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Campistas Felices

El chillido de los grillos, una de las canciones de cuna que nos ofrece la propia naturaleza, resuena a lo largo de la noche en los bosques de los campamentos de verano del Ejército de Salvación, arrullando a los niños con su canto monótono antes de que se apaguen las luces. Pero, sorprendentemente, no siempre inducen el sueño, dice la Mayora Susan Kelly, ex secretaria divisional de la juventud (DYS, por sus siglas en inglés), quien ha dirigido campamentos de verano del Ejército de Salvación en Tecumseh y Star Lake.

Kelly pudo constatar, una y otra vez, que tras la puesta del sol, los grillos provocaban más bien el insomnio —y hasta un sentimiento de temor visceral— en varios niños de los barrios marginales de la gran ciudad que por primera vez participaban en un campamento. Más de una vez, un niño asustado e incluso agresivo le era llevado a su oficina, como directora de campamento que era, en medio de la noche por esa razón.

“Enfrentamos problemas conductuales que se presentaban sobre todo durante la noche. Descubrimos que los niños no estaban acostumbrados  a la quietud del bosque y al chillido de los grillos durante la noche. Para ellos, las sirenas de las ambulancias, las bocinas de los automóviles y los gritos de los vecinos son el ruido de fondo al que están habituados cuando se acuestan a dormir por la noche. El cambio de la ciudad a los sonidos inquietantes del bosque durante la noche les hizo sentir mucho miedo”, recuerda Kelly, y añade que los miembros del personal del campamento debieron ser entrenados para reconocer que los niños que reaccionaban con miedo o con pataletas no lo hacían porque se estaban portando mal.

“Es una manera de sentir y una costumbre. La mayoría de nosotros ni se fijaría en el chillido de los animales nocturnos. Pero a ellos les dan mucho miedo”.

En los campamentos de verano se hace mucho más que aprender a armar una carpa o disfrutar de un festín de empalagosos malvaviscos al fuego alrededor de una fogata al aire libre. Claro, esas actividades entretenidas pasarán a ser más tarde los más queridos recuerdos de la experiencia que los niños viven en los campamentos. Pero, actualmente, el Ejército de Salvación está sirviendo a jóvenes que llegan con mucha “carga” física, emocional y espiritual a sus cabañas en el campamento. El miedo a los grillos  es sólo un ejemplo de los obstáculos que deben superar una vez que se han alimentado física, emocional y espiritualmente. Los miembros del personal reciben entrenamiento y se les enseña que algunos de los campistas podrían estar lidiando con situaciones que ningún niño jamás debiese tener que enfrentar, explica Kelly. Por ejemplo, podrían ser objetivos de los vendedores de droga, de los líderes de pandillas y hasta de redes de prostitución. Otros tienen que enfrentar la negligencia o el abuso físico y emocional de sus padres. Algunos provienen de hogares en que suelen irse a la cama muertos de hambre.

Cualquier sea el desafío, sin embargo, los programas de campamentos del Ejército de Salvación ofrecen un régimen constante de ejercicio físico, comida sana y apoyo emocional cariñoso y, más importante aún, una introducción a la persona de Jesucristo. El objetivo consiste en que tras una semana de campamento, los niños estén capacitados para llevar el amor que han aprendido durante el desarrollo del programa al seno de sus propias comunidades, mientras siguen recibiendo apoyo de parte de los oficiales y programas locales.

“Jamás hemos hecho dinero. Siempre terminamos acumulando deuda con los programas de los campamentos de verano. Pero lo que realmente ganamos introduciendo a estos niños al Reino de Dios lo vale todo”, dice la Mayora Tonie Cameron, secretaria de comunicaciones del Cuartel del Territorio Este. Ella pasó de ser una niña campista a convertirse en directora del Campamento Long Point en Penn Yan, Nueva York.

