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Después de la crisis

El mes de abril pasado, Luisa Gutiérrez pensó que iba a ir al Ejército de Salvación en New Haven, Connecticut, simplemente para recoger unos cuantos vegetales para su conejillo de Indias.

Así que recogió los vegetales, pero además se encontró con una vida completamente nueva para ella y sus hijos gemelos de 9 años cuando una trabajadora de casos se le acercó y le habló sobre un nuevo programa llamado Sendero de Esperanza [Pathway of Hope (POH, por sus siglas en inglés)].

“Todo cambió a partir de ese día”, declara Gutiérrez con una sonrisa que le ilumina el rostro.

“Era exactamente lo que necesitaba en ese momento”.

Stella Guitandjiev, la trabajadora de casos de POH en New Haven, dijo que Gutiérrez era “perfecta” para el programa.

“Se mostró muy deseosa por saber más, progresar y buscar una vida mejor para ella y sus hijos”, cuenta Guitandjiev.

Objetivos a alcanzar

Guitandjiev y Gutiérrez establecieron siete u ocho objetivos. Aun cuando Gutiérrez se motiva por sí misma, Guitandjiev dice que de todas maneras anima a su clienta a seguir avanzando siempre.

“Trabajamos juntas”, dice Guitandjiev. “Ella está estudiando para obtener su diploma de educación secundaria y le gustaría tomar clases de Asistente de Enfermera Certificada (CNA, por sus siglas en inglés)”.

Entretanto, los dos hijos de Gutiérrez asistieron al campamento CONNRI y al programa de verano del Cuerpo de New Haven. Además, asisten al Cuerpo los domingos y participan en el programa que se realiza allí después del horario escolar.

El camino ha sido muy difícil para Gutiérrez, que tiene suerte de estar viva.

Ella se crió en la República Dominicana y luego vivió en Puerto Rico antes de venir a los Estados Unidos en 1992, cuando tenía 18 años.

Mientras vivía en Danbury, Connecticut, Gutiérrez sufrió una experiencia que le causó un gran trauma. 

Sola en New Haven

Hace tres años, Gutiérrez dejó Danbury, su hogar durante 10 años, y se trasladó a New Haven.

“Me dije: ‘Vayámonos, cambiemos de vida y volvamos a empezar. No quería seguir viviendo en Danbury, donde todos me conocían. Cuando me mudé a New Haven, no conocía a nadie”.

Nada más llegar a esta ciudad, Gutiérrez se acogió al albergue para mujeres maltratadas, pero estaba ansiosa por irse a vivir a una casa permanente para ella y sus hijos. Ella conoció al Ejército de Salvación en Danbury y había recibido regalos de Navidad y otras ayudas del Ejército mientras vivió allí.

Ella es una gran creyente en el programa POH que descubrió en New Haven.

“Es lo mejor que hay”, dice. “Es muy bueno. Si realmente necesitas ayuda, si trabajas mano a mano con ellos, te ofrecen muchas cosas que pueden contribuir a cambiar tu vida”.

Gutiérrez también ha recibido ayuda del Ejército de Salvación para sus necesidades básicas,

incluyendo ropa, abrigos y transporte en autobús, pero es la orientación que brindada a su caso lo que hizo la diferencia.

Esperanza y ayuda

“No son sólo las cosas básicas e inmediatas las que necesitas”, explica. “Recibes mucho más que eso”.

Gutiérrez explica que además encontró apoyo, una iglesia para sus hijos Kendrick y Kenneth, y la posibilidad de relacionarse con otras personas. Guitandjiev es más que una trabajadora de casos: ella realmente se interesa en la vida de cada cliente.

Por ejemplo, a Gutiérrez le ofrecieron hace poco un trabajo de temporada como limpiadora en la Universidad de Yale, en New Haven, y Guitandjiev la alentó a aceptar la posición para mejorar su currículo y sus posibilidades futuras de conseguir un mejor trabajo.

