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Al aire libre

Es una escena pública normal: gente uniformada debidamente en formación, bandera, bronces, tambores, niños, un hombre y un perro.

Evoca nostalgia, sometimiento y perplejidad.

Al principio, por cierto, el espíritu que movía a los salvacionistas era intenso, militante, heroico. No era para timoratos, pues los insultaban, los golpeaban y hasta los martirizaban. Además, era una lucha judicial por el derecho de proclamar la fe en la vía pública. Un prominente derecho conquistado.

El precedente bíblico tiene pedigrí: Esdras en la plaza, Jonás en las calles, Jesús en la montaña y Pablo en el Areópago.

La historia de la iglesia no es menos audaz. Basta pensar en el ruidoso George Whitefield predicando al aire libre y en el infatigable John Wesley sobre la tumba de su padre. William Booth daba crédito a las campañas al aire libre como decisivas en los inicios del Ejército de Salvación; literalmente aparte de la famosa taberna Blind Beggar.

¿Y qué en nuestros días, con las cada vez más restrictivas regulaciones legales, la aparente indiferencia pública y las despectivas caricaturas de los que predican en las calles?  ¿Qué estrategia contemporánea de evangelismo al aire libre podemos usar con nuestra generación?

El teatro y la danza en las calles, los sistemas de amplificación de sonido  en los espacios abiertos, las estaciones de oración, las grandes bandas musicales y mucho más está a la espera de ser desplegado para movilizar a  todo el mundo. El muelle de Old Orchard Beach, los villancicos navideños en el centro de Sydney y la comitiva de la banda del Regent Hall todavía palpitan en Londres con la adrenalina del aire libre.

Karl Barth dijo que “cuando una iglesia deja de evangelizar se empieza a oler lo ‘sacro’, a representar el papel de sacerdote y a mascullar palabras”.

¿Tienes una voz que proclame al aire libre?

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