Campistas felices

Cada verano a lo largo y ancho del país, unos 200.000 niños participan en los campamentos del Ejército de Salvación. Si tienes alguna duda en cuanto a los efectos positivos de los campamentos en los niños, revisa los estudios que se han hecho al respecto. La Asociación Estadounidense de Campamentos (American Camp Association o ACA por sus siglas en inglés), que brinda acreditación a los campamentos del Ejército, hizo un estudio en 2014 sobre los efectos emocionales de los campamentos en los niños. Algunos de sus hallazgos son: los padres de los niños constataron “significativos cambios positivos” en las habilidades sociales de sus hijos tras asistir durante dos semanas a un campamento. Y dijeron que sus hijos se sentían más felices  cuando regresaban a casa. Los niños también constataban cambios positivos en sus niveles de felicidad a causa de los campamentos.

Los programas de campamentos ayudan a los niños a aprender las habilidades de conocer y a llevarse bien con otras personas, dice la ACA. “Muchas prácticas y tradiciones de los campamentos —como cantar, bailar, contar historias, chistes y jugar al aire libre— aumentan los estados emocionales positivos de los niños, lo que lleva a los campistas a sentir lo que ellos describen como ‘felicidad’”, destaca la ACA.

Básicamente, cuando los niños concluyen su estadía en un campamento del Ejército de Salvación, ellos son en términos literales “campistas felices”.

Desconectarse: la valla tecnológica

Pero antes de que los niños se puedan entregar por completo a la experiencia del campamento tienen que desconectarse de la tecnología.

“En la actualidad, todo es electrónico”, dice Kelly. “No es culpa de ellos, pero no conocen otra manera de estimular sus mentes que no sea mirando fijamente algún tipo de pantalla electrónica. Cuando salen al aire libre, ni siquiera miran a su alrededor”. Kelly, que ejerce actualmente el cargo de Coordinadora de Área y de Oficiala Directiva en Toledo, Ohio, dice que este verano su Cuerpo enviará unos 110 niños al Campamento NEOSA en Carrollton, Ohio.

Brittany Parks es la Coordinadora para el Territorio Este de los Ministerios de Enlace Social Infantil y, como tal, ella supervisa programas clave como los Rayitos de Sol, las Niñas Guardias, el Cuerpo de Aventureros y los Boy Scouts. Ella viaja periódicamente a diferentes campamentos en todo el Territorio Este. En 2016, Parks fue a un encuentro nacional de exploradores adolescentes (o “jamboree”, como se conoce en inglés) en Missouri. Notó que cientos de ellos participaban en actividades al aire libre y que ninguno parecía extrañar sus celulares ni sus otros dispositivos electrónicos.

“¡Se estaban divirtiendo como nunca en su vida!”, recuerda.

¿Qué fue lo que marcó la diferencia? Es algo que ocurre con cada campista que depende de los aparatos tecnológicos, dice Parks. A fin de cuentas, se relajan y empiezan a sentirse a gusto en su nuevo entorno. Las emociones fuertes se calman y al cabo de un rato o unos días se conectan —cuerpo, mente, corazón y alma— con los hermosos árboles, pájaros, brisas y agua. Los “videojuegos” pasan a segundo plano como cualquier estrés que hayan podido traer consigo al campamento.

“Yo diría que esta es una propensión natural que tienen los niños —y no tienes por qué perderla cuando eres adulto— a disfrutar la naturaleza y la creación de Dios”, dice Parks. Ella participó por primera vez en los campamentos del Ejército de Salvación a los 13 años, cuando ella y su madre acababan de mudarse a Flemington, Nueva Jersey, tras haber vivido un tiempo en situación de calle. Asistió al Campamento Tecumseh en Pittstown, Nueva Jersey, donde vivió una experiencia que cambió su vida.

