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Bienvenida a ochenta “Intercesores Gozosos”

“Dios te está esperando. En ese momento preciso, y en la plenitud del tiempo, Él se acercará a ti.”

El Territorio Este de Estados Unidos de América celebró hace poco la llegada de 80 nuevos cadetes a su Colegio para Entrenamiento de Oficiales (CFOT) como parte de “Impacto 150”, la iniciativa de reclutamiento de cadetes que se inició en noviembre de 2014.

Por esas fechas, el Comisionado Barry C. Swanson, Comandante Territorial, aclaró que esperaba que cada salvacionista ejerciera un impacto importante en el futuro del Ejército de Salvación. “Dios ha puesto en mi corazón una carga por orar para que 100 nuevos cadetes se integren a la sesión de este año 2015 de Intercesores Gozosos”, dijo. “Con el número de cadetes y esposas que tenemos actualmente en el CFOT, esto representaría un total de 150 cadetes que se estarían preparando para convertirse en oficiales”.

El 11 de septiembre de 2015, ese impacto quedó de manifiesto durante una bienvenida pública a la reunión de Cadetes en el Centennial Memorial Temple, en la Ciudad de Nueva York. Esa histórica noche, los nuevos cadetes marcharon ceremoniosamente, con gran fanfarria y entusiasmo hacia el interior del templo y se ubicaron sobre la plataforma, justo al lado de la sesión de Mensajeros de la Luz.

“Les agradecemos, Comisionados Swanson, por su visión”, expresó el Coronel William A. Bamford III, secretario en jefe. “Dios nos bendecirá de manera especial. ¡Les presentamos a ustedes y a Dios esta magnífica sesión!”

Bamford también agradeció a los Mayores Laura E. y Thomas M. Lyle, secretaria asociada de candidatos y secretario del Departamento de Candidatos por sus incansables esfuerzos y eficiente campaña de reclutamiento.

Bamford les recordó a todos cómo, hace 14 años, una sesión similar a la de hoy debió responder a los horribles ataques del 9/11. “Y muchos de ustedes están aquí presentes en este salón”, agregó. Para honrar a los estadounidenses que perdieron la vida en ese fatídico día, Bamford invitó a los presentes a dedicar varios minutos a orar en silencio.

 “EL SEÑOR DE TODOS”

“¡Jesucristo es el Señor de las naciones!”, proclamó la Coronela Janet Munn, la recién nombrada directora del CFOT. Munn, que hace poco tiempo regresó al Territorio Este después de servir durante ocho años en Europa, oró con discernimiento y pasión por este cuerpo de cadetes diversísimo en cuanto a raza, etnia, nacionalidad e idioma. “Jesucristo es el Señor de Haití, Colombia, Jamaica, Argentina, El Salvador, México, Perú, la República Dominicana, España, St. Thomas y las Islas Vírgenes, Puerto Rico y los Estados Unidos”, remarcó. “Puede que hablemos y actuemos de manera diferente, pero somos un solo cuerpo. Provenimos de diferentes naciones, pero formamos una sola sesión”. Citó a este propósito un pasaje de la carta a los Romanos en la versión en inglés de The Message: “¡Sed gozosos en esperanza, pacientes en la aflicción y fieles en la oración!”

“EL INTERCESOR GOZOSO ORIGINAL”

“Pero, ¿qué es esto de un ‘Intercesor Gozoso’?”, preguntó de manera retórica el Comisionado Barry Swanson. La respuesta provino del equipo de los Ministerios de las Artes del Territorio (TAM, por sus siglas en inglés), los que se enfocaron, dramática y literalmente, en Simeón, un personaje bíblico a quien el profeta Isaías describió como una persona profundamente religiosa, devota, serena, paciente y santa.

Swanson agregó: “Simeón era lo que debía ser, cuando debía serlo y en el lugar donde lo debía ser”. Si bien los teólogos consideran a Simeón un personaje algo oscuro y secundario del relato bíblico, Swanson destacó que la sensibilidad de Simeón a la guía de Dios y su profundo conocimiento de la Escritura hicieron que su aparición en la línea cronológica de la historia bíblica fuese a la vez relevante y significativa.

El Comisionado Swanson expresó, acerca del hombre que había ansiado por tanto tiempo ese momento en que por fin pudiese mirar de frente el rostro del niño Jesús: “Simeón fue el vínculo profético entre las profecías del Antiguo Testamento y las realidades del Nuevo Testamento”. El Comisionado continuó diciendo que, en el momento preciso, en la plenitud del tiempo, Dios reveló a una persona aparentemente insignificante su papel protagónico en el escenario de la historia. Por cierto, cuando el propósito de la vida de Simeón alcanzó su cumplimiento, él elevó un canto al Señor.

En su mensaje, el Comisionado Swanson ofreció una palabra de aliento personal a todos los que se cuestionaban por la manera en que su vida podría entrar en el plan de Dios. “No sabemos de qué modo lo hace, pero de lo que no hay duda es que Dios está orquestando cada uno de los acontecimientos que ocurren en nuestras vidas”, destacó.

 EL ‘PESO’ DE ESTA BANDERA

Cuando la Comisionada E. Sue Swanson, presidenta territorial de los Ministerios Femeninos, presentó solemnemente la bandera de la sesión, le dijo al abanderado: “Te hago entrega de todo su peso a ti, con miras a que estés a la altura de su estándar, que lideres la sesión y que lideres así mismo a las demás personas que seguirán tus pasos”. Sus palabras, pronunciadas de manera pausada y con cuidado, se hicieron escuchar: “Lidera lleno de gozo. ¡Lidera movido por el Espíritu Santo!”

El Cadete Yuco Hall, procedente del Templo de Harlem, tomó en sus manos la bandera. Él había nacido en el famoso barrio de Nueva York conocido como “La Cocina del Diablo” (“Hell’s Kitchen”, en inglés) y, hace algunos años, sintió todo el peso del llamado al oficialato.

“Pero en ese entonces no me sentía preparado para dejar atrás mi estilo de vida”, había dicho durante su sermón de despedida en el Cuerpo. “Temía intentarlo, no quería hacer lo que el Señor me estaba indicando”.

Luego, un buen día, una serie de hechos cambiaron su perspectiva para siempre. Un tío suyo muy querido falleció. Ese tío le había enseñado a Yuco, cuando era muy niño, a jugar ajedrez durante una visita de tres días a la República Dominicana. Al momento de la muerte de su tío, Yuco perdió además a un muy buen amigo. Y luego perdió su trabajo.

Un Yuco a todas luces derrotado regresó a casa a vivir con su familia. “Ese fue un tiempo muy difícil para mí. Me sentí profundamente deprimido”, confesó. Sin embargo, durante esos días logró al fin confiar en el plan que Dios tenía para su vida. “Fue entonces que Él empezó a sacarme adelante”, recuerda Yuco.

El nacimiento de un sobrino también ayudó a afirmar la fe de Yuco. Se acabaron las excusas, se prometió. Hoy día, al tomar la bandera firmemente en sus manos enguantadas de blanco, también aceptó el “peso” al que la Comisionada Swanson había aludido tan significativamente. Portó la bandera con cuidado, la colocó en su soporte, y ajustó sus suaves pliegues rojos, amarillos y azules. Y tras arreglar bien su borla dorada, dio unos pasos atrás e hizo el saludo del Ejército de Salvación.

por Warren L. Maye

 

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