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Atendamos las necesidades de los veteranos

En agosto, el Ejército de Salvación realizó su celebración anual de Aprecio por los Veteranos y su Jornada de Puertas Abiertas en la Posada y Centro de Conferencias de Ladore, en Waymart, Pensilvania. El evento incluyó un servicio de oración dedicado a los veteranos de la localidad, un asado gratis y una exhibición de automóviles clásicos. Ese día el Reverendo Dale Pepper, coronel retirado y capellán de la Guardia Nacional del Ejército, y Fred B. Baker, comandante del Puesto 154 de la Legión Americana en Montrose, Pensilvania, compartieron sus impresiones sobre el costo de combatir en la guerra, las virtudes de la fe y el ministerio del Ejército de Salvación entre nuestros veteranos.

¿De qué manera se ve afectada por la guerra la fe de un veterano?
Dale Pepper:
Aquellos que han ido a la guerra ciertamente han vivido cosas que los hacen vacilar en sus creencias. Algunos empiezan a dudar que Dios esté con ellos. Pero, en gran medida, he notado que los veteranos, especialmente aquellos que han estado en el frente del combate, regresan con su fe en Dios fortalecida. Los que antes de ir a la guerra no tenían fe, comienzan a buscar a Dios. He podido constatar en el curso de mi ministerio que se confirma en los hechos, una y otra vez, el dicho según el cual “en las trincheras no hay ateos”. Siempre me he sentido agradecido al Señor por haberme dado la oportunidad de servir, primero en la Guardia Nacional del Ejército, y luego como capellán. Ha sido mi deber hacerlo, pero también ha sido un maravilloso privilegio y un regalo que Él me ha hecho.

¿Cuán receptivos se muestran los veteranos a su ministerio?
Pepper:
Los veteranos que no hablaban abiertamente acerca de su fe se mostraban agradecidos por contar con un capellán. Yo diría que el 95 por ciento de los veteranos a los que serví como ministro, quizás más, se mostraban agradecidos de que estuviese ahí para apoyarlos. Considero que la obra que realicé fue un ministerio presencial. Los veteranos a los que ayudé sabían que estaba ahí para acompañarlos espiritualmente y también como un verdadero colega de ellos. Yo conocía el dolor que sus cuerpos sentían. Conocía las angustias que experimentaban, porque yo mismo las había enfrentado en el pasado. Yo sabía cómo pensaban respecto del mundo, porque yo lo hacía igual en circunstancias muy similares.

 ¿Cuán importante son las iglesias para los veteranos?
Pepper:
Siempre hemos apreciado el apoyo que recibimos de las organizaciones religiosas como el Ejército de Salvación. Es muy significativo cuando los oficiales directivos les dicen a los veteranos que siempre oran por ellos.

Fred Baker: Las iglesias, por naturaleza, son de ayuda para los veteranos. Nada significa tanto para ellos como el que se les muestre aprecio por lo que han hecho. En la actualidad son más las personas que muestran ese tipo de afecto. La realidad hoy es muy distinta de lo que era cuando volví de Vietnam. Pero incluso en esa época conflictiva, la Iglesia siempre se mostró acogedora. Cuando regresé de la guerra, recibí ayuda de un orientador en una iglesia católica de Pensilvania. Aunque no soy católico, me ofrecieron orientación, la acepté y me sentí agradecido por ello.

Una de las secuelas más comunes que enfrentan los soldados tras regresar de la guerra es el “Trastorno de Estrés Postraumático” (TEPT). A su modo de ver, ¿qué es lo que más podría sorprender a la gente acerca de esa enfermedad?
Baker:
El 30 por ciento de la población tiene predisposición a ese trastorno. Eso quiere decir que el TEPT se desarrolla en una de cada tres personas que sufran una experiencia traumática, vayan o no a la guerra.

En la Segunda Guerra Mundial, el soldado promedio en el Pacífico vivió casi 40 días de combate. En la Guerra de Vietnam, gracias a la movilidad de los helicópteros y la efectividad de las nuevas tecnologías, el soldado promedio vivió 240 días de combate. Por eso es que el TEPT prevaleció tanto después de Vietnam.

Tras su primera experiencia de combate, un tercio de los reclutas ya muestran alguna forma de TEPT. Cuando envías a esos reclutas a su quinta o sexta campaña en Irak o Afganistán, eso aumenta. Lo que te dicen los veteranos es que ese trastorno nos afecta a nosotros y las relaciones que formamos en maneras que uno no se puede imaginar. Se necesita mucho tiempo para ayudar a alguien afectado por el TEPT a sobrellevarlo. Es una de las razones por las que perdemos cada día 20 veteranos que optan por suicidarse. A veces, cuando una persona que padece el TEPT no logra superar su trauma, ve en el acto de quitarse la vida la única salida.

¿Qué puede hacer el Ejército de Salvación para ayudar a atender las necesidades de los veteranos en la actualidad?
Baker:
He visto la valiosa obra que realiza el Ejército de Salvación entre las personas en situación de calle y con las víctimas de las adicciones. Ese tipo de enfoque y dedicación podría ayudar a los veteranos a recibir orientación y readaptarse a la sociedad, en especial los más jóvenes. Estos son muchachos que ingresan a las fuerzas armadas apenas se gradúan de la escuela secundaria y que no han tenido ni cultivado con el tiempo necesario una verdadera vida de adultos. Luego regresan a la vida civil sin nada, sin una red de protección y con ninguna  o muy pocas habilidades  sociales. Para servir en las fuerzas armadas se necesita adiestramiento, pero el regreso a la vida civil también requiere un entrenamiento especial. Una orientación individualizada o terapia grupal, realizadas en nombre de la Iglesia, serían de tremenda ayuda para esos veteranos.

Entrevista realizada por Hugo Bravo

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