Parks hace notar que la tecnología les ha robado a los niños una habilidad vital, pero la experiencia del campamento se las restituye. “Cuando un niño juega con un iPad, su mente no tiene el desafío de crear o imaginar. Todo está hecho para ellos de antemano”, explica Parks. “Pero en el campamento, llegan a un punto en que no saben qué hacer con sus dispositivos electrónicos. Y es entonces que ves este ‘cambio’ en ellos. Esa naturaleza innata  vuelve a la vida y lo que hacen es inventar un juego o ponerse a contar historias. Una vez que ese cambio se hace sentir en ellos, ya no se les ocurre pensar que les hacen faltan sus sistemas de juegos electrónicos”.

Amor incondicional

Una vez que el personal del campamento ha logrado superar las barreras que los niños han traído consigo, es hora de tocar sus corazones. Pero ayudar a un niño con algún desafío emocional o espiritual no es algo que sucede de manera automática, y a veces requiere de una gran dosis de paciencia y de amor incondicional.

Kelly se acuerda de un campamento en que le trajeron un niñito de nueve años a su oficina varias veces por problemas de disciplina. Estuvo a punto de enviarlo de vuelta a casa. El niñito se había mostrado muy enojado durante varios días. “No quería hablar; no hacía ningún amigo. No quería alternar con nadie”, recuerda.

Una noche antes de iniciarse el programa vespertino, el niñito empezó a lanzar piedras. Su orientador hizo que el resto de los niños de la cabaña siguieran adelante mientras él se quedaba atrás con el pequeño. Caminaron juntos hasta la ribera, donde empezaron a lanzar piedras al lago, una tras otra. Las piedras caían salpicando el agua mientras ellos permanecían de pie uno al lado del otro sintiéndose muy a gusto, pero sin decir nada.

Finalmente, el orientador carraspeó una vez para romper el silencio y le preguntó: “¿Por qué estás tan enojado?” Este se echó a llorar. “Le abrió su corazón. Habían pasado muchas cosas en su hogar. Sus padres estaban separados. Los novios de su mamá iban y venían sin parar. Y a él le parecía que no contaba con el tiempo ni el amor de su mamá”, cuenta Kelly. “Después de eso su comportamiento cambió cien por ciento. Fue una transformación completa. Sólo necesitaba sacarse todo eso de adentro”.

Cameron también tiene una historia que contar. Cuando asistió a un campamento a la edad de ocho años, nadie sabía que ella estaba siendo violada en su casa en una de las torres de los complejos habitacionales para familias  de bajos ingresos. “Pero el hecho de contar con un entorno seguro—el solo hecho de tener eso— y un lugar en el que puedes ser tú misma, es algo tremendamente importante”, dice.

A los miembros del personal se les enseña a detectar moretones e informar cada vez que los niños revelan que se les está haciendo daño en sus hogares. “Cuando yo era Secretaria Divisional de la Juventud, una palabra que solíamos usar todo el tiempo era: ‘respeto’. Tú no tocas a nadie. Y nadie te toca a ti. Eso incluye a los orientadores y a los demás campistas. De modo que si alguien los tocaba, ellos venían a mí y me lo contaban. Eso también impide que los orientadores les hagan nada. El campamento es un lugar seguro y un buen lugar en el que estar. Era el único sitio de vacaciones que jamás tuve de niña”, dice.

Tres buenas comidas, una merienda antes de acostarse y mucha diversión

En la mayoría de los casos, los niños se sienten asombrados por la variedad de comidas que se les ofrece en los campamentos, dice Kelly. Los menús deben cumplir los estándares del Departamento de Agricultura de los EE.UU.

El Campamento Ladore en Waymart, Pensilvania, por ejemplo, participa  en el Programa Veraniego del Servicio de Comidas que ofrece el estado. Las horas de comida, el contenido de las mismas, la supervisión durante las comidas y el registro detallado de todo ello es decisivo para la continuidad del contrato. Todas las familias llenan un formulario que incluye información sobre los vales de comida (o “food stamps”, en inglés), TANF o el número de su caso FDPIR. El campamento sirve tres comidas todos los días, dos meriendas, una por la tarde (desde el camión de helados junto a la piscina) y otra antes de que los niños se acuesten a dormir. El personal ayuda a los campistas a tomar decisiones sanas en materia de alimentación de modo que se aseguren de ingerir suficiente alimento en cada comida y se aseguren de llevar una dieta bien equilibrada. En los Estados Unidos, muchas personas dan por sentado que tendrán una buena comida a cualquier hora del día, pero muchos de los niños que asisten a los campamentos no están habituados a comer este tipo de comidas sanas y nutritivas, explica Kelly.

