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Banco de penitentes

El solo hecho de ver el “banco de los penitentes”, en el que las personas se arrodillan y oran, conmueve el corazón del salvacionista.

El banco de los penitentes, diseñado y hasta calificado como un “lugar” donde las personas “se encuentran con Dios”, puede adoptar la forma de un tambor al aire libre, o de una silla en un gimnasio o de una banca en un campamento de verano. Al buen estilo del Ejército, la forma siempre pasa a segundo plano, pues lo que importa es la esencia.

Mencionado originalmente en el Antiguo Testamento como parte del Arca del Pacto, el banco de los penitentes ha sido también parte esencial de la estrategia evangelística y de la oración del Ejército desde sus inicios. El adolescente William Booth convocaba a las personas a orar ante una mesa en la sala de una casa campestre. Al hacerlo, emulaba el avivamiento de Charles Finney, así como al evangelista James Caughey.

Incluso sus nombres lo rodean de un aire misterioso: “banco del doliente”, “silla de angustia”, “banco de los penitentes”. Frecuentado por drogadictos, niños, y ancianos, historia explica que: “Todos buscamos al mismo Salvador”.

El banco de los penitentes ha permanecido. Ya anciano, Booth describió la experiencia de ver una larga fila de personas pasar a arrodillarse y a orar en el banco de los penitentes como uno de sus recuerdos más preciados.

Uno de los aspectos distintivos de las reuniones del Ejército es el llamado al banco de los penitentes. Es un momento clave. “El día que se deje de usar, acabaremos como Ejército”, advirtió el General Albert Orsborn. El llamado puede representar una oportunidad para el arrepentimiento, una señal de santidad o un momento idóneo para firmar el pacto con el Señor.

Nosotros “podemos manchar el banco de los penitentes con lágrimas de alegría así como con lágrimas de arrepentimiento”, escribe Nigel Bovey. Así es, el banco de los penitentes ahora está a su disposición.

Coronel Richard Munn

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