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Ama el lugar donde vives

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Resistente y resiliente, la plantita ha recorrido toda la costa del noreste de Estados Unidos. Se encuentra ahora en una cocina bañada por la luz del sol, infundiendo vida en el alma de la Mayora Jodi Lloyd.

Lloyd insiste en que no tiene mano para la jardinería y que las plantas se marchitan cuando las toca, pero ha cuidado a esta plantita a lo largo de los años en que se ha venido trasladando de un nombramiento a otro en el Ejército de Salvación. Es lo primero con que adorna el salón de los oficiales.

Para Lloyd, es un símbolo de que el nuevo y todavía extraño entorno es ahora su “hogar”.

“He tratado de cuidar a esta única planta”, dice Lloyd, quien se desempeña como secretaria territorial asistente de la juventud en el Cuartel del Territorio Este. “Cuando la miro, recuerdo que tu hogar es donde estás plantada. Me digo a mí misma: ‘No importa dónde vayas, este va a ser tu hogar, y ahora crecerás y aprenderás cosas nuevas. Así que disfruta del tiempo que pases aquí y vive nuevas experiencias que puedas recordar en el futuro y así mostrarte agradecida por las que traes del pasado’”.

La vida de una oficiala del Ejército de Salvación se caracteriza por frecuentes traslados a nuevos Cuerpos y a ejercer las más diversas funciones de liderazgo. Sus hogares no son propios; casi nunca les avisan con mucha antelación y tienen que recoger sus cosas y mudarse al próximo lugar, que suele hallarse muy distante de donde se encuentran y donde deben comenzar a ejercer  las funciones de un nuevo nombramiento. Pero algunos oficiales, como Lloyd, han descubierto las alegrías y las maneras de lidiar con esos cambios súbitos de vida que supone cada nuevo traslado. Al despedirse de sus amigos y de los soldados del Cuerpo, aprenden a acogerse a sus nuevos y diferentes hogares de maneras muy personales.

Para Lloyd, la planta que lleva consigo de un nombramiento a otro se ha convertido en un potente recordatorio de la presencia de Dios durante los primeros, difíciles y solitarios días al poco de iniciar un nuevo traslado.

“Para mí es algo muy personal, algo así como un recordatorio físico visible: Dios ha estado contigo. Él te ha hecho crecer y ha estado al lado de tus  hijos. Eso es algo profundo para una plantita, pero es por lo mismo un recordatorio visual tremendamente efectivo. Esta planta proviene de un lugar particular; además, hay versículos en la Biblia que dicen que nosotros estamos  ‘arraigados’ en el mundo (Colosenses 2:7) y de que somos ‘robles de justicia’ (Isaías 61:3). Esta planta me recuerda esa conexión física con Dios”, dice Lloyd.

Si te has visto desarraigada recientemente de tu hogar, estas son algunas de las maneras en que Lloyd y otras oficialas de carrera del Ejército de Salvación se han podido adaptar para amar el lugar donde viven:

La “historia” de tu familia en cada hogar

LoveWhereYouLive_ins2Lo primero que hace la Mayora Susan Wood al entrar por primera vez a un nuevo lugar, que en adelante va a ser su casa, es colgar las fotografías. Junto con ello, coloca sus adornos de fantasía y todo tipo de ornamentos sobre las mesas de la misma manera en que los tenía colocados en la última casa que habitó con su familia. Esta congruencia le ha permitido a la familia Wood recordar su propia “historia”, a saber, que su familia es la que conforma “el hogar”. Wood y su marido Terry se encuentran sirviendo en el Centro Comunitario Ray & Joan Kroc en Camden, New Jersey.

“En realidad, eran las fotografías las que hicieron de esta nueva casa nuestro hogar, y eso ha sido así en cada una de las casas en que hemos vivido”, cuenta Wood. “De modo que nunca se ha tratado de la casa. Yo siempre les digo a mis hijos: ‘La casa es la casa, pero todo esto (las fotos y los ornamentos) somos nosotros, y es nuestra propia historia la que llena la casa’”.

