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Alguien toca a la puerta

knock-at-the-DoorUna fría semana de invierno, un maltratado árbol navideño plateado yacía desnudo en la basura. La mayor parte de sus ramas estaban intactas, así como también un juego de luces que alguna vez había iluminado al árbol con sus colores rojo, amarillo azul y verde. Siete niños lo encontraron y decidieron arrastrarlo hasta su casa.

Su “casa” era la sala de estar en el primer piso de una residencia de cuatro habitaciones. Los hermanos trabajaron juntos para recomponer el árbol. Uno de ellos halló un bombillo eléctrico y pensó: “Cuando tengamos electricidad esto se verá bonito en el árbol”. La familia completa se acurrucó en torno a un viejo y chirriante calentador a kerosene, ya que este no podía mantener el calor más que en una sola habitación. Su papá también se acercó al calentador, esperanzado con que un día lograría conseguir un trabajo y ayudar a su familia a sobrevivir esos difíciles momentos.

Cuando llegó la víspera de Navidad, había gran cantidad de nieve en el suelo y la temperatura exterior era gélida. En el rincón de la sala se encontraba el viejo árbol plateado de Navidad, decorado ahora con papeles de colores, guirnaldas y ornamentos hechos a mano. Pero el piso debajo permanecía vacío.

A eso de las 4 de la tarde, mientras el sol se ponía —y el cielo se nublaba por completo— todo indicaba que el espíritu de esa familia no iba a hacer otra cosa que desfallecer.

Y entonces alguien tocó a la puerta. Uno de los niños más pequeños la abrió y se sorprendió al ver al Capitán Peter Stritzinger, pastor (oficial directivo) del Cuerpo (iglesia) del Ejército de Salvación que quedaba a unas cuadras de ahí y en el que se solía ver a muchos niños que lo frecuentaban.

El Capitán Stritzinger permaneció de pie en el umbral y extendió al niño una enorme bolsa negra de plástico llena de regalos envueltos en papeles de colores que sobresalían. Con aquel tesoro en sus manos, irrumpió en la sala pronunciando un sonoro “¡Feliz Navidad!”

Y de inmediato regresó a su camioneta. Los niños lo acompañaron y lo ayudaron a descargar aun más bolsas llenas de regalos y cajas con  alimentos, incluyendo el pavo más grande que jamás habían visto.

El pequeño miró el enorme pavo y preguntó: “¿Cómo se va a cocinar eso en una pequeña estufa?” Al ver el milagro que estaba ocurriendo, su mamá se sentó y estalló en llanto.

Al cabo de una hora, se activó la electricidad. El juego de luces iluminó al árbol con todo su colorido rojo, luego amarillo, después azul y finalmente verde. También iluminó los regalos. Estos formaban un montón tan alto, que el árbol parecía chico.

Momentos más tarde, un hombre llegó en un camión cargado de kerosene. Lo estacionó delante de la casa y llenó el viejo tanque. Pronto, el calentador empezó a rugir de nuevo.

Esa mañana de Navidad, los niños despertaron en sus camas. El aire estaba lleno del aroma del pavo que se estaba cocinando en el horno. Y todos en la familia pudieron disfrutar de una Navidad que recordarían para siempre.

Hasta este día, sigo preguntándome cómo fue que el Ejército de Salvación pudo enterarse de lo difícil que esa temporada había sido para nuestra familia, una que era demasiado orgullosa para pedir ayuda. Pero me alegra que alguien les haya hablado de una “familia necesitada”.

Estos últimos 17 años, he estado casado y he tenido mis propios hijos, los que he criado con mi esposa en Springfield, Ohio. Y, todos los años, mientras ellos iban creciendo, cargábamos la camioneta con regalos, incluyendo una cena de Navidad, y salíamos a repartir todo eso a una familia que habíamos “adoptado” para esa temporada.

Cada año, en mi casa, los niños volvían a escuchar la historia de cómo el Capitán Peter Stritzinger* llevó la Navidad a la familia Gingrich.

*El Mayor Peter Stritzinger fue promovido a la Gloria en 2013. 
El Mayor James Gingrich es oficial directivo en East Stroudsburg, Pensilvania.

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