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amor y seguridad en el Café para Jóvenes

Los Capitanes Herb y Miriam Rader han comprobado que Dios obra de maneras misteriosas.

Los oficiales directivos del Cuerpo de Manchester, New Hampshire, crecieron en el campo misionero de India, por lo que al comienzo no sabían qué pensar de su nombramiento en Manchester. Pronto se enteraron de que a ese lugar el gobierno federal envía muchos refugiados de diversos países, con lo que les dieron exactamente lo que los Rader siempre desearon.

“Hemos estado pidiendo que nos envíen al extranjero, lo que nunca ha ocurrido; pero vinimos aquí y tenemos personas de todos los países del mundo”, dice Miriam. “Ha sido maravilloso. Ha sido una bendición para nosotros.

“Este es un verdadero campo misionero. Es todo lo que uno se pudo haber imaginado. Lo que hacemos aquí es lidiar con asuntos de actualidad”.

Captains Herb and Miriam Rader, corps officers.

Los Capitanes Herb y Miriam Rader, oficiales del cuerpo.

El Cuerpo de Manchester ofrece un Café para Jóvenes (“Kid’s Café”), un programa de alimentación que se ofrece después del horario escolar y que ha resultado increíblemente exitoso. Este año celebra su vigésimo aniversario. Miriam comentó que a muchos de esos niños les encanta venir al café y al Cuerpo.

Crecimiento explosivo

“Muchos de los jóvenes que se integran al Cuerpo, llegan por el café”, informa Miriam, “y eso ocurre hoy más que nunca. Tenemos de 40 a 50 niños y jóvenes que vienen a la iglesia cada domingo por sí solos y todos ellos llegan por el Café para Jóvenes.

“En los últimos dos años, hemos enrolado a 30 jóvenes soldados”.

El Café para Jóvenes abre de lunes a jueves de 5 a 7 p.m., para las edades de 7 a 12 años. La Noche de Jóvenes (“Teen Night”) es el viernes y el sábado de 6 a 10:30 p.m.

Bob Champagne, en su calidad de director del centro comunitario, ha liderado el Café para Jóvenes desde el principio, dice: “Empezamos hace 20 años reuniéndonos una noche a la semana con 12 jóvenes y ahora lo hacemos seis tardes cada semana”.

Champagne dijo que entre 110 y 120 jóvenes suelen presentarse cada noche.

“No hemos bajado de 100 en ninguna Noche de Jóvenes todo este año”, afirma.

Varios complejos habitacionales para residentes de bajos ingresos rodean el Cuerpo, por lo que la mayoría de los niños se vienen caminando al Café para Jóvenes desde un radio de no más de seis cuadras de distancia. Champagne precisó que el 97 por ciento de los niños califican para recibir almuerzos gratis o económicos en las dos escuelas primarias que el programa sirve.

Juegos y entretenimiento

Champagne declaró que se hablan 176 dialectos en las escuelas de la localidad. Los refugiados más recientes son kurdos iraquíes, algunos de los cuales lograron huir de situaciones de alto riesgo.

loveandsafety_ins1“Como ciudad, somos un destino de refugiados para el gobierno federal”, indica. “La diversidad en este programa es inmensa”.

Los niños vienen y disfrutan de una cena ordenada (en la que varios voluntarios supervisan cada mesa) y luego participan en una serie de actividades idóneas para ellos. Algunos de los niños se quedan en el gimnasio y juegan balón prisionero (“dodge ball”), mientras otros pasan al salón de juegos, que está equipado con juegos de última tecnología, incluyendo PS3s, Xbox1s y Kinect.

También hay una sala de billar y un laboratorio con 28 computadores. El propio Capitán Herb Rader ha enseñado a varios niños a desarrollar sus habilidades en los juegos de video.

Champagne señala: “Siempre hay algo en lo que los niños se pueden ocupar”.

Champagne, que creció en el Cuerpo, dice que anima a los muchachos a seguir estudiando en la escuela para después ir a la universidad o a servir en las fuerzas armadas.

El legado

“Estoy convencido de que todos estos jóvenes tienen oportunidad para salir de la pobreza”, dice. “El día del año en que me siento más orgulloso es aquel en el que voy a todas las graduaciones de escuela secundaria y puedo ver a algunos de estos chicos graduarse. Para mí, ese es un día verdaderamente gratificante.

“Es fácil decirlo, pero hay que hacer el trabajo. Tienes que estar con los chicos y mostrarles que los quieres. Tienes que mostrarles que te preocupas por ellos. Jesús nos llama a mostrar el amor que sentimos por los demás”.

Paul Fitzgerald, que ha sido cocinero del Café para Jóvenes durante 19 años, está de acuerdo.

“Vemos muchos niños que van a salir adelante y serán exitosos”, dice. “Uno se siente bien por ser parte de esto. Muchos niños que nunca han contado con un entorno familiar, aprenden y asimilan sus valores morales aquí. Si no reciben esos valores en casa, pues los reciben y los aprenden aquí”.

El Café para Jóvenes depende de voluntarios que proceden de la misma comunidad, incluyendo las universidades locales.

“La interacción entre los voluntarios y los niños es muy dinámica”, dice. “Muchos de nuestros voluntarios son muchachos que han crecido aquí mismo”.

Encontrar un hogar

Entre aquellos que han regresado para ayudar está Korum Roumraj, de 20 años, oriundo de Sudán del Sur, y quien pronto ingresará a la Fuerza Aérea. Roumraj ha estado viniendo al Café para Jóvenes desde que tenía 7 años y ahora trabaja como voluntario.