“Parte de mi trabajo consiste en crear el menú”, cuenta. “Algunos de los campistas vacilan a la hora de probar un burrito para el desayuno. Hemos tratado de pensar en comidas creativas, y como tenían hambre, se las comían sin ningún problema y las disfrutaban. No estaban acostumbrados a disfrutar de tres buenas comidas al día y una buena merienda a la hora de acostarse”.

Puesto que la obesidad infantil está en alza a nivel nacional, las actividades al aire libre en el campamento también ayudan mucho a incentivar la acción física y el cuidado de la salud. En el Campamento Star Lake en Bloomingdale, Nueva Jersey., por ejemplo, un curso sobre cuerdas y nudos enseña a los niños la importancia del espíritu de unidad en el grupo. Los niños aprenden a permanecer conectados y a cooperar mientras se toman de la mano al llegar al final del curso.

Y, por cierto, no hay nada mejor que meterse al agua a nadar;  una de las actividades preferidas de los niños en todos los campamentos.

“Algunos niños nunca han ido a nadar. La sola idea de hacerlo les da miedo”, dice Cameron.

Los miembros del personal trabajan duro para asegurarse que cada niño se esfuerce al máximo por superar sus propios límites y probar nuevas experiencias.

“Los campamentos desafían a los niños de una manera diferente a la usual. Experimentan una sensación de logro, sea por el hecho de haber podido escalar un muro o por haber recibido su pulsera de natación, y para ellos eso es un logro tremendo”, explica Parks.

Las estrellas al alcance de la mano

Durante una sesión de campamento, sobran las oportunidades para despertar la conciencia de los niños a la majestad de la creación de Dios; y a la manera en que Él los ama. Uno de los recuerdos favoritos de Parks de sus días como orientadora en los campamentos es la “noche en medio de la naturaleza” (“wilderness night”, en inglés). Los niños van a un pequeño “campamento en medio de la naturaleza” donde duermen en carpas, se les enseña a hacer una fogata y realizan una caminata por el bosque o a campo traviesa bajo un cielo estrellado. Puesto que la mayoría de los niños son de los barrios marginales de la ciudad, donde el fulgor de las estrellas es bloqueado por las luces de la ciudad o por los rascacielos, esta resulta siempre una experiencia profunda para ellos.

“Cuando ves sus caras y lo brillantes que se ven las estrellas, es increíble. Ver la maravilla y el asombro en sus ojos, y ese momento en que reconocen que “Dios hizo eso y Él también te hizo a ti’, pone las cosas en perspectiva”, dice Parks.

Génesis 1:2 describe cómo “el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas”. Ese versículo significa mucho para Parks cada vez que recuerda esas noches estrelladas.

“Recientemente, me impactó mucho pensar en la paz que sentimos cuando estamos al aire libre en medio de la naturaleza. La presencia de Dios está en toda la tierra”, dice Parks. “Incluso si no eres creyente, las personas que se internan en la naturaleza y gustan de caminar en entornos naturales pueden sentir esa paz. Y esa es la presencia de Dios”.

Conocer a Jesús

Cada día en el campamento incluye alguna introducción, por breve que sea, a la persona de Jesús. Cada mañana, los campistas tienen un “encuentro” en el que entonan todos juntos cantos de adoración. Celebran devociones en la cabaña cada noche después de ducharse y acostarse a dormir. Se da las gracias al Señor por el alimento cantando durante las comidas al ritmo de la canción temática de “Los Picapiedras”.

