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Dispara una salva

“¡Alabado sea el Señor!” “¡Amén!” “¡Aleluya!”

Estos gritos congregacionales pueden encender el corazón de cualquier predicador. Es más, pueden hasta suscitarse con gritos persuasivos como: “Dispara una salva”. El concepto apela a una imagen militar; y las palabras aleluya y amén son universales.

– “Alabado sea Dios” es una frase hebrea utilizada casi exclusivamente en el Antiguo Testamento.
– “Amén” aparece uniformemente a través de las Escrituras y es la última palabra de la Biblia.
– “Aleluya” intercambiable por la frase “Alabado sea el Señor,” fue utilizada solamente cuatro veces en la Biblia NVI.

Lo sorprendente es que todas aparecen en Apocalipsis 19.

Esta costumbre repetitiva es bíblica y está presente constantemente en las respuestas coreográficas y antifonales que hace el pueblo de Dios en su adoración. A través de los siglos, esta interacción se ha convertido en una modalidad de arte reconocida como “llamado y respuesta”, utilizada en la música de Jazz, la alta liturgia y en la predicación afroamericana.

“¿Cuántos pueden decir amén?”

En el Ejército de Salvación, la tradición refleja su formación tanto en el bullicioso avivamiento como en nuestra herencia musical. Aquí, se esperaba que la audiencia de la clase trabajadora participara en el espectáculo tanto para bien como para mal. Asistentes escandalosos, bulliciosos y hasta maleducados del público interactuaban con los actores, los comediantes y los bailarines mientras el maestro de ceremonia incitaba y animaba activamente hasta desarrollar un fino arte.

“¿Hay alguien aquí esta noche?

Brengle nos advierte en cuanto a las respuestas artificiosas, como “puro ruido”, pero luego nos recuerda que en los últimos tiempos, “el Señor mismo descenderá del cielo con un grito” (1 Tesalonicenses 4.16 NTV).

La última salva.

Coronel Richard Munn

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