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Lecciones con los Flunky Junkies

Si sales a desayunar o a cenar en el área urbana de Worcester, Massachusetts, podrías encontrarte con una sesión de estudio bíblico y de compañerismo Flunky Junky. Y oirás a varios hombres confesarse entre sí sus luchas con las emociones, la vida y las adicciones.

Ellos contarán sus victorias y expresarán profunda gratitud por haber recibido una segunda oportunidad para enfrentar la vida y aprender cómo hacerlo a través del estudio de la Palabra de Dios. Y verás como director de la conversación al Capitán Pat O’Gara, administrador comercial del Centro de Rehabilitación para Adultos (ARC) del Ejército de Salvación.

“Por una u otra razón, esas personas han salido del programa del ARC o ya no están empleados por el Ejército de Salvación”, dice O’Gara. “Sin embargo, queremos seguir siendo parte de sus vidas y continuar nuestro ministerio entre ellos. Es así como se gestó el grupo de “Flunky Junky”. Al principio participaban en él sólo dos antiguos graduados del ARC: Ángel y Charlie.

“Era importante hacer esto en un entorno público”, dice O’Gara. “Jesús murió por nosotros en público, por eso queremos regresar a Él en público. Además, yo quería que se realizara fuera del recinto del ARC del Ejército de Salvación”.

En la sesión de estudio bíblico y de compañerismo Flunky Junky se utiliza The Life Recovery Bible NLT, una guía bíblica de 12 pasos para el proceso de rehabilitación, y su cuaderno de trabajo como instructivo. Más que enfocarse en la rehabilitación de las drogas y del alcohol, las reuniones Flunky Junky tienen que ver con la rehabilitación espiritual y con la reconexión con Dios. Una vez que finaliza la lección bíblica, los Flunky Junkies se dirigen juntos a la reunión de Alcohólicos Anónimos (AA), llevando el mensaje de Dios a otros “hermanos y hermanas” que están tratando de superar sus adicciones.

Una segunda oportunidad

“Mi padre iba a la iglesia todos los días, pero también me golpeaba todos los días”, recuerda Ángel, uno de los integrantes originales de Flunky Junky. “Mi madre murió cuando yo tenía cinco años y mi padre tenía más de 50 cuando nací. Así que su manera de criar hijos era ‘a la antigua’. Como es natural yo me rebelaba y, cuando nos mudamos de Brooklyn a Worcester, fue entonces que se disparó mi consumo de drogas.

“Cuando completé el programa del ARC, empecé a regresar a la iglesia al cabo de varios años de haberme apartado de ella. Hasta he dirigido algunos estudios bíblicos, lo que me encanta”.

Charlie, uno de los  Flunky Junkies originales, comparte su testimonio.

Charlie, uno de los Flunky Junkies originales, comparte su testimonio.

Ángel también se convirtió en empleado del Ejército de Salvación en calidad de gerente residencial del edificio del ARC en Worcester. Sin embargo, una acusación falsa le hizo perder su trabajo. Aun después que lograra limpiar su nombre, no pudo volver a conseguir esa posición. “Comprendí la razón por la que tenían que hacer eso, pero sentí mucha rabia”, recuerda.

A pesar de que Ángel consiguió empleo en la Tienda para la Familia del Ejército de Salvación, el golpe tuvo un efecto devastador en él y pudo haber amenazado su proceso de rehabilitación. “Yo sabía que muchas personas en una situación como la que yo enfrenté recaían de inmediato. Pero ese no iba a ser mi caso”, recuerda Ángel.

Por dicha, Ángel había permanecido en contacto con el Capitán O’Gara. Así que decidieron iniciar el grupo de compañerismo Flunky Junky para darles a Ángel y a las personas en predicamentos similares una segunda oportunidad para retomar los estudios bíblicos. Ángel le pidió a su patrocinador, Charlie, que participara. Si bien de vez en cuando tenían conflictos entre ellos, Charlie, que se había graduado con éxito del programa del ARC, parecía estar haciendo todo lo correcto para avanzar en su proceso de rehabilitación y había estado ayudando a Ángel a seguir cada uno de los pasos de ese proceso.

Charlie dice con una sonrisa: “Sé que a veces no soy una persona con la que resulte fácil trabajar. Pero el adicto se dará cuenta muy rápido de que a mí no me pueden venir con cuentos”. Antes de venir al ARC, Charlie había sido drogadicto por varios años, pero así y todo encontró la manera de proveer las necesidades materiales y económicas de su familia.

“No aparezco en las fotos de la graduación de la escuela secundaria de mi hija. Ella llevaba un vestido que yo le había comprado. Pero ese día yo estaba bajo el efecto de las drogas vagando por las calles. Cuando ella ve esas fotos, piensa en aquellos que aparecen a su lado. Eso es más importante para ella que lo que yo le había dado para que vistiera ese día. De cierta manera, les fallé a ella y a todos mis hijos. Hoy les digo a los beneficiarios: ‘Rehabilítate para que puedas tener un futuro con tus hijos. Si no lo haces, la idea de lo que pudiste haber sido te consumirá’”.

Tras cumplir el programa del ARC, Charlie siguió trabajando como voluntario y ayudando a otros adictos. Lo hizo por tanto tiempo, que otros beneficiarios llegaron a pensar que había fallado con el programa y que lo estaba repitiendo. Lo irónico es que a él le pareció que les había fallado a ellos.