“William Booth solía hacer eso”, dice Kelly, en referencia al Fundador del Ejército de Salvación. “Captar su atención es la manera en que les presentamos el Evangelio”.

El mensaje de Cristo condimenta las actividades del día. En vez de limitarnos a enseñar una lección de remo en bote, el orientador suele decir algo así como: “¡Subámonos a estos botes y aprendamos acerca de Jesús y los milagros que hizo en el Mar de Galilea!”

“En la mayoría de las actividades, se realiza algún tipo de aplicación espiritual”, recalca Parks. “Cuando eres niño, crees con todo tu corazón. Incluso si tienes una vida desordenada en tu hogar, mantienes intacta tu capacidad para creer”.

La semana culmina con actividades enfocadas en el mensaje de salvación que se realiza en el último día. El “Teatro Jesús” se presenta en la última tarde del campamento. Se trata de una historia del Evangelio representada mediante el drama y la música. En este marco, se invita a los niños a aceptar a Jesús como su Salvador personal.

Este método que aplica el Ejército de Salvación ha resultado tremendamente efectivo. Durante los últimos cuatro años, 28.000 niños han aceptado a Jesús como su Salvador en los campamentos de verano en todo el Territorio Este. Kelly estima que dos tercios de los campistas que llegan a un campamento jamás han asistido a la iglesia (es decir, sus familias no pertenecen a una iglesia o nunca han oído la historia de Jesús). Adicionalmente, una encuesta realizada por Barna Group en 2004 halló que el 43 por ciento de todos los estadounidenses que aceptan a Jesús lo hacen antes de cumplir los 13 años de edad. Ese dato marca un fuerte contraste con previas afirmaciones de que nueve de cada 10 niños se convierten en cristianos antes de cumplir los 18 años. En suma, la ventana de oportunidad para evangelizar las almas perdidas de los niños de este país se ha estado achicando, sostiene Barna, una compañía de investigación y proveedora de recursos con sede en Ventura, California.

“El Teatro Jesús ofrece una experiencia muy poderosa”, dice Parks. “Subestimamos la capacidad de nuestros niños para entender y comprender. Es algo en lo que solemos caer y no se justifica para nada. Los niños hacen preguntas sobre Dios y sobre quién es Él. Sienten un deseo real de saber más al respecto”.

Efectos positivos de los campamentos para el resto de la vida

Para aquellos que han conocido el amor de Dios personalmente en los campamentos, los efectos positivos pueden durar para toda la vida.

Cameron todavía se acuerda cuando conoció a Jesús en el Campamento SWONEKY en Oregonia, Ohio. Recuerda como si fuera hoy a los miembros del personal que le mostraron quién era Jesús a través de sus acciones como de sus vidas.

“Durante esa semana, el mundo fue un lugar diferente para mí”, recuerda. “Compartía con personas que no peleaban entre ellas. Con personas que eran buenas unas con otras. Era hermoso. Te hablaban sobre el amor de Dios. Era un lugar seguro para mí. Todas esas personas te amaban hasta el cielo, o sea, hasta el Reino”.

Quienes han trabajado en un campamento concuerdan en que no hay mejor sentimiento que el de saber que le han dado a conocer a un niño el amor de Dios. Kelly jamás olvidará el día en que un soldado de los EE.UU. se presentó en el Campamento Tecumseh en compañía de su novia.

“Estaba a punto de casarse y quería que ella viera los lugares que habían causado un impacto en su vida”, cuenta, y añade que ese recuerdo todavía hoy le hace llorar. Hasta se acuerda de la cabaña en que se quedó y el lugar donde estaba su cama.

“Yo creo que los niños recordarán lo que han aprendido aquí… debieran poder decir algún día: ‘El campamento cambió mi vida’. La verdad es que impacta a todas las personas que lo viven. En cada trabajo que he tenido como oficiala, he recalcado la importancia de los campamentos. He visto de primera mano cómo cambia para bien a los niños”.

por Heidi Lynn Russell

Para hallar el campamento más cercano, mira el mapa abajo:

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