“Me dieron mucho apoyo personal aquí y me ayudaron con muchas cosas”, cuenta Gutiérrez. “A veces Stella me dice: ‘Respira hondo’. Me anima a enfocarme en mi futuro. Ella siempre me llama para saber cómo me está yendo.

“Cuando veo personas que se interesan en mi vida y quieren que me vaya bien, me siento mejor. Cualquier cosa que necesites, no importa qué pueda ser, ellos están contigo apoyándote. Todos los días le doy gracias a Stella”.

Isaiah Salafia, antiguo coordinador regional de POH en la División de Nueva Inglaterra Sur, dice que más de 70 familias se han enrolado en el programa POH a lo largo y ancho de Connecticut.

Progreso paulatino

El programa POH opera en New Haven, Bridgeport y Meriden, Connecticut.

“A pesar de que sólo tenemos tres sucursales, podemos trabajar hasta con 60 familias a la vez”, indica Salafia. Sólo en New Haven, Guitandjiev ha enrolado a 31 familias, lo que representa un total de 111 personas.

“New Haven es en verdad el centro neurálgico de toda la División de Nueva Inglaterra Sur”, explica Salafia. “Su demografía es muy diversa. Vemos una mezcla más o menos pareja de familias latinas, afroamericanas, caucásicas y asiáticas”.

Si bien la mayoría de las personas están habituadas a irse a casa con algo tangible como una bolsa de comida y pañales, Salafia dice que el POH les ofrece a cada una de esas personas una estrategia de más largo plazo.

“Es difícil darles a entender que esta es una nueva estrategia, no sólo individualmente para los Cuerpos, sino para el Ejército de Salvación como un todo”, comenta. “Estamos tratando de realizar este trabajo pensando a largo plazo”.

Vidas que se consolidan

“Es un trabajo en desarrollo. Obviamente, como Ejército, como individuos y como trabajadores de casos, estamos en constante proceso de aprendizaje, pero nos ha estado yendo excepcionalmente bien. Los resultados que hemos podido constatar, en particular con relación a la reducción de la pobreza intergeneracional, han sido extraordinarios”.

Salafia, que acaba de ser nombrado coordinador de POH en el Territorio Este, trabajó en el programa de ayuda en casos de desastres antes de asumir su nombramiento en Nueva Inglaterra Sur. Solía ver a las víctimas de esos desastres durante la crisis y nunca más.

“Era un trabajo muy gratificante, pero tres meses después de la crisis no tenía certeza de que esas personas iban a seguir estando bien”, dice. “Tenerlos en el programa Sendero de Esperanza y trabajar con ellos entre seis meses y dos años, fortalece a los clientes y a sus familias”.

Guitandjiev dice que aconseja a muchas madres solteras que son inteligentes y tienen mucho potencial.

“Sólo necesitan que alguien les dé un empujoncito”, dice. “Yo te voy a llamar y te voy a fastidiar”. Y realmente soy insistente.

“Me mantengo diciéndoles: ‘Eres lista. Lo puedes hacer. Basta con que te esfuerces un poco más. Ya casi lo logras’. Pero algunas de ellas de todas formas se rinden y desaparecen. Cambian sus teléfonos y ya no es posible volver a contactarlas. No cuentan con ningún tipo de apoyo. Para ellas, el hecho de ver a alguien como Luisa, es un gran aliciente. Las ayuda a hacer lo que deben y a esforzarse un poquito más”.

Vale la pena

Gutiérrez dice que su vida hoy es muy gratificante y enriquecedora mientras ve a sus hijos, que ya son jóvenes soldados, dirigirse —Biblia en mano—, a la iglesia el domingo por la mañana.

“Cuando me siento triste, miro a mis hijos y me mejoro”, dice Gutiérrez.

“No sabes cuándo es que Dios tiene algo para ti. Tienes que estar lista. Dios tiene algo muy diferente para ti de lo que esperas, algo que puede cambiarte la vida”.

Por Robert Mitchell

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