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De la pobreza a la riqueza en Jesús

DelapobrezaUnion City, New Jersey

Nací en Honduras en un hogar con nueve hermanos. Crecí caminando descalzo por las calles de una pequeña ciudad al norte del país. Desde la edad de seis años comencé a asistir a la iglesia evangélica. En ese tiempo iba a la escuela y al llegar de regreso a casa, iba corriendo a vender comidas que mi madre preparaba. Eso hice por muchos años y así ayudaba a mi familia. Ante la necesidad económica con la que crecí,  busqué sin parar equiparme para el futuro. Ya a los 17 años, había aprendido ebanistería, tallado en madera y me gradué como contador en la escuela superior. En mi adolescencia entré a la Fuerza Aérea de Honduras, allí  gané una beca y me fui a Panamá a estudiar. Cuando salí,  vine a vivir a los Estados Unidos. Al principio fue difícil, pues sabía muy poco inglés pero con el tiempo  aprendí lo suficiente para registrarme en la universidad. Conseguí un grado asociado en Administración de Empresas, seguido de eso fui a Baruch College a seguir un grado en Administración Pública.

Fue así que al llegar a los Estados Unidos se me abrieron muchas oportunidades de empleo. Trabajé como gerente de importaciones y de personal de varias compañías. Luego tomé un examen para ser intérprete judicial y fui empleado por el sistema de Cortes del Estado de Nueva York. Allí trabajé por casi 14 años.

Aunque conocí al Señor desde mi juventud y estuve siempre sirviendo en mi congregación local, en los últimos años mi corazón comenzó a sentirse intranquilo y comencé a perderle el gusto a todo. Camino a mi trabajo me preguntaba con frecuencia cuál era el propósito de mi vida. No fue sino hasta que llegué al Ejército de Salvación que descubrí mi pasión por ayudar a otros. Después de un tiempo, mi esposa Marta y yo decidimos ingresar y fuimos aceptados para ingresar al Colegio para Entrenamiento de Oficiales y en el proceso renuncié a mi empleo y vendimos nuestra casa.

He vivido luchando guerras constantes pero ha sido una vida hermosa. No guardo malos recuerdos de nada, nunca me he puesto límites y estoy convencido que Dios me ha llamado para glorificar Su nombre en mi vida. Hasta la fecha, Dios me ha permitido lograr mucho más de lo que la gente que me vio crecer en extrema pobreza jamás hubiera imaginado.  He ganado concursos de dibujo, escultura y canto. Mi oración constante es que me dé sobriedad ante mi entusiasmo por la vida y humildad delante de Dios.

Junto a mi esposa, Dios nos ha bendecido con cinco hermosos hijos a quienes amo con todo mi corazón. Son niños felices y un gran apoyo para nosotros en lo que estamos haciendo. Estamos anticipando con gran entusiasmo el comisionarnos para dedicar nuestras vidas al servicio de Dios.

por Teniente Giovanni Romero

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