“Llegó el punto en que tuve que dejar mi puesto de trabajo. Me dolió verlos luchar con sus adicciones, pero cuando me acercaba para ayudarlos, no había respuesta alguna de su parte. Quizás yo sea mi peor crítico, pero empecé a preguntarme seriamente: ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Los estoy ayudando en verdad?

El grupo de estudio bíblico Flunky Junky contribuyó a que Ángel y Charlie se reconectaran con lo que les encantaba hacer: ayudar a los demás a través de la Palabra de Dios.

Doug Mutton y su madre, Dee, también asisten a las reuniones de Flunky Junky. No son del Ejército, tampoco son adictos. Pero se unieron a sus nuevos amigos para escuchar y contar sus historias.

Doug recuerda: “Una noche, mientras cenábamos en un Burger King en Sturbridge, Massachusetts, mi madre y yo estábamos hablando sobre la idea de dejar de asistir por un tiempo a nuestra iglesia. Fue justo en ese momento cuando vimos al Capitán repartiendo Biblias entre los comensales. Estaba por empezar su lección de estudio bíblico.

“Escuchamos a esos hombres expresarse. Y fue algo realmente impactante. Era lo que estábamos buscando. Nos presentamos y desde entonces hemos estado viniendo a las reuniones de Flunky Junky.

“Dejamos que Dios dirigiera nuestros pasos y nos trajo hasta aquí. Suceden cosas increíbles cuando ponemos todo en Sus manos”.

La lección de hoy

Una cálida mañana sabatina de abril, en el interior de un Burger King en Sturbridge, se da inicio a una reunión de Flunky Junky. El Capitán O’Gara sirve burritos para el desayuno. Pero antes de que se inicie la lección, varios empleados de Burger King, que ya conocen a los Flunky Junkies, salen de detrás del mostrador para cantarle Cumpleaños Feliz a Lee, uno de los beneficiarios que acaba de cumplir 58 años. Lee sonríe cuando ellos ponen el pastel de cumpleaños frente a él.

El primer pasaje bíblico es de Job 14. “Pocos son los días, y muchos los problemas, que vive el hombre… ¿Y en alguien así has puesto los ojos?” Este versículo resuena en este grupo, pues todos luchan contra la plaga de la adicción.

Capitán Patrick O’Gara

Capitán Patrick O’Gara

El tema de la discusión es la pregunta: “¿Qué consideraciones te impiden confiarle a Dios por completo tus adicciones y tu vida?”

Charlie empieza diciendo que, si bien le confía al Señor su vida, no puede dejar de preguntarse: ¿Por qué a veces me siento impulsado a retomar mi adicción? ¿Cómo puedo fortalecer mi voluntad?

Ángel dice que no deja de pedirle a Dios que lo ayude con su nueva adicción: la de urgir a las personas a superar sus demonios personales y la airada frustración que siente cuando esas personas simplemente “no quieren entender”.

“Quiero intervenir en sus vidas, pero cuando lo hago les parece muy forzado”, dice. “Sé que eso es así porque recuerdo que sentía lo mismo cuando alguien trataba de ayudarme”.

Lee dice que no tiene otra opción que creer que Dios eliminará todas las adicciones de su vida. “Muchas veces, lo que quiero es salir corriendo. Puede ser muy fácil hacer lo que no es bueno, pero darle la espalda a Dios jamás será una opción para mí”, afirma.

Doug confiesa que aun como creyente, a veces teme que Dios no esté con él para levantarlo en caso de que tropiece y vuelva a caer. Dee describe las adicciones que ella o las personas cercanas a ella han tenido que enfrentar: compras impulsivas, fumar como chimenea, comer sin parar y apostar. “Esta última, la de los juegos de apuestas, es la peor de las adicciones. Es terrible”, afirma Dee. “No era yo quien caía en eso, pero me dolía como si se tratase de mí”.

John, el más joven y nuevo de los Flunky Junkies, reconoce que poner su confianza en Dios todavía es algo nuevo para él. Recuerda que estaba tan abatido que caía en todo tipo de excesos, desde tomar demasiado café a consumir drogas; lo que fuera necesario para dejar de sentirse mal. Está aprendiendo que lo que realmente necesita hacer es hablarle a Dios y pedirle que lo guíe.

“Lo único que quería era una vida decente, feliz. Nunca quise dinero ni una mansión. Ahora cuando me voy a la cama libre de adicciones, me levanto limpio, y eso hace que me sienta privilegiado”.

Mirar y escuchar

“Todos estamos juntos en esto”, indica Charlie. “Si hay siete de nosotros discutiendo el significado de un mismo versículo, lo que hacemos es escuchar siete testimonios, aprender siete lecciones y compartir siete vidas. Por lo tanto, esas vidas son de todos nosotros”.

“No diría que el estudio bíblico Flunky Junky sea un ‘ministerio al aire libre’, pero se acerca bastante a eso”, dice el Capitán O’Gara. “Aquí hemos tenido personas que se toman fotos con nosotros. Algunos escuchan desde lejos lo que decimos. Es interesante ver cómo opera el Señor. No buscamos la atención de nadie, pero acogemos a cualquiera que se nos acerque”.

A punto de concluir una nueva lección bíblica, los Flunky Junkies cierran sus Biblias y se aprestan a dirigirse a su reunión de rehabilitación. Los clientes de Burger King han estado observando y escuchando su conversación. Aunque siguen comiendo en silencio, se quedan sentados hasta que los Flunky Junkies se levantan para irse.

por Hugo Bravo

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