pasado, pero ahora entre 10 y 15 de ellos se presentan los martes para el estudio bíblico, los viernes para disfrutar de los videojuegos y de una pizza, y los sábados para jugar cartas. También acuden a la iglesia los domingos.

Algunos de los adolescentes se presentan los jueves para ayudar a enseñar a los pequeños del Club de Niños.

“[La asistencia] continúa aumentando”, dice Curtis. “Cada semana, recibimos a dos o tres adolescentes más”.

Crecimiento espiritual

El Cuerpo ha llevado a algunos de los adolescentes a los Consejos de la Juventud y a otros eventos divisionales.

James Eller

James Eller

“Hemos visto a algunos profesar que han sido salvos”, indica el Capitán Doug.

Eller, que ha formado parte del equipo misionero urbano desde 2014, enseña clases bíblicas para adolescentes y dice que ha visto un crecimiento.

“Ellos se comprometieron desde el inicio”, afirma Eller. “La mayoría no sabía nada acerca de la Biblia, de Jesús ni del cristianismo. Ha pasado ya un año desde que llegaron por primera vez y la mejora ha sido asombrosa”.

Eller dijo que los adolescentes han estado participando en la competencia bíblica este año. Muchos de ellos ya se encuentran memorizando la Biblia en las clases de Cadetes Locales y de Soldados Adultos. Otra gran atracción ha sido el nuevo programa de representaciones dramáticas.

“Una vez que logremos formar un grupo bien consolidado, empezaremos las presentaciones dramáticas”, indicó Eller. “Los muchachos se sienten activamente comprometidos con el Cuerpo y ya están compartiendo el Evangelio con sus amigos, que han estado viniendo a la iglesia.

Una luz que brilla

“Están creciendo, están participando activamente y están dando todo de sí a esta iglesia; y creo que eso ha estado cambiando sus vidas”.

Kyle, que empezó a trabajar en el equipo misionero urbano el mes de agosto, dice que su actividad favorita es ayudar en el Club de Niños, al que los pequeños acuden para hacer manualidades, practicar deportes en el gimnasio, disfrutar las meriendas y leer juntos la Biblia.

“Muchos de los niños se crían sin la presencia de sus padres, por lo que reciben la influencia nociva de las drogas y la violencia”, expresa. “Veo al Ejército de Salvación como un faro de esperanza en medio de la oscuridad. Y estoy simplemente tratando de ejercer un impacto positivo en la comunidad en la que resido.

“Mi meta principal es forjar relaciones sólidas con algunos de los niños y adultos de esta comunidad, y ser para ellos una influencia positiva y un amigo”.

Kyle, que estudia actualmente en Cincinnati Christian University, conoció al Ejército de Salvación en una feria ministerial. Él vive en el vecindario al igual que James y los hermanos Zarmbus.

“Solemos pasear juntos por el vecindario y conversar con la gente”, cuenta Curtis.

Reunir a las ovejas

Kyle Mottinger

Kyle Mottinger

Muchos adolescentes pasan tiempo en la biblioteca pública. Chris recuerda haber estado allí leyendo la Biblia cuando tres adolescentes se le acercaron para hacerle preguntas. Los invitó a la iglesia, pero la sorpresa fue cuando se presentaron en su casa el domingo a las 6:30 de la mañana, listos para ir con él.

“Vinieron a la iglesia y escucharon el sermón”, cuenta. “Eso como que los cautivó. Desde entonces han seguido viniendo. Me encanta hacer lo que Dios nos pidió que hiciéramos”.

Una de las primeras cosas que Curtis y Chris hicieron fue invitar a los jóvenes al Cuerpo el día sábado a un juego de cartas llamado Yu–Gi–Oh. El evento atrajo a 18 adolescentes esa primera semana y a 15 o más todos los sábados desde entonces.

“Y todo eso gracias a un juego de cartas”, expresó el Capitán Doug, con un gesto de la cabeza que delataba su asombro.

Simplemente estar con ellos

Los viernes por la noche, los adolescentes pueden disfrutar de un gimnasio abierto, comer pizza y jugar con los videojuegos, a las cartas, a las adivinanzas y hacer fonomímica de canciones famosas (“lip-sync” en inglés).

“Es un momento en que se encuentran, comparten y conversan; y si alguno de ellos tiene algún problema, puede consultarnos”, dice Curtis.

Muchos de los adolescentes llevan vidas hogareñas difíciles, por lo que el equipo está a su servicio para alentarlos y apoyarlos orando por ellos.