Wood también guarda varios recuerdos que atesora: un espejo de tocador va siempre encima de su cómoda en el cuarto principal. Una figurita de Blanca Nieves, un tesoro que guarda desde hace muchos años, tiene reservado siempre un lugar de honor. Un grabado en que se ve a una joven amish y el mensaje: “Siempre recuerda que eres amada”, regalo que recibió de su esposo Terry, lo ha atesorado por años. Estas y muchas otras cosas, todas ellas, forman parte de una suerte de tapiz personal en el que abundan los recuerdos, explica.

“No se trata aquí de las cosas que tengas. Siempre he dicho: ‘Estamos en un nuevo hogar, pero es nuestra propia unidad familiar. Somos nosotros. Estamos juntos. Estamos aquí’,” explica Wood. “Incluso ahora, los niños regresan a una casa en la que nunca antes habían vivido, pero nos tienen a nosotros, y todos juntos formamos la unidad familiar”.

Rodéate de comodidades

Los aromas despiertan los recuerdos y pueden hacer que los lugares nuevos nos parezcan más acogedores. Con esto en perspectiva, la Mayora Cheriann Stoops, oficiala directiva en el Cuerpo de Montclair, New Jersey, de inmediato se pone a hervir agua —a la que añade palitos de canela— apenas entra a su nuevo hogar. Es una manera instantánea de crear un entorno cálido, afirma. También puedes tener preparada una bandeja para hornear y una espátula, junto con masa para hornear galletas de esa que se compra preparada en el supermercado. Ponla al horno apenas llegues y llena tu hogar del delicioso aroma de galletas recién horneadas.

Una de las cosas que es un verdadero desafío para las oficialas es que las decoraciones varían de una casa a otra, dice Stoops. “Algunas casas son de estilo campestre. Otras, de estilo moderno. Hay objetos que no resultan armónicos cuando se los traslada de una casa a otra”, explica. En uno de sus salones, había un espacio abierto que llegaba hasta el techo del segundo piso, con una ventana enorme justo encima de la puerta de entrada. Y tenía una repisa en la que había que poner algo.

“Lo que hice fue comprar un lindo florero en el que puse flores secas multicolores. Es cosa de hallar rápidamente algo que vaya bien en ese hogar y que sirva para definirlo e imprimirle carácter, de modo que al entrar una pueda decir: ‘Este hogar es nuestro’ ,” afirma, y añade que sus tiendas favoritas de decoraciones son Hobby Lobby y Home Goods.

Los elementos sencillos pueden transformar la personalidad de un cuarto o salón, lo que es importante cuando trabajas con un presupuesto limitado, reflexiona Lloyd.

“Las almohadas y un toque de color pueden aportar un cambio de ambiente a un cuarto, y también lo hacen con gran efecto las mantas sueltas. Trata de que el espacio esté siempre limpio y ventilado. En un baño, la cortina de la ducha puede cambiar la sensación de inmediato, y los colores de las toallas pueden transformar el aire que se siente en ese pequeño espacio”, agrega.

Haz del traslado una “aventura”

Los hijos de los oficiales también tienen que adaptare a esos cambios repentinos y a sus nuevos hogares. Wood, Lloyd y Stoops han hecho un hábito de decirles siempre a sus hijos que la mudanza fue una “aventura”.

“La manera en que te lo tomas es la misma en que tus hijos se lo toman”, dice Wood.

Una de las primeras cosas que puedes hacer es ayudar a tus hijos más chicos a adaptarse con rapidez a su nueva escuela y acordar como familia si van a ir a la escuela en el bus escolar, o si los papás los van a pasar a dejar en el carro, o si la escuela está lo suficientemente cerca como para que se vayan a pie. En la importancia de eso concuerdan estas tres mamás.

