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“Déjenlos decir…”

En el servicio de graduación del Colegio para Entrenamiento de Oficiales celebrado el Fin de Semana de Comisionamiento, el mensaje sincero de Kenneth Hodder a la sesión de los Discípulos de la Cruz fue alentador y a la vez sirvió de aviso.

Hodder, Comandante del Territorio de Kenia Oeste, dijo que como oficiales que sirven en un ministerio podían esperar ser incomprendidos tal como Jesucristo lo fue en su época. Hodder predijo que serían objeto de burlas y que incluso sus críticos se reirían de ellos. “Habrá días en que su fe les parecerá seca, vacía y desangelada”, les dijo. Pero Hodder los alentó a “comprometerse a amar”.

“Les hablo del tipo de amor por el que ustedes estén dispuestos o, mejor dicho, gozosamente preparados para desprenderse de todo en nombre de otra persona”, precisó Hodder. “Les hablo de un amor que va más allá de amar a aquellos que también nos aman a nosotros.

”Prepárense para hacer lo que Él hizo: dar todo lo que había dentro de Él, hasta quedar deshecho para que otros pudiesen conocer el amor de Dios”.

Hodder dijo que los cadetes enfrentarían noches en que no tendrían tiempo para dormir pues estarían ayudando a la gente y viviendo un Evangelio que la mayoría de los críticos considera un “escándalo y un bochorno”.

“Prepárense para desprenderse de lo que el mundo llama ‘dignidad’ y enfocarse en la dignidad de la fidelidad”, continuó Hodder.

“Cuando Dios los mire, no va a estar buscando evidencia externa del rango que ostentan, sus grados académicos, sus medallas o los puestos en los que han servido. Él va a buscar en ustedes las cicatrices que tienen”, explicó Hodder. “Dejen que la gente vea en ustedes amor”. Un aplauso cerrado fue la respuesta de la audiencia reunida en el Gran Salón Americano de Hershey Lodge.

Algunos llegarán a llamarlos “perdedores”, prosiguió Hodder.

“Eso está bien”, dijo. “Pero no importa pues, a la larga, ustedes van a descubrir que lo que esas personas les dicen es algo de lo que ya se habrán desprendido porque no valía la pena tener nada de ello para empezar.

”El Ejército y el mundo necesitan personas que sepan amar de esa manera. A menos que estén dispuestos a comprometerse antes que nada con una vida de amor incondicional, nada va a cambiar. Ningún destino se verá alterado. Ninguna vida se verá transformada. Ningún reino celestial habrá sido construido”.

Sin embargo, si están dispuestos a comprometerse, dijo Hodder, “todo es posible”.

“Déjenlos decir que ustedes están fuera de sintonía. Déjenlos decir que ustedes viven en el pasado. Déjenlos decir que el Evangelio ha perdido su poder y su relevancia. La opinión de aquellos que subestimaron a Cristo no perduró. Cualquier crítica que ustedes puedan tener que enfrentar como discípulos de Él tampoco perdurará. Entréguense por completo, ríndanse a una vida dedicada a amar a las personas en nombre de Jesucristo y todo lo demás se arreglará solo”.

Justo antes de que Hodder hablara, los Comisionados Barry C. y E. Sue Swanson, Líderes del Territorio Este de Estados Unidos, presentaron a cada uno de los cadetes un grado asociado en ciencia aplicada.

La ceremonia también incluyó la presentación de varios premios académicos.

El “valedictorian”, es decir, el cadete con las más altas calificaciones de la sesión de los Discípulos de la Cruz, con un promedio de notas de 3,97 (de un máximo de 4,0), fue la Cadete Allison Cornish, que también se llevó a casa los premios otorgados al Logro en Conocimiento de la Biblia (145 correctas de 150) y al Logro en Conocimiento de las Doctrinas. La Cadete Jessica Rock, con un promedio de notas de 3,85, fue la “salutatorian”, es decir, la segunda mejor alumna de su promoción.

El premio a Mejora en el Conocimiento de la Biblia fue otorgado al Cadete Shane Carter, que mejoró sus resultados en 53 puntos. El premio a Progreso en el Conocimiento de las Doctrinas fue otorgado a los cadetes Jonathon Lewis y Steven Thomas.

Cornish, que pronunció el discurso de despedida de la ceremonia de graduación, conocido en inglés como “valedictory address”, recordó que dos años antes los cadetes habían llegado al Colegio para Entrenamiento de Oficiales entusiasmados, nerviosos y sin saber qué esperar.

“Pero estábamos seguros de una cosa: la fidelidad de Dios”, expresó Cornish. “Los mentores y oficiales del colegio enseñaron a los cadetes tanto materias académicas como la manera de amar a Dios y aferrarnos firmemente a Él”.

Hizo notar cómo, en su fidelidad, Dios tomó a un grupo ecléctico de desconocidos y formó con todos ellos una sesión.

“Esa fidelidad no es pasajera”, agregó Cornish.

“La fe de Dios es eterna. No importa a dónde seamos nombrados, no importa todo lo que impliquen nuestras responsabilidades: Dios es y se mantendrá siempre fiel”.

por Robert Mitchell

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