“Asistir al Cuerpo les da la oportunidad de salir de ese entorno difícil y tener un buen ambiente al que acudir, aunque sea por sólo unas horas al día”, explica Curtis. “Ellos saben que hay personas que los aman y que vamos a estar con ellos, que los ayudaremos y oraremos por ellos. Poder hablar con ellos sobre las Escrituras es muy gratificante”.

Curtis expresa que algunos de los adolescentes le han confiado que van de un hogar a otro y que no siempre tienen la oportunidad de comer algo. La comida que el Ejército de Salvación les ofrece les ayuda muchísimo en su vida diaria.

Un lugar seguro

“Nos piden mucho que oremos por ellos”, indica. “Saben que a pesar de que la vida en sus hogares no es la mejor, tienen una familia aquí, con nosotros y con el Ejército de Salvación”.

La Capitana Patty cuenta que, para muchos de los adolescentes, el Cuerpo es un oasis que los protege y aísla de lo que ocurre afuera.

“Aquí hay estabilidad”, dice. “Ellos saben que pueden contar con estos chicos”.

El camino que ha recorrido cada miembro con el equipo misionero urbano es único.

Curtis explica que llegó al Cuerpo hace tres años para trabajar con la campaña de la olla roja, pero reconoce que su única motivación era ganar dinero.

“Una vez que empecé a trabajar con ellos, mi vida cambió”, recuerda. “Tuve la oportunidad de ver adónde va el dinero y cómo ayudan con él. Eso me cambió por completo. De un momento a otro me hallé haciendo esto, ya no por el dinero sino para ayudar a la gente”.

Escuchar Su llamado

Curtis indica que los Richwine lo ayudaron a sobrellevar la muerte de sus padres y a descubrir sus dones espirituales.

“Lo que me llama a seguir haciendo esto es el hecho de ver los rostros de las personas a las que ayudamos”, recalca. “Es sencillamente maravilloso ver cómo todas esas vidas han sido cambiadas”.

The Zarmbus brothers chat with the Captains Richwine about urban mission.

The Zarmbus brothers chat with the Captains Richwine about urban mission.

Chris cuenta que, cuando él y Curtis eran adolescentes, su familia luchaba por salir adelante. No había mucha comida ni vestimenta y el dinero no alcanzaba siquiera para lavar la ropa. Recuerda que se sentaba a orar en su cuarto para que su familia estuviese más unida.

“No tuve una familia hogareña, pero tengo una espiritual”, reflexiona. “En este Cuerpo tengo una verdadera familia… por eso sé que Dios existe. Yo sé que vela por mí en todo momento”.

Chris dijo que se sintió llamado al oficialato.

“Quiero ayudar a salvar a tantas personas como pueda”, manifestó. “Considero que el oficialato es la mejor oportunidad que tengo para poder hacer eso”.

Mottinger, oriundo de Indianápolis, abandonó sus estudios en Ball State University y estaba viviendo como “agnóstico” cuando su padre lo invitó a la iglesia.

En pos de la santidad

“Sentí el amor de Dios por primera vez gracias a las personas de esa iglesia”, expresa. “Eso transformó mi vida”.

Mottinger dijo que ese es el tipo de amor desinteresado que quiere mostrarle a la gente de Price Hill.

“Estoy muy consciente de que estar en las trincheras de un área difícil y alcanzar a esos niños me va a impactar profundamente”, manifiesta. “Eso va a cambiar mi perspectiva. Y es de esperar que esta experiencia también me acerque aún más a Jesús y me ayude con mi fe”.

Salvacionista de cuarta generación, Eller se crió en Dayton. Antes de venir a Cincinnati, trabajaba lavando platos en el Centro Comunitario Ray & Joan Kroc de su pueblo natal.

Su vida tuvo un vuelco dramático a la edad de 16 años, cuando el Teniente Stephen Mayes, entonces pastor de la juventud en Dayton, le enseñó acerca de la santidad. Eller escribió: “Mi meta en la vida es que la gente me mire y vea en mí a Jesús”. Él mantuvo esa meta escrita en su cuarto.

“A partir de entonces, inicié mi camino en pos de la santidad”, cuenta. “He recorrido un largo camino, pero todavía me queda mucho. El trabajo que realizo para el equipo misionero urbano, y todo lo demás que hago aquí, representa sólo parte de ese camino”.

por Robert Mitchell

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