Instala de inmediato a tus hijos en sus cuartos. Deja que ellos mismos elijan la ropa de cama que prefieren, dice Wood. “Nosotros les decimos: ‘Este es tu cuarto’, e incluso si la ropa de cama ya estaba ahí preparada para ellos de antemano, ellos la suelen aceptar como propia. Así que compra el tipo de ropa de cama que te parezca mejor. Y lo mismo con la pintura del cuarto: tú misma les puedes pintar la alcoba con el color que les resulte más agradable”.

Wood recurre además a un rito que viene realizando de larga data. “Dentro del primer par de semanas, consígueles una tarjeta de acceso a la biblioteca pública, pues eso les hace sentir que forman parte de la comunidad”.

Y planifica cosas que puedan hacer en la casa todos juntos como familia, como un huerto en el jardín de atrás para el verano que se avecina, o incluso una casa en un árbol, en caso por cierto de que cuenten en el jardín con un árbol grande, frondoso y acogedor. Quizás haya espacio en el garaje en el que los papás y los hijos puedan a su vez planificar proyectos de carpintería o con el carro.

Básate en la Escritura

Cuelga versículos bíblicos en lugares estratégicos de tu casa para que te acuerdes en todo momento de la fidelidad de Dios, propone Stoops.

“Tenemos un letrero que dice: ‘¡Sé fuerte y valiente!’ (Josué 1:9) que colgamos junto  a la puerta por la que solemos salir a la calle. Es un gran recordatorio de que no importa dónde te encuentres o cuál sea tu nombramiento, Dios va delante de ti en todo momento. Ese letrero siempre lo ponemos apenas llegamos a un nuevo lugar”, dice.

Otras oficialas también tienen sus versículos bíblicos de los que dependen cuando se sienten desorientadas con un nuevo e inesperado nombramiento. El de Wood dice así: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Y el versículo favorito de Lloyd es Efesios 3:20: “Al que puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, o por el poder que obra eficazmente en nosotros”.

“Y ha sido verdad que Dios ha hecho mucho más de lo que jamás pudimos habernos imaginado”, dice Lloyd a propósito de sus frecuentes traslados. “Es como representamos nuestro ministerio. Algunos lugares, jamás los hubiésemos escogido, pero Dios hizo grandes cosas también ahí. No lo hubiésemos podido anticipar nosotras mismas, pero nos sentimos felices de que Dios lo hiciera”.

Vecinos nuevos, amigos para siempre

Muchas veces, cuando los oficiales son trasladados, se sienten tentados a aislarse debido al dolor que les produce decir adiós a los amigos que se han hecho tras algunos años. Pero hacer un hogar de un nuevo lugar también significa estar dispuesta a forjar relaciones con los vecinos, sostiene Lloyd. En un caso en particular, cuando su familia se mudó de Ohio a Nueva York, los vecinos del otro lado de la calle se habían vuelto amigos tan íntimos que poco tiempo después llevaron a sus hijos de visita a Nueva York para reencontrarse.

Esa vecina también le enseñó a Lloyd una lección muy profunda al momento de despedirse.

“Ella me dijo entre lágrimas: ‘De esto mismo nos habla la Biblia: Este mundo no es nuestro hogar. Esto es un viaje’. Esas palabras calaron muy hondo en mí. Ella lo había entendido perfectamente bien. Ella comprendió el sentido de nuestro ministerio en el Ejército de Salvación”, comenta Lloyd.

“Todavía guardo esas palabras en mi corazón. Cuando nos despedimos, puedo recordarlo claramente, no se trata sólo de ese lugar en particular. Siempre miramos hacia las cosas más grandes y mejores que nos depara el futuro. A menudo les recuerdo a mis hijos: ‘Si no nos hubiésemos mudado a este lugar, no conocerían a los nuevos amigos que tienen. Tu grupo de amigos es ahora mucho más numeroso y variado. No habrían querido perderse la oportunidad de conocer a todas esas personas. Es difícil cuando llega el momento del traslado, pero saber esto lo pone todo en perspectiva”.

por Heidi Lynn Russell

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