“Aquí hay algo que hacer y eso ayuda a los niños a mantenerse alejados de los problemas, con lo que evitan hacer tonterías en las calles”, afirma.

Otro voluntario, Dustin Rivard, de 23 años, empezó a venir al Café para Jóvenes a la edad de 6 años. Dijo que el programa les da a los chicos la “consistencia” que posiblemente no tienen en casa.

“Nadie se va de aquí”, dice. “Siempre están presentes si los necesitas. Eso es lo que yo recibí. Aquí cuento con mucha consistencia. Es, simple y llanamente, un buen entorno en todo sentido.

“Servir como voluntario es la manera que tengo de compensar lo que me dieron a mí. Entiendo y sé muchas de las cosas por las que los niños están pasando. Es bueno estar aquí con ellos”.

Un lugar seguro

loveandsafety_ins2Rivard creció cerca del Cuerpo y, si bien su familia no era pobre, “no teníamos mucho dinero y siempre era bueno poder venir acá a comer, usar las instalaciones y hacerse amigo de muchos de los otros niños.

“Este es el lugar donde pasaban el rato juntos, se veían y se divertían, y hacían lo que los chicos hacen durante una hora y media”, dice. “El programa saca de las calles a muchos de esos niños, especialmente a los adolescentes”.

Champagne comentó que el Ejército de Salvación es uno de los tres “lugares seguros” que hay en Manchester.

“Los padres de estos chicos saben que es un lugar seguro donde pueden traer a los niños”, dice. “Nos conocen como la iglesia que somos. Nos conocen como un lugar seguro”.

Eso fue importante para Daisy Cruz, una madre que en 1999 llegó a los Estados Unidos desde Puerto Rico. Ella tenía poco dinero y cuatro hijos, todos los cuales hallaron un hogar en el Café para Jóvenes.

“Tuvieron la posibilidad de venir aquí, mantenerse alejados de las calles y estar en un entorno seguro”, dice. “Pudieron hacerse amigos con los demás chicos y aprendieron a ayudar a otros pequeños necesitados”.

Compartir a Cristo

“Todos solíamos venir aquí a pasar la tarde, para luego regresar a casa a hacer las tareas escolares. Todos aquí son como una familia y tratan siempre de mantenerse conectados. Mis hijos sienten mucho aprecio por ese espíritu familiar que reina aquí”.

Su hijo, Luis López, regresa para servir de voluntario.

“Desde niño aprendí que siempre hay alguien aquí que te puede ayudar”, dice. “Esa es la razón por la que regreso. Me siento muy agradecido por haber podido contar con este lugar y haber podido venir aquí cuando era niño. Y esta es la manera en que puedo mostrar mi aprecio por la ayuda que recibí”.

Una oración antes de la comida en el Café para Jóvenes, es a lo que se reduce todo el énfasis espiritual del programa.

“Los programas de la iglesia están disponibles para los jóvenes”, dice Champagne. “Tres de los chicos que han pasado por el Café para Jóvenes han llegado a ser oficiales”.

La Capitana Miriam Rader comentó que a menudo se sienta a cenar con las chicas durante el Café para Jóvenes y las invita al programa de Rayitos de Sol así como a los de música, danza, teatro y panderetistas, donde se comparte a Cristo con toda libertad.

Salvar a algunos

“Una vez que has conseguido a cinco o seis, ellos hacen el resto”, dice la Capitana Rader.

“Muchos de ellos nunca han asistido a una iglesia. Les enseñamos el ABC de la salvación (es decir, a seguir los pasos que los llevarán a aceptar a Cristo) antes de poder enrolarlos como jóvenes soldados. Hay que entender que por primera vez entran en contacto con la iglesia y con el cristianismo. Muchos de esos niños que ahora llegan a la iglesia vienen de un entorno hindú y budista”.

Rader dijo que los padres vienen a los eventos especiales, pero no a la iglesia.

“No tienen problema con dejarnos enseñarles a sus hijos acerca de la Biblia, lo cual por cierto es muy bueno”, dice. “Los musulmanes no te dejan hacer eso, pero los hindúes y los budistas sí”.

Miriam observó que a las chicas que vienen de Nepal y de la India les encanta bailar. Cuando notó en el laboratorio de computación que miraban a las bailarinas de las películas de “Bollywood”, las animó a que formaran un grupo de baile.

“Crearon un grupo de baile y al poco tiempo ya teníamos 20 chicos nuevos que asistían al programa cada jueves”, informa Rader. “Simplemente empezaron a venir y a traer a sus amigas y amigos”.

Cómo ganarse la confianza

Rader dice que cree en las visitas a los hogares, por lo que ha desarrollado una relación con los padres, que la llaman cada vez que sus hijos enfrentan problemas en la escuela o necesitan algo.

“Yo sé dónde viven todos los niños que vienen a la iglesia”, dice. “Y visito a sus familias.

“Así era como se hacía esto antiguamente en el Ejército de Salvación. Hoy tenemos que hacer las cosas de manera diferente, lo entiendo. Pero, al mismo tiempo, no puedes dejar de visitar los hogares de esas familias. Esa es la clave para conseguir que la familia apoye lo que estamos haciendo”.

Durante un Café para Jóvenes que se realizó hace poco, la sargenta primera Sheri Davis estaba presente con el fin de mezclarse con los niños en el salón de juegos.

“Son una sola familia”, dice Davis acerca de los niños. “Ellos vienen a la iglesia. Ya no es el Café para Jóvenes y el Ejército de Salvación. Ahora es sólo una gran familia”.

por Robert